El silencio dentro del penthouse era sofocante.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Pero la tensión entre Alessandro y Valentina era tan intensa que parecía llenar toda la habitación.
—Lo mismo podría preguntarte sobre ella —repitió Valentina sin apartar la mirada.
Lucía sonrió con falsa inocencia mientras seguía aferrada al brazo de Alessandro.
—Alessandro solo me estaba ayudando. Después del accidente no quería estar sola.
Valentina sintió algo incómodo apretarle el pecho.
Y odiaba sentir eso.
Porque no tenía derecho a molestarse.
Era un contrato.
Nada más.
Adrián, completamente tranquilo, tomó su chaqueta del sofá.
—Creo que este no es el mejor momento para visitas.
Pero Alessandro seguía ignorándolo.
Sus ojos grises estaban clavados únicamente en Valentina.
—¿Desde cuándo recibes hombres en nuestra casa?
Nuestra casa.
La manera en que lo dijo hizo que algo en ella se alterara.
—Desde que tú traes mujeres aquí.
Lucía frunció el ceño inmediatamente.
—Yo no soy cualquier mujer.
—Nunca dije que lo fueras —respondió Valentina con frialdad.
Alessandro soltó una pequeña risa sin humor.
—¿Intentas darme celos?
Valentina dio un paso hacia él.
—¿Y tú? ¿Trajiste a Lucía para hacer exactamente lo mismo?
El ambiente se volvió aún más pesado.
Adrián observó la escena divertido.
Lucía claramente estaba furiosa.
Y Alessandro…
Alessandro parecía peligrosamente afectado.
—Tal vez deberíamos calmarnos —intervino Adrián.
—No te metas —dijeron Alessandro y Valentina al mismo tiempo.
Eso provocó un silencio incómodo.
Porque ambos acababan de actuar como una pareja real.
Lucía fue la primera en notarlo.
Y no le gustó nada.
—Entiendo —dijo tomando su bolso—. Creo que sobra gente aquí.
Alessandro finalmente apartó la mirada de Valentina para mirar a Lucía.
—Te llamaré luego.
Ella sonrió apenas antes de irse.
Pero cuando pasó junto a Valentina, murmuró en voz baja:
—Ten cuidado. Alessandro nunca entrega el corazón de verdad.
Valentina no respondió.
Porque lo peor era que empezaba a querer descubrir si eso era mentira.
La puerta se cerró.
Y ahora solo quedaban ellos tres.
Adrián acomodó su reloj tranquilamente.
—Bueno… claramente estoy interrumpiendo algo intenso.
—Sí —respondió Alessandro sin dudar.
Valentina lo fulminó con la mirada.
—No estás ayudando.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Tranquila, Rossi. Ya entendí.
Tomó suavemente la mano de Valentina y besó sus nudillos antes de marcharse.
Pero ese pequeño gesto fue suficiente.
Porque Alessandro perdió completamente la calma.
Apenas la puerta se cerró, caminó directamente hacia Valentina.
—¿Te gusta provocarme?
Ella levantó el rostro desafiante.
—¿Te gusta actuar como si fueras mi dueño?
—Mientras dure este contrato, eres mi esposa.
—Falsa esposa.
—Eso no cambia cómo me siento al ver a otro hombre tocándote.
El corazón de Valentina se detuvo un segundo.
Silencio.
Pesado.
Caliente.
Peligroso.
—¿Y cómo te sientes? —preguntó ella en voz baja.
Alessandro quedó tan cerca que ella podía sentir su respiración.
—Furioso.
Valentina tragó saliva lentamente.
Porque por primera vez…
Alessandro De Luca estaba dejando caer la máscara.
Editado: 06.07.2026