Ámbar.
Me miro al espejo mientras termino de peinarme.
No es vanidad. Nunca lo fue, aunque durante años todos creyeran que sí. Es costumbre.
Es ese segundo inevitable en el que una se enfrenta a su propio reflejo y decide si lo acepta o no. Durante mucho tiempo, yo no pude.
La mujer que me devuelve la mirada no es la chica perfecta que fui durante tanto tiempo. Ya no hay una máscara lista para salir al mundo.
Tengo ojeras suaves, una sonrisa cansada y los ojos brillosos por algo que no termino de entender.
Y de repente, me emociono.
Porque luché mucho para salir del reflejo, de la exigencia; de la idea que tenía que ser perfecta.
Cuando en realidad... estaba rota. Rota y asustada. Y sola, incluso rodeada de gente.
Siento brazos rodeándome desde atrás.
Simón me besa el cuello.
───¿En qué piensas? ───me preguntó bajito.
Yo sonrío.
───En todo lo que costó llegar hasta acá.
Levanto la vista y nuestros ojos se cruzan en el espejo. Ya no me molesta verme reflejada.
Por primera vez, siento que la mujer del otro lado soy yo.
───Gracias.
Él frunce un poco el ceño.
───¿Por qué?
Me doy vuelta y lo miro de frente; como si necesitara asegurarme de que está ahí, de que es real.
───Por salvarme cuando estaba en pura oscuridad. Cuando no sabía cómo salir de mí misma y vos me agarraste la mano, incluso cuando yo no quería que nadie me tocara.
Trague saliva.
───Me sacaste de ese reflejo. De creer que tenía que ser perfecta... cuando en realidad estaba rota y muerta de miedo.
Simón no dice nada. Él solo me mira con esos ojos que nunca me juzgaron, ni siquiera cuando yo me juzgaba sola.
Me acaricia la mejilla y después me besa como siempre lo hizo cuando entendía que hablar no alcanzaba.
───Gracias a ti ───sus ojos brillan───. Por no rendirte, incluso cuando el mundo te dolía.
Su voz se quiebra apenas. Lo intenta ocultar, pero lo conozco lo suficiente como para saber que también está por emocionarse.
───Vos no tenías que salvarme. No era tu obligación. Y aun así... lo hiciste. Con tus silencios, con tus enojos y con tus miedos.
Siento cómo caen lágrimas desde mis ojos.
───Yo te vi romperte mil veces ───él nunca deja de mirarme mientras habla───. Y sin embargo, te levantaste. Yo solo te acompañé, Ámbar. La valiente siempre fuiste tú.
Cerramos los ojos al mismo tiempo, como si necesitáramos descansar ahí un segundo.
Todo el camino recorrido fue largo y duro. Y a la vez, había válido la pena.
───No sabés lo que fue para mí verte volver a brillar ───agrega Simón───. Ver que te mirabas al espejo sin odio.
Una lágrima se me escapa y cae en su mano.
───Tenía miedo ───le confieso───. Miedo de que, si me mostraba como era, te fueras.
Simón niega.
───Nunca necesitaste ser perfecta. Simplemente necesitabas ser vos.
Me besa suave, casi temblando. Después me besa un poco más profundo.
Es un beso largo, de esos que buscan quedarse. Mis manos se aferran a su cuello y lloro contra su pecho sin vergüenza.
───Simón, gracias por quedarte. Por no irte cuando yo misma quería desaparecer.
Él me abraza fuerte como si quisiera proteger cada versión mía que existió antes de este momento.
───Ámbar, gracias por elegirnos. Por elegir esta vida y ser la luz de esta familia. Tú nos iluminas a mí y a Dulce.
Sonrío entre lágrimas.
───Nuestra familia... ───me llena el alma decir eso.
La puerta se abre despacio, con ese ruido inconfundible de pasos chiquitos que no saben caminar en silencio.
───¿Mamá?
Dulce asoma la cabeza todavía medio dormida, con el pelo rubio todo desordenado y los ojos entrecerrados.
───¿Qué pasa, amor?
───Escuché voces ───dice, frotándose un ojo───. Pensé que estaban hablando sin mí.
Simón sonríe y se agacha un poco para quedar a su altura.
───Mi amor, jamás haríamos eso. Ven aquí ───Simón estira sus brazos y ella viene lentamente.
Se queda mirándonos a los dos como si estuviera evaluando decir algo importante.
───¿Estás llorando, mamá?
───Un poquito.
Frunce la nariz.
───¿Te duele algo?
Niego enseguida.
───No, mi amor. Son lágrimas lindas.
───¿Las lágrimas pueden ser lindas? ───me pregunta confundida.
Simón se ríe.
───Sí ───dice él───. Son las que salen cuando el corazón está lleno de buenas emociones.
Dulce se queda pensando unos segundos y después me abraza fuerte.
───Entonces yo te ayudo a que sean lindas lágrimas. Así no llorás sola, mami.
Me agacho y le beso la mejilla.
───Gracias ───la amo demasiado. Es mi luz───. ¿Sabés que sos lo mejor que me pasó?
Dulce sonríe orgullosa.
───Yo nací para ser la luz de ustedes ───dice, siendo una verdad absoluta.
Simón y yo nos miramos. Ambos estábamos emocionados.
Él me salvó de mi oscuridad interna, pero nuestra hija nos salvó a ambos de las tinieblas.
Es la luz que alejó las sombras del pasado y es la luz que se ilumina en nuestras vidas para darnos un nuevo cielo. El cielo que durante muchos años fue solo un infierno.
───Nuestra luz ───dice él───. La de todos los días.
Dulce estira los brazos y nos señala.
───Abrazo de familia. Ya ───nos ordena.
Simón me rodea primero, después a ella, y terminamos los tres apretados en un abrazo torpe y perfecto.
───Mami y papi, los amo ───dice Dulce, con esa ternura que alegra mi corazón.