—¿Vas a ir con ella?
Valentina hizo la pregunta antes de poder detenerse.
Alessandro levantó la mirada lentamente.
Y entonces lo notó.
Esa expresión fría otra vez.
La misma que usaba cuando quería ocultar lo que sentía.
—Sí —respondió él tomando las llaves del auto.
Valentina cruzó los brazos intentando verse indiferente.
—Claro. Es importante para ti.
Alessandro entrecerró los ojos.
—¿Eso te molesta?
—Para nada.
Mentira.
Y ambos lo sabían.
El silencio se volvió incómodo mientras Alessandro se acercaba lentamente hacia ella.
—Valentina…
—Ve con ella —lo interrumpió—. No tienes que explicarme nada. Esto sigue siendo un contrato.
Esas palabras sonaron más frías de lo que realmente quería.
Pero Alessandro no respondió de inmediato.
Solo la observó.
Como si estuviera intentando entender algo.
—Correcto —dijo finalmente.
Y eso le dolió más de lo esperado.
Alessandro salió del penthouse dejando a Valentina completamente sola.
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Dos horas después, Valentina seguía intentando trabajar desde su laptop.
Intentando.
Porque no podía concentrarse.
Cada cinco minutos miraba el teléfono sin razón.
Ridículo.
Ella jamás había esperado mensajes de nadie.
Pero Alessandro estaba empezando a alterar toda su tranquilidad.
Molesta, cerró la computadora de golpe.
—¿Qué demonios me pasa?
Entonces sonó el timbre.
Valentina abrió la puerta pensando que sería Alessandro.
Pero no era él.
Era Adrián Belmonte.
Con flores.
—Supuse que necesitarías compañía —dijo sonriendo.
Valentina arqueó una ceja.
—¿Siempre apareces sin avisar?
—Solo cuando vale la pena.
Ella dudó unos segundos antes de dejarlo pasar.
Tal vez distraerse sería buena idea.
Adrián era agradable.
Divertido.
Y claramente interesado en ella.
Todo lo contrario a Alessandro.
—Bonito lugar —comentó Adrián mirando el penthouse—. Aunque tiene demasiada energía de empresario frío.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Créeme, lo tiene.
Pasaron varios minutos hablando mientras Adrián intentaba hacerla sonreír.
Y funcionaba un poco.
Hasta que la puerta principal se abrió de repente.
Alessandro había regresado.
Y no estaba solo.
Lucía venía tomada de su brazo.
Pero lo peor no fue eso.
Lo peor fue la manera en que Alessandro se quedó inmóvil al ver a Adrián sentado junto a Valentina.
El ambiente cambió inmediatamente.
Frío.
Pesado.
Peligroso.
Lucía sonrió con malicia al notar la tensión.
—Oh… parece que interrumpimos algo.
Adrián se puso de pie tranquilamente.
—Buenas noches.
Pero Alessandro ni siquiera lo miró.
Sus ojos estaban clavados únicamente en Valentina.
Y ella pudo verlo claramente.
Celos.
Celos reales.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó Alessandro con voz peligrosamente calmada.
Valentina levantó el rostro desafiante.
—Lo mismo podría preguntarte sobre ella.
Editado: 22.06.2026