Después de clases salí con Emma y Nicolás, no sin antes despedirme de Ciro. Él estaba ocupado ya que se fue con Ana. No pensé que fuera nada relevante la verdad... hasta que mientras nos íbamos alejando los vi caminando juntos.
Ciro molestaba a Ana de la misma manera que a mí. Le revoloteaba el cabello, le sonreía con esa amabilidad. Eso me hizo pensar que tal vez yo estaba alucinando que quizá solo me había imaginado que el era diferente conmigo. Eso me dio una sensación rara, calma mezclada con algo que no sabría decirte que.
—¿En qué piensas, Leo? —preguntó Nicolás preocupado.
Eso me hizo reaccionar de golpe, negando con la cabeza.
—En nada... —mentí obviamente— Solo pensaba que el proyecto de este mes va a ser muy complicado.
—¿Seguro que era eso? —dijo Emma— Porque en clases ni siquiera estabas escuchando de qué va, por andar jugando con tu novio.
Lo dijo con tanta naturalidad que me puse a la defensiva al instante.
—Ya basta, el y yo solo somos amigos y NADA más —respondí tal vez demasiado rápido.
Ellos se miraron y se rieron en silencio. Genial Sospechas confirmadas".
En fin, me explicaron el proyecto completo. Fue larguísimo. Yo como siempre, lo postergué porque pensé que me iba a alcanzar el tiempo. Ciro por su parte, estuvo súper aplicado: terminó el proyecto una semana antes de la entrega. Yo lo empecé... una semana antes de la entrega.
He ahí la diferencia entre un alumno ejemplar y yo.
Aun así, lo logré acabar casi con las justas. ¿Qué puedo decir? Me enorgullezco de mi gran talento para no hacer una tarea en tres días, pero sí terminar dos infografías mientras voy parado en el autobús como idiota, rezando para no caerme.
Pasé toda la semana sobreviviendo a base de café. Literalmente vertía agua caliente en tarros enteros llenos de café por que lo vi en TikTok. Terminé tres horas antes de tomar el autobús, así que decidí dormir dos horas. Buenísima decisión... excepto porque terminé durmiendo cinco.
Cuando desperté ya iba demasiado tarde, no iba a llegar ni de chiste. Así que desperté a mi prima, le rogué que me llevara en su moto, yo era el único rarito de entre todas las motos geniales debido a que mi prima me dio uno de esos cascos con orejas de gato y ahora le debo veinte dólares y mi dignidad.
Al llegar, todos me miraron. Entré casi corriendo, resbalé con una baldosa y que me caigo de espaldas frente a todo el salón. Como pude me levanté fingiendo que nada había pasado y me senté junto a un chico que jamás había visto en mi vida.
Cosas de llegar tarde.
El chico parecía estarse riendo y yo tenía tanta vergüenza que me tapé la cara por puro reflejo, como si eso pudiera borrar el tremendo espectáculo que me acababa de dar. Empecé a sacar mis cuadernos y, por el apuro, me di cuenta de que no había traído la cartuchera.
Genial, el universo había decidido traerme el karma de ese día cuando yo era pequeño en el que le rompí un juguete en la cabeza de otro niño por que me caía mal.
Busqué con la mirada a Emma y a Ana, pero estaban demasiado lejos como para salvarme y Ciro no estaba. Consideré seriamente rendirme y escribir los apuntes en mi cabeza, confiando en mi memoria —eso jamás me sale bien— cuando de repente el chico que jamás había visto se inclinó un poco y me ofreció su bolígrafo.
—Vaya caída —dijo sonriendo pero con mucha dulzura en vez de burla— Soy Gael, ¿y tú? -dijo así sin más.
—Gracias... yo... soy Leo —respondí— Un gusto conocerte Gael.
Mi nerviosismo era tan evidente que ni intenté disimularlo. Gael lo notó de inmediato y se rio un poco más.
Hasta que entonces, la puerta del aula se abrió.
Entró Ciro.
Al parecer había ido al baño pero claro justo ese día la puerta que siempre se traba decidió no trabarse. Ciro nos miró sin decir nada. Abrió la boca, como si fuera a decir algo pero se detuvo.
Pasó junto a mi asiento y me susurró:
—Hablemos después de esta clase.
Y se sentó.
Yo me quedé quieto pensando
¿Qué vas a decirme?