Nuestro frío infierno

Capítulo 03

[Narra Jane]

—Buenos días — saludo entrando a la cocina donde Evan hacía el desayuno.

Él solo me miró con una sonrisa y siguió con lo que estaba haciendo. Me senté en una de las sillas que están delante de la encimera. Mis párpados aún me pesaban por el sueño así que hice todo lo posible por no caer dormida aquí.

—¿Dónde está Danna? — deslicé mi mirada por todo el lugar buscando a nuestra sirvienta principal, la cual fue mi única figura maternal y estoy muy agradecida por ello.

Volví a mirar a Evan que dejó un plato de panqueques con miel en la encimera, delante de mi.

Está tomando unos días libres sus manos se movían despacio — Debería volver en una semana.

—Entiendo — me meto un bocado de panqueques en la boca y hago un sonido algo extraño indicando que están muy buenos.

Evan me sonríe y sigue con lo suyo. Sé que solo es un desayuno simple, pero Evan tiene unas habilidades culinarias increíbles.

Ambos reaccionamos al sonido del timbre, proveniente de la puerta principal. Nunca recibimos visitas tan temprano, no recibimos muchas visitas en general. Mis hermanos mayores solían contarme que antes era diferente. Amigos de nuestro padre venían a pasar el rato y hacían incontables fiestas aquí. Sería ignorante de mi parte preguntar la razón por la todo eso cambió. Estoy segura que está conectado con la desaparición de la que solía ser la esposa de mi padre. La madre de Cameron y los gemelos.

Volví a la realidad cuando la puerta se cerró y unos pesados pasos que ya reconocía venían directo a nosotros.

—¿Interrumpo vuestro desayuno? — la empalagosa voz de Adam rebota en las paredes de la cocina.

No me gusta para nada la forma en que alza la voz cada vez que habla. Tampoco me gusta que se dirija a mi con tanta confianza. Ahora que lo pienso, eso explica porqué él y Cameron se llevan tan bien, son jodidamente iguales.

—Para nada, lo haces más divertido con tu presencia — antes de poder controlarlo el sarcasmo hace acto de aparición.

Ríe en respuesta y me dan ganas de clavar el tenedor que estoy sosteniendo en su cuello perfecto.

—Si hubiese estado en mis manos mi futura esposa serías tú — bromea- eso espero- y noto que mi hambre se esfuma.

Un recuerdo fugaz pasó por mi mente. El momento donde sus padres lo reprendieron por ser un mujeriego delante de todos en su cumpleaños número veintitrés. El año pasado. Como consecuencia ellos mismos buscaron una mujer que actualmente es la primera de Adam. Aún no la conozco, aún así me siento mal por ella. La va a pasar muy mal.

No sé en que momento se sentó a mi lado. Me sigue mirando con esos ojos azules y sé que terminaré sacándoselos.

—¿No vas a responder? — un mechón de pelo rubio se desliza por su rostro cuando inclina la cabeza a un lado. Ya se podía ver la raíz revelar su verdadero tono oscuro.

—Cierra la boca si no quieres que te ahogue con estos panqueques.

Su sonrisa se ensancha. ¿Qué ven todas en él? Es una pregunta honesta.

—Esa sería una muerte bastante dulce.

—Deja de molestarla — sugirió Cameron detrás de mí. Más que defensa sonaba burla.

—Es una lástima — se levanta — Hablaremos en otra ocasión.

Eso sí que sería una lástima. No me preocupo por mirar el pasillo por el que desaparecen. No me podría importar menos lo que hagan.

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—Es un buen trabajo señorita Brown — me felicita el profesor Vera deteniéndose a mi lado y admirando mi pintura aún no terminada.

Siempre he sido la favorita de la clase. No presumo de eso, en verdad me irrita serlo. El señor Vera es el profesor de arte de mí universidad y ha expresado en clase que soy un ejemplo a seguir. Incluso me ha invitado a algunas exposiciones de arte. Podría estar feliz con eso pero es algo que me cansa mentalmente.

—Muchas gracias profesor.

—¿Tienes alguna inspiración para este cuadro? — entrecierra los ojos como si analizara cada detalle.

Sinceramente ni yo misma lo sé. Solo creí que sería buena idea pintar un mar con una pequeña isla en medio y un árbol tipo arce.

—No realmente, solo se me vino a la mente.

—De cualquier forma, tienes una habilidad muy buena — da una palmada en mi hombro y recorre el salón para observar las obras de los demás.

Luego de diez minutos el timbre da final a las clases. Con una rapidez increíble todos recogen sus cosas listos para abandonar el salón.

—Recuerden que terminarán sus pinturas en nuestro próximo encuentro — informa el profesor antes de que lleguemos a salir.

El aire del pasillo se sentía más ligero comparado con el del salón. Acomodo bien mi mochila en mis hombros y voy directo a la salida dos pisos más abajo, rumbo que se ve interrumpido por alguien.

—¡Disculpe! — una voz masculina joven suena a mis espaldas.

—¿Me llamas a mi? — pregunto dándome la vuelta y mis ojos lo agradecen.

Un chico más alto que yo me mira fijamente con unos ojos del color del cielo y un cabello de un tono entre el rubio y el castaño que tenían todo que ver con las facciones de su rostro.

—Si, ¿sabes dónde queda la oficina de la profesora Sabrina?

—¿No lo sabes? — cuestiono confusa.

Sabrina es la subdirectora de este lugar. Es muy estricta con todos y a diferencia de otros profesores ella no se ablanda con nadie. Si este chico no sabe donde queda su oficina lo más probable es que sea alguien nuevo, también explicaría porqué no recuerdo su rostro.

—Para nada — ríe y el sonido capta mi atención — Verás, se supone que debí haber ingresado aquí la semana pasada. Me surgieron problemas y llegué hoy.

Asiento en comprendimiento. Ahora que lo escucho con atención, su acento es diferente, es... ¿ruso?

¿Podría ser?

—Claro, está en el cuarto piso, la segunda puerta a la izquierda.

—Gracias, soy Mikhail — me ofrece una mano en forma de saludo y la tomo amablemente — Mikhail Bulgakov.



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En el texto hay: asesinato, enemiestolovers

Editado: 14.02.2026

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