—¿Te gusta? —Laura da una vuelta mostrándome la ropa que había escogido.
Un top negro que pronunciaba su escote. La falda con pliegues azul oscuro dejaba a la vista unas piernas perfectamente bronceadas junto con unos botines.
—Sí, estás preciosa —respondo.
Ella me sonríe y me deja un beso en la mejilla.
Katherine, en cambio, vestía una blusa blanca sin mangas que resaltaba el tono oscuro de su pelo. Sus piernas, cubiertas por unos pantalones que me hacían no poder apartar mis ojos de su figura, y su cabello permanecía sujeto por debajo de la nuca. Era simple, pero se veía hermosa.
¿Y cuándo no lo hacía?
Sus ojos encontraron los míos, así que me centré en una mancha café del suelo.
—¿Dónde está tu hermana? Creí que saldríamos hace diez minutos —Adam estaba apoyado en la pared al lado de la puerta principal. Él tampoco dejaba de mirar a Katherine. Aunque en su mirada solo podía notar lujuria.
—Estoy justo aquí —dirigiéndose a la puerta, Jane cuelga su bolso sobre su hombro.
—¿No tenías algo mejor? Con ese disfraz no se te va a pegar ni una mosca —me burlé.
Llevaba una blusa amarilla y un short azul.
—No pienso hacerlo —abre la puerta y sale.
La seguimos y nos subimos a los autos. Adam y Katherine van juntos. Yo llevo a Laura y a Jane.
—¿Deberíamos ir a buscar a tu novio?
—¿Olvidaste tu promesa? —responde tajante.
—Era solo un chiste —me burlé.
—No hará falta recogerle, no nos está esperando en la feria.
Pasaron unos treinta minutos de viaje para llegar a nuestro destino. No dejaba de pensar en lo extraño que era que Boryan enviara a su hijo a la boca del lobo sin aparente compañía. Por suerte no tenemos planeado hacerle daño, por ahora. Nunca se sabe cuándo se necesite cambiar de planes.
Parqueo el vehículo al lado del de Adam. Como Jane había dicho, Mikhail nos esperaba cerca de la entrada. Tenía el ceño fruncido mientras hablaba por teléfono. Parece darse cuenta de que caminamos hacia él, ya que obliga a su expresión a suavizarse y termina la llamada.
Nadie dice nada y la tensión es más que obvia. Primero mira a mi hermana y luego me mira a mí. Su mirada se sostiene en la mía hasta que Adam habla.
—Entonces, Mikhail, espero que te hayas adelantado en comprar las entradas —posa su brazo sobre los hombros de Katherine y algo dentro de mí se retuerce.
—Si, las tengo aquí —nos da las entradas —. Esto está a reventar de gente.
—Ustedes primero, estaremos detrás de ustedes —les digo a las chicas.
Entran a la feria y nosotros les seguimos el paso. Mikhail tenía razón, el lugar está lleno de gente.
—Finalmente nos conocemos, Cameron —la forma en que dice mi nombre es un reto.
Adam es una vía más directa para llegar a su objetivo. Aún así no parece querer relacionarse con él. No será tan valiente después de todo.
—¿Mi hermana te ha hablado de mí?
—En realidad no, pero tienes bastante fama en la universidad, ambos la tienen —voltea a Adam y este le responde con una sonrisa de alarde —. Tienen sus fans sin siquiera estudiar allí, creo que les admiro.
Adam y yo nos reímos.
—Cambiando de tema, ¿Por qué veniste a estudiar aquí? En Rusia hay muy buenas universidades —interrogo.
—Las hay, pero siempre quise visitar otros lugares. Así que decidí no perder esta oportunidad.
Minutos después de terminar nuestra corta conversación me las arreglo para que Jane y él se separen de nosotros.
—¡Allí están! —exclama Laura señalando a un pequeño grupo de personas que venían hacia nosotros.
Son sus amigas. Me saludan y comienzan a hablar entre ellas. Al cabo de unos segundos Laura se gira hacía mi lentamente.
—Tengo que dejarte aquí, pero volveré en un rato, no te pierdas ¿Vale?
—Te estaré esperando
—Te amo —me besa y se va sin más.
Adam y Katherine que estaban a mi lado hablaban en un tono tan bajo que no podía escuchar lo que decían.
—Siento interrumpir —me aclaro la garganta —. ¿Y ahora que hacemos?
Me miran expectantes, pasan los segundos y Adam finalmente responde.
—El puesto de bebidas no está lejos, deberíamos buscar algunas.
—Vamos entonces —me coloco al lado de Adam mientras caminamos y recuerdo lo que quería preguntarle —. No me dijiste que te habían comprometido.
—No lo veía necesario —responde sin pensarlo mucho.
—Pero soy tu amigo.
—Bastante irónico.
Aprieto la mandíbula tratando de convencerme de que enojarme ahora no era para nada razonable.
Mira su móvil y se detiene bruscamente. Su expresión cambia de la ignorancia a la molestia.
—Mierda, papá acaba de escribirme. Debo hacer algo, denme unos minutos, espérenme allí
Sale corriendo sin darnos la opción de negarnos.
—Tienes que estar bromeando —susurra Katherine.
—El destino puede ser cruel a veces —digo y la reacción que obtengo es justo la que esperaba.
Rueda los ojos y sigue caminando por delante de mí. Le sigo de cerca, lo suficiente para asegurarme de que me escuche.
—¿Aún te incómoda estar conmigo?
—No pienso responderte —son pocas las veces que habla, pero cuando lo hace una sensación de nostalgia me llena.
—Vamos, creí que estábamos bien.
—Nunca lo estuvimos. Lo de aquella vez fue una equivocación.
—Te refieres a nuestra relación —afirmo.
Lo recuerdo como si hubiese sido justo ayer. Unos años atrás ella solía visitarnos a menudo gracias a su amistad con Jane. Para no hacer esta historia muy larga, salimos durante una semana en secreto y terminó conmigo por razones que no quiso decirme.
—Como quieras llamarle.
—El motivo por el cual pusiste fin a nuestra relación fue porque sabías que te iban a comprometer con Adam. ¿O me equivoco?
—¿Por qué sigues insistiendo con esto? Tienes que superarlo.
—No puedo hacerlo.
Hubieron cinco segundos de silencio... Diez...
—¿Qué pasa con Laura? ¿La tienes solo para lucirla?