Nuestro Final Casi Feliz

Yo estoy a tu lado

Pensé mucho en lo que pasó y, por la noche, esperé alguna noticia suya. No sé por qué tenía el pulso acelerado, no era algo normal en mí.

Llegaron las once y aún no me escribía. La preocupación empezó a recorrerme el cuerpo. Dudé unos segundos pero terminé tomando la iniciativa. Casi siempre era él quien me escribía antes de dormir, era raro no haberlo echo aún.

—Ciro ¿estás bien? No me escribiste… ¿pasó algo?

Estuve a punto de borrar el mensaje. No quería parecer raro ni exagerado por un detallito mínimo.

Entonces al instante el leyó mi mensaje y comenzó a escribir.

—No… no lo estoy.

Un escalofrío me recorrió la espalda como un rayo.

—¿Qué pasó? si no quieres contarlo no tienes que hacerlo. Sea lo que sea, yo te apoyaré.

Los tres puntos aparecieron y desaparecieron varias veces. La espera me tensaba los hombros y cada vez que se detenía me sentía más preocupado.

—Hubo un problema en el restaurante de mi familia, entraron a robar. Estaba con mis hermanitos pequeños y no podía dejarlos solos… intentaron agarrarlos. Solo se llevaron el dinero pero a mis padres les costó mucho conseguirlo. Me gritaron y mi papá me lanzó una silla a la espalda… No sé qué hacer, sobre todo también perdón, no quería cargarte con esto.

Sentí algo afilado clavarse en mi pecho.

—No es tu culpa. Hiciste lo que pudiste y protegiste a tus hermanos, eso vale más que cualquier dinero. ¿Dónde estás? -dije con un tinte de preocupación y curiosidad.

—Estoy llegando a mi departamento… ¿por?

No respondí, solo salí despeinado y hasta en pantuflas creo, sin pensar demasiado corrí.

Cuando lo vi a lo lejos, aceleré el paso y me lancé sobre el a abrazarlo. Casi perdimos el equilibrio pero no lo solté.

—¿Leo?… ¿qué haces? —dijo sorprendido con los ojos aún húmedos y el cuerpo tenso.

—No tienes la culpa. De verdad. Y no estás solo… yo estoy a tu lado...

Tomé su mano y la apreté con suavidad pero aferrándome a el. Luego le acomodé el cabello con cuidado tocando su mejilla.

—Vamos a tu casa. Podemos ver una película mientras comemos algunos bocadillos.

Ciro asintió con una sonrisa temblorosa pero sincera.

—Sí… vamos juntos.




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