Nuestro error fue sentir

Capitulo 4 celos inesperados

La mujer rubia seguía aferrada al brazo de Alessandro mientras observaba a Valentina con una sonrisa claramente fingida.

—¿Prometida? —preguntó intentando sonar tranquila—. Qué sorpresa.

Alessandro ni siquiera se molestó en apartarla.

—Lucía, ella es Valentina Rossi.

Valentina extendió la mano con elegancia.

—Un gusto.

Lucía apenas tocó sus dedos.

—He escuchado mucho sobre ti.

—Espero que nada bueno.

Eso hizo que Alessandro escondiera una pequeña sonrisa detrás de su copa.

Lucía lo notó.

Y también notó cómo Alessandro miraba a Valentina.

Demasiado atento.
Demasiado interesado.

—Bueno —dijo Lucía acercándose más a él—, pensé que esta noche cenaríamos juntos como siempre.

Valentina arqueó una ceja.

Ah.

Así que ella era “algo” de Alessandro.

Interesante.

Pero lo que realmente la molestó… fue sentir un pequeño ardor incómodo en el pecho.

Celos.

Ridículo.

Ella no podía sentir celos de un hombre con quien tenía un contrato.

¿Verdad?

Alessandro apartó lentamente el brazo de Lucía.

—Eso era antes.

La sonrisa de la mujer se tensó.

—Entiendo.

No, claramente no entendía.

Y Valentina tampoco entendía por qué aquello le estaba afectando.

—Voy por una bebida —dijo ella alejándose antes de seguir pensando tonterías.

Necesitaba controlarse.

Mientras caminaba hacia el bar de la mansión, varias personas comenzaron a mirarla.

La famosa Valentina Rossi.

Hermosa. Millonaria. Fría.

Y ahora prometida de Alessandro De Luca.

—Debes estar disfrutando esto.

Valentina giró el rostro al escuchar aquella voz.

Alessandro estaba detrás de ella.

Impecable.
Intimidante.
Peligrosamente atractivo.

—¿Disfrutar qué?

—Los celos de Lucía.

Valentina soltó una pequeña risa incrédula.

—¿Celos? No me interesa tu vida amorosa.

Alessandro se acercó lentamente.

—Entonces ¿por qué huiste?

Ella tomó una copa de champagne sin apartar la mirada.

—Porque no soporto a las personas intensas.

—Y aun así sigues aquí conmigo.

Maldito hombre.

Siempre tenía una respuesta para todo.

Valentina bebió un poco intentando ignorar la tensión entre ambos.

Pero Alessandro seguía demasiado cerca.

Podía sentir su perfume.
Su respiración.
Su presencia.

Y eso empezaba a afectarla más de lo que quería admitir.

—Hay otra regla que olvidé mencionar —dijo él de pronto.

—¿Otra?

—Nada de terceros.

Ella frunció el ceño.

—¿Perdón?

—Mientras dure el contrato, no quiero escándalos de citas o romances.

Valentina cruzó los brazos.

—¿Me estás prohibiendo salir con alguien?

—Estoy protegiendo nuestra imagen.

—Claro.

Alessandro inclinó apenas la cabeza.

—Aunque tampoco me agradaría ver a otro hombre tocándote.

El corazón de Valentina dio un golpe fuerte.

Silencio.

Pesado.
Peligroso.

Ella dejó lentamente la copa sobre la mesa.

—Eso sonó personal.

Los ojos grises de Alessandro bajaron un segundo hacia sus labios antes de volver a mirarla.

—Tal vez lo fue.

Antes de que Valentina pudiera responder, un hombre se acercó sonriendo.

—Valentina Rossi… por fin te conozco.

Era alto, elegante y claramente atractivo.

El desconocido tomó la mano de Valentina y besó suavemente sus nudillos.

—Soy Adrián Belmonte.

Valentina sonrió por educación.

Pero Alessandro dejó de verse tranquilo inmediatamente.

Y ella lo notó.

Oh.

Así que el señor “frío e indiferente” también podía ponerse celoso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.