Nuestro frío infierno

Capítulo 08

Me duele la cabeza. Cierro los ojos con fuerza en un intento de alejar el dolor, evidentemente no me resulta. Vuelvo a abrir los ojos al sentir un peso a mi lado. Reconocí al chico del bar, dormido. Aún con su cabello alborotado lucía como un ángel. Una sábana lo tapa hasta la cintura dejando a la vista su torso desnudo. Miro mi cuerpo y recién me doy cuenta de que también estoy desnuda.

Deslizo los ojos por mi... Esta no es mi habitación. Lo cual quiere decir que anoche no volví a casa. Me esfuerzo en recordar la noche anterior pero mi último recuerdo es estar bailando con las chicas.

Mierda.

De un momento a otro me estoy colocando los tacones con el vestido puesto otra vez -el cual estaba tirado en el piso-, me miro en el espejo y me organizo el pelo como puedo. Me sobresalto cuando el reflejo de él aparece detrás de mí en el espejo. Giro para enfrentarlo pero mis mejillas se calientan al notar que seguía completamente desnudo.

—¿Ya te vas? —Cruza los brazos sobre su pecho.

Su voz mañanera me hizo sentir un cosquilleo en el vientre. Voy a perder la cabeza. Eso demuestra que mi cuerpo aún recuerda lo que yo no.

—No regresé a casa anoche, deben de estar preocupados.

Me dirijo a la mesita de noche donde está mi bolso y busco mi celular. Son las siete de la mañana. Las veinte llamadas perdidas de Cameron y Nicholas me ponen en alerta. Algo realmente malo debió pasar anoche.

—¿Y vas a irte así sin más? —Se acerca a mi cauteloso.

—¿Acaso quieres que me quede? Ni siquiera me has dicho tu nombre.

Se queda mirándome por unos segundos y suelta una risa divertida que me deja boquiabierta.

—¿No lo recuerdas? Si que estabas borracha —Va hasta el armario y abre /!$($!$(/ buscando lo que supongo que es ropa interior —. Para el final de mi turno ya estabas completamente borracha. Me viste salir y pediste que te llevara conmigo.

—¿Yo hice eso?

—Exacto, y sí te dije mi nombre —Empieza a vestirse

—No lo recuerdo.

—Ya me di cuenta de eso, me llamo Elyan —Se presenta, aparentemente por segunda vez — No te pediré que te quedes, sé que debes tener cosas por hacer. Pero al menos déjame llevarte a tu casa.

Lo analizo con la mirada y llegó a la conclusión de que es una buena persona. No recordar lo que pasó anoche me pone a la defensiva.

—Espero que no planees llevarme en ropa interior —bromeo.

—Puedes esperar afuera si quieres —me sonríe.

Claro que quiero.

Casi corro hasta la puerta, salgo de la habitación y me topo con una pequeña sala de estar y del otro lado la cocina. Mi mirada se centra en dos fotos colocadas en la mesita de la sala. En la primera hay tres niños sonriendo de una forma que contagiaba su felicidad, parecían estar en una fiesta. Asumo que el de la izquierda es Elyan y, extrañamente, el niño de la derecha me resulta familiar, aunque no logro descifrar quien es.

—No mires mucho esas fotos, me pondré tímido.

No escuché la puerta de su habitación abrirse. Lo miro con sorpresa y luego me relajo.

—Eres bastante rápido —comento.

—No quiero hacerte perder el tiempo.

Va a la puerta principal y lo sigo de cerca. Tomamos el ascensor y me fijo en que estamos en el piso seis de un edificio. El ascensor se abre en la zona de parqueo donde hay al menos cuatro autos y una motocicleta. Nos acercamos a esta última y Elyan saca unas llaves de su bolsillo.

—Toma, póntelo —Me ofrece el casco y lo acepto sin decir nada.

Espero que se monte para luego montarme detrás de él. Luego de colocar mi dirección en su GPS arranca el motor y salimos de la zona con una velocidad lenta. Una vez en la calle aumenta la velocidad e instintivamente lo abrazo por la cadera.

Minutos de viaje después nos detenemos frente a mi casa. Bajo de la motocicleta y me quito el casco.

—Gracias por traerme.

—No es nada —Toma el casco y se lo pone —. Antes de irme, ¿puedes darme tu número?

—Lo siento...

—Entiendo —me interrumpe antes de que termine —. En cualquier caso, sabes donde encontrarme.

Asiento con agradecimiento. Después de verlo desaparecer del alcance de mi vista camino hasta la entrada. Me encantaría conocerlo mejor, quizás podríamos haber llevado una relación normal, capaz que en otra vida pueda ocurrir.

Abro la puerta y me encuentro con mis hermanos sentados en el salón principal con aspectos preocupados y enojados. Dejaron de hablar en cuanto me vieron y Ethan se abalanzó a por mí.

—¿Se puede saber por qué no contestabas? —Me agarra con fuerza por los brazos.

—No lo sé, supongo que no escuché las llamadas...

—No importa —interrumpe Cameron —. Laura me contó lo que pasó anoche. Lo único importante ahora es que estés bien.

Ethan se aparta y vuelve a donde estaba. Vuelvo a observar a mis hermanos. La tensión era palpable en el ambiente y casi me daba miedo preguntar.

—¿Ha pasado algo? —inquiero.

—La respuesta está allí —Cameron señala a una pequeña caja colocada sobre la mesita y al lado de esta una nota.

Voy hasta la mesita y tomo la caja entre mis manos sabiendo que lo que hay dentro sería el desencadenante de un desastre. Abro la caja y casi la dejo caer cuando veo si contenido. Sobre un algodón manchado de sangre estaba un dedo anular que traía un anillo.

El anillo de papá.

Dejo la caja donde estaba y rápidamente leo la nota:

Ahora te pertenece a tí.
Espero que seas más competente que tu padre”

Miro a Cameron una vez que entiendo el significado de esto. Nuestro padre ha muerto, o más bien asesinado por el mismísimo Igor Marley, su propio jefe.

—No creo que esté necesariamente muerto —admite nuestro hermano menor —. Debe de tenerlo en algún lado.

—Lo dudo mucho —Sebastián le dedica una mirada pesada.

—No lo entiendo —declara Cameron —¿Qué habrá hecho para que termine de esta forma?

—No lo sé. Pero tenemos que averiguarlo —Dejo la nota devuelta en la mesa y me desplomo en el sitio restante del sofá.



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En el texto hay: asesinato, enemiestolovers

Editado: 13.06.2026

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