Por la mañana me levanté y, como todas mis mañanas, me bañé y comí. Nada relevante.
A las 9 a. m en punto alguien tocó mi puerta. Abrí y era Ciro. Yo había olvidado por completo que iba a verme con él, así que al verlo me espanté y como seguía en pijama, le cerré la puerta en la cara y salí corriendo a cambiarme. Volví a salir en menos de cinco minutos y él seguía ahí. Al verme sus ojos se iluminaron.
—Hasta que sales, ¿Listo para ir conmigo? —dijo con gentileza.
—Claro, vamos —respondí con un nervios y una emoción que no pude evitar demostrar ante la idea de pasar tiempo con Ciro.
Fuimos juntos y él puso su brazo alrededor de mi cuello mientras me sonreía. Yo me sentí que el calor recorría mi cara al instante. Me llevó a su lado y hablaba conmigo de cualquier cosa, pero yo apenas podía escucharlo; estaba tan distraído viéndolo a el.
Al llegar, nos subimos a la montaña rusa y adivinen quién casi vomita su desayuno. Exacto… Ciro.
Se vio tan tierno jajaja.
Después fuimos a la casa del terror y apenas vi una araña me asusté tanto que terminé lanzándosela a Ciro en la cara. Fue la primera vez en mi vida que fui a una feria y me sentía increíblemente feliz de que fuera con el.
—Gracias por traerme —le dije mientras lo miraba y le sonreía.
Él respondió alborotándome el cabello y se fue caminando, probablemente esperando que lo siguiera. Y así fue, lo seguí y vimos unos juegos acuáticos.
—Metámonos —dijo Ciro, mirándome con esos ojos que siempre me hacían sentir raro.
Yo simplemente asentí. Después de eso tomó mi mano y me llevó corriendo. Al instante frené porque no quería mojarme, pero al verlo sonrió con burla, aunque conmovido a la vez.
—¿Te da miedo Leo? —me preguntó.
—No, para nada, solo no me quiero mojar —dije, pensando que lo entendería y nos iríamos.
Pero no. Agarró mi brazo y me metió, yo quedé completamente empapado mientras él se reía. Entonces corrí y lo jalé conmigo, su cabello perfectamente arreglado terminó igual de mojado que yo.
—Oh no, no lo hiciste —respondió con diversión y un tono competitivo.
Me agarró y empezamos a jugar. Aunque era más alto que yo, el que terminó persiguiendo al otro fui yo. Cuando por fin lo alcancé, casi me caigo, así que lo agarré del cuello por reflejo. Él reaccionó poniendo sus manos en mi espalda, sentí su ropa totalmente empapada y el como las gotas de agua de su pelo caían en mi cara, en ese momento, la verdad yo preferí caerme al piso.
—Al parecer te tengo —dijo con dulzura… demasiada, quizá.
Por instinto lo empujé, él me soltó, y terminamos los dos en el piso. Pasaron unos diez segundos de silencio… y luego nos echamos a reír.
—¿Estás bien? —preguntó mientras me ayudaba a levantarme.
Asentí muy confundido.
—Vamos a comer —dije intentando desviar la tensión del momento.
Fuimos y comimos pizza. Al salir, me dio su chaqueta para que no me enfermara, aunque estaba totalmente empapada, el gesto es lo que cuenta. Y pensándolo bien , con está ya tenía dos chaquetas de él. A este paso en el futuro tendré todo su armario.
Pasamos junto a una tienda así que le compré un chocolate y se lo di. Él solo sonrió y me abrazó un poco más de lo necesario, el olía a espuma.
La gente que pasaba nos miraba, pero por primera vez no sentí vergüenza.
—Iré al restaurante de mi familia a ayudar. Te veo mañana —dijo mientras se separaba de mí.
—Entonces nos vemos mañana… —respondí aunque claramente no quería que se fuera.
Al llegar a casa me sentí emocionado. Me recosté en mi habitación abrazando la almohada pero una pregunta no dejaba de rondarme la cabeza…
¿Qué pasará mañana?
Yo… quiero que esto no quede solo como un abrazo más.