Valentina no pudo dormir esa noche.
La fotografía seguía sobre la mesa de su habitación.
Ella y Alessandro.
Dentro del penthouse.
Observados sin saberlo.
Cada vez que miraba la imagen, un escalofrío recorría su cuerpo.
Porque eso significaba que alguien había estado cerca.
Demasiado cerca.
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A las dos de la madrugada, Valentina salió de su habitación buscando agua.
El penthouse estaba oscuro y silencioso.
Pero cuando llegó a la cocina, se detuvo.
Alessandro estaba allí.
Sin chaqueta.
Cabello ligeramente desordenado.
Una copa de whisky en la mano.
Y aunque intentaba aparentar tranquilidad…
Ella notó inmediatamente que algo estaba mal.
—Tú tampoco puedes dormir —murmuró Valentina.
Alessandro levantó la mirada lentamente.
—No me gusta no saber quién nos está vigilando.
“Nos.”
Otra vez esa palabra.
Valentina tomó un vaso de agua intentando ignorar el extraño calor que eso provocaba en ella.
—Tal vez deberíamos llamar a la policía.
Alessandro negó con la cabeza.
—Si esto sale a la prensa, empeorará todo.
Ella apoyó las manos sobre la cocina de mármol.
—Entonces ¿qué hacemos?
Alessandro guardó silencio unos segundos antes de responder:
—No quiero que estés sola.
El corazón de Valentina se aceleró apenas.
—Puedo cuidarme.
—Lo sé.
Él caminó lentamente hacia ella.
—Pero igual me preocupa.
Eso la dejó completamente quieta.
Porque Alessandro jamás decía cosas sin pensarlas.
Y la manera en que la estaba mirando…
Era demasiado sincera.
Valentina intentó desviar la conversación.
—No pensé que fueras del tipo protector.
Alessandro soltó una pequeña risa seca.
—No lo soy.
—Entonces ¿por qué actúas así conmigo?
Silencio.
Demasiado largo.
Los ojos grises de Alessandro bajaron lentamente hacia sus labios antes de volver a mirarla.
—Empiezo a hacer cosas que no entiendo desde que apareciste.
El aire se volvió pesado inmediatamente.
Valentina tragó saliva lentamente.
Porque ella también estaba cambiando.
Y eso la aterraba.
Antes de que pudiera responder, las luces del penthouse se apagaron de golpe.
Todo quedó completamente oscuro.
Valentina soltó un pequeño sobresalto.
—¿Qué pasó?
Alessandro reaccionó inmediatamente acercándose a ella.
—Quédate detrás de mí.
El corazón de Valentina empezó a latir rápido.
El silencio del lugar ahora parecía aterrador.
Entonces escucharon un ruido.
Algo cayó en el pasillo.
Alessandro endureció la mirada.
—No te muevas.
Pero Valentina apenas alcanzó a respirar cuando alguien golpeó violentamente la puerta principal.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y luego…
Una voz masculina habló desde afuera:
—Sé que están ahí.
Editado: 06.07.2026