Nuestro error fue sentir

Capitulo 3 fingiendo amor

Los flashes comenzaron a iluminar el lobby del edificio apenas Valentina y Alessandro salieron juntos.

Periodistas.
Cámaras.
Preguntas por todas partes.

—¡Señorita Rossi!
—¡Alessandro!
—¿Es verdad el compromiso?
—¿Desde cuándo están juntos?

Valentina odiaba la prensa.

Odiaba las sonrisas falsas.
Las apariencias.
Y especialmente odiaba tener que fingir.

Pero Alessandro parecía completamente tranquilo.

Como si hubiera nacido para controlar el caos.

Él acercó una mano a la cintura de Valentina y la atrajo suavemente hacia él.

Ese simple contacto hizo que ella tensara el cuerpo.

—Sonríe —murmuró él cerca de su oído.

El corazón de Valentina se aceleró de manera ridícula.

—No me des órdenes.

—Entonces sigue mirándome así y creerán que quieres matarme.

—Tal vez quiero hacerlo.

Alessandro soltó una pequeña risa.

Y eso la desconcentró.

Porque era la primera vez que lo veía relajarse un poco.

Los periodistas seguían tomando fotos mientras ambos caminaban hacia la salida principal.

—¿Habrá boda? —gritó alguien.

Alessandro miró a Valentina por unos segundos antes de responder:

—Sí.

Ella giró la cabeza rápidamente hacia él.

¿Sí?

Ni siquiera habían hablado de eso.

Pero Alessandro mantuvo la calma absoluta.

—La fecha será anunciada pronto.

Los flashes empeoraron.

Valentina quería asesinarlo.

Apenas lograron entrar al auto, ella explotó.

—¿Qué demonios fue eso?

Alessandro cerró la puerta con tranquilidad.

—Control de daños.

—¡Acabas de anunciar una boda frente a millones de personas!

—Era inevitable.

Valentina cruzó los brazos.

—Te encanta controlar todo, ¿verdad?

—Y a ti te molesta perder el control.

Eso la dejó callada un segundo.

Lo peor era que tenía razón.

El auto avanzó por las calles iluminadas de la ciudad mientras el silencio entre ellos se volvía cada vez más incómodo.

Hasta que Alessandro habló otra vez.

—Esta noche hay una cena familiar.

Valentina lo miró con cansancio.

—No sobrevivo otra reunión contigo.

—Tendrás que hacerlo, esposa.

Ella apretó la mandíbula.

—Deja de llamarme así.

—¿Por qué? ¿Te pone nerviosa?

Valentina soltó una risa incrédula.

—Tú no me pones nerviosa.

Alessandro la observó fijamente unos segundos.

Demasiados segundos.

—Entonces mírame y repítelo.

El aire dentro del auto cambió.

Más pesado.
Más caliente.

Valentina sostuvo su mirada intentando no quebrarse.

Pero Alessandro tenía unos ojos peligrosos.

Fríos por fuera… y aun así capaces de quemarla por dentro.

—No me intimidas —susurró ella.

Él se inclinó apenas hacia adelante.

—Eso no es lo que veo.

El conductor aclaró la garganta incómodamente desde adelante.

Valentina apartó la mirada de inmediato.

Maldito Alessandro De Luca.

---

La mansión De Luca era enorme, elegante y sofocante.

Todo allí gritaba dinero.

Cuando entraron, varias personas comenzaron a observarlos de inmediato.

La madre de Alessandro fue la primera en acercarse.

—Así que tú eres Valentina Rossi.

La mujer la analizó de arriba abajo con una sonrisa elegante.

—Mucho más hermosa de lo que imaginaba.

—Gracias —respondió Valentina con educación fría.

—Y también parece igual de peligrosa —añadió ella divertida.

Alessandro tomó una copa de whisky.

—Lo es.

Valentina lo fulminó con la mirada.

Entonces apareció una mujer rubia abrazando el brazo de Alessandro con demasiada confianza.

—Alessandro, no sabía que llegarías tan tarde…

La mujer se detuvo al ver a Valentina.

Y algo en su expresión cambió.

Celos.

Interés.

Molestia.

—¿Quién es ella? —preguntó con una sonrisa falsa.

Valentina iba a responder, pero Alessandro habló primero.

—Mi prometida.

El silencio fue inmediato.

Y aunque Valentina sabía que todo era falso…

No pudo evitar sentir algo extraño al escuchar esa palabra.




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