Nuestro error fue sentir

Capitulo 2 reglas peligrosas

Valentina no dejó de pensar en Alessandro durante toda la noche.

Y eso la irritaba.

Estaba acostumbrada a que los hombres intentaran impresionarla, coquetearle o incluso temerle. Pero Alessandro De Luca había actuado como si ella simplemente fuera otra reunión de negocios.

Frío.
Controlado.
Imposible de leer.

Exactamente como ella.

Valentina salió del hotel después de la cena sin despedirse. Necesitaba aire antes de terminar lanzándole la copa de vino en la cara.

Subió a su auto y apenas cerró la puerta soltó un suspiro pesado.

—No enamorarnos —murmuró con ironía—. Como si eso fuera un riesgo.

Pero en el fondo sabía que Alessandro era peligroso.

No por su dinero.
Ni por su apellido.

Sino por la manera en que la miraba.

Como si pudiera verla más allá de la máscara.

---

A la mañana siguiente, Valentina llegó a la empresa Rossi Corporation usando un traje blanco impecable y tacones negros.

Todos se apartaban a su paso.

Secretarias. Empleados. Inversionistas.

Ella caminaba con esa seguridad fría que hacía pensar que nada podía afectarla.

Hasta que abrió la puerta de su oficina.

Y lo encontró sentado en su sofá.

Alessandro levantó la mirada lentamente mientras sostenía una taza de café.

—Llegas tarde.

Valentina cerró la puerta con fuerza.

—¿Quién te dejó entrar?

—Tu secretaria.

—Está despedida.

Eso hizo que Alessandro sonriera apenas.

Dios.
Incluso su sonrisa era arrogante.

—Tenemos que hablar del contrato —dijo él dejando la taza sobre la mesa.

Valentina dejó su bolso a un lado.

—Habla rápido.

Alessandro sacó unos documentos.

—Duración del matrimonio: dos años.

—Demasiado tiempo.

—Eventos públicos obligatorios.

—Molesto.

—Convivencia parcial para mantener las apariencias.

Ella levantó la mirada de inmediato.

—¿Perdón?

—La prensa debe creer que somos una pareja real.

Valentina soltó una risa seca.

—Ni siquiera soportamos estar en la misma habitación.

—Eso puede solucionarse.

Ella entrecerró los ojos.

—No coquetees conmigo, De Luca.

—No estaba coqueteando.

Mentira.

Y ambos lo sabían.

El silencio entre ellos empezó a sentirse extraño.

Pesado.

Peligrosamente intenso.

Valentina se acercó lentamente al escritorio hasta quedar frente a él.

—Escúchame bien —dijo en voz baja—. No me interesa tu dinero, tu apellido ni tu ego.

Alessandro se puso de pie.

Ahora estaban demasiado cerca.

—Perfecto —respondió él sin apartar la mirada—. Porque a mí tampoco me interesa enamorarme de ti.

El corazón de Valentina dio un pequeño salto traicionero.

Y eso la enfureció.

—Entonces esto será fácil.

—Eso espero.

Pero Alessandro no se movió.

Y ella tampoco.

La tensión entre ambos era tan fuerte que casi podía sentirse en el aire.

Hasta que alguien abrió la puerta sin tocar.

—Señorita Rossi, la reunión con los inversionistas…

La asistente se quedó congelada al verlos tan cerca.

Valentina se apartó de inmediato.

—¿Qué pasa?

—La prensa está afuera.

Alessandro acomodó su reloj con tranquilidad.

—Perfecto.

Valentina frunció el ceño.

—¿Perfecto?

Él la miró directamente.

—Es hora de empezar a fingir, esposa.




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