Esa clase me la pasé inquieto, pensando en qué iba a decirme Ciro. Mis pensamientos fueron interrumpidos por Gael.
—¿En qué piensas? —dijo recostándose en la mesa sin dejar de verme, con un brillo en sus ojos verdes y esa forma extraña de hacer sentir a los demás como en casa.
—En nada la verdad —respondí sin estar muy seguro de mí mismo, porque ni yo sabía en qué estaba pensando.
—Te veo muy pensativo —dijo con una sonrisa todavía en la cara, de esas que te hacen sentir a salvo aunque no tengas idea del por qué.
—Es que... tengo un poco de sueño —inventé lo primero que se me cruzó por la cabeza.
—Mmm... —murmuró— recuéstate en la mesa un rato, así como estoy yo.
Yo solo asentí. Apenas apoyé la cabeza, sentí algo sobre mi espalda. Abrí un poco los ojos y vi que Gael me acomodaba su saco como si fuera una manta y con toda la confianza del mundo, me tapó los ojos con la mano.
—Duérmete —ordenó, cerrándomelos suavemente.
Al inicio pensé en fingir que dormía, pero... Me dormí de verdad.
Cuando desperté, vi a alguien recostado a mi lado sobre la mesa. Era Gael, y con una sonrisa que hacía resaltar su rostro con gentileza dijo:
—Ya despertaste, dormilón. Se acabó la clase... duermes mucho ¿sabías?
Desperté como pude y al verlo, solo pensé una cosa:
No tomé apuntes de la clase de hoy.
El pánico fue inmediato y Gael lo notó.
—¿Qué pasa? Te veo preocupado —dijo— ¿Te dio sueño de nuevo?
—No, es que... —me detuve sin saber si seguir.
—Es que... —repitió él, esperando con paciencia infinita.
—No tomé apuntes de esta clase... ¿será que tú... podrías pasarme los apuntes? —pregunté con muchísima pena.
—Claro —respondió— pero a cambio...Dame tu número. Solo así te paso los apuntes.
—¿Es en serio? —lo miré fijamente, pero él parecía serio.
No me quedó de otra. Se lo di. Además, no podía pedírselos a Ana o a Emma ,ellas jamás copian nada, viven de milagro y aún así sacan mejores notas que yo.
—Va, hoy en la noche te escribo y te los paso —dijo mirándome con ánimo.
—Oye, ¿hace cuánto se acabó la clase? —pregunté, recordando que había quedado de hablar con Ciro.
—Si ,hace como unos treinta minutos —dijo con una sonrisa dulce.
Treinta minutos.
—¡Hasta más tarde Gael! —salí corriendo a buscar a Ciro.
Lo encontré sentado con dos helados de vasito completamente derretidos. Llegué tan rápido que casi me resbalo en frente de el.
—¡Ciro, perdóname! Llegué tarde, en serio perdón —dije con velocidad
—Te estaba esperando... ¿pasó algo? —dijo mirándome.
En sus ojos vi un poco de tristeza cuando escondió uno de los helados detrás de él. Ese gesto me hizo sentir horrible, así que tomé el vasito derretido y me lo bebí sin pensarlo.
—Gracias —dije sonriéndole.
Pareció sorprendido pero enseguida su expresión se suavizó.
—De nada —respondió con una voz extrañamente suave.
Me limpié la boca con la servilleta y recordé algo.
—Por cierto... ¿Qué ibas a decirme?
Ciro se puso rojo y negó con la cabeza.
—Nada... fue por impulso. Solo quería verte —dijo.
La excusa no me convenció mucho, pero decidí no insistir. Tarde o temprano lo sabría.
—Por cierto —dijo tocándose el cuello con nervios— cerca de aquí hay una feria... ¿quieres ir conmigo mañana?
—Claro, vamos mañana —respondí sonriéndole.
Su rostro se iluminó de inmediato.
—Genial, te espero mañana en la entrada de tu casa.
Iba a decirle que no hacía falta, pero se veía tan ilusionado que no quise arruinarle la ilusión.
Me acompañó hasta la entrada de mi departamento y sin más me dio un abrazo rápido antes de irse.
Al entrar, vi que Gael me había escrito:
-Hola, Leo. Aquí te mando los apuntes. TQM, descansaaaa 😴
—Thanks —le escribí— Descansa tú también.
Copié los apuntes, me lavé los dientes, vi videos y me recosté a dormir, no sin antes pensar en la reunión que iba a tener mañana con Ciro.
Yo... estaba... ¿emocionado?