Nuestro gran amor

Capítulo 1

¡Todo estaba muy bien!

Todo estaría muy bien.

Samuel Cors se intentaba convencer de eso, despues de todo en su vida en la universidad tendría nuevos amigos como nunca los había tenido por ser categorizado por sus ex compañeros como ¨raro¨ sin siquiera darse la oportunidad de llegar a conocerlo.

A los 20 años, se supone que lo que más debe interesarte son las relaciones sociales o ¨amistades¨ que puedas realizar, para evitar la humillación de sentarte solo en un rincón del gran comedor de la universitario, porque de lo contrario sería rechazado por todos, pero ahora sería categorizado como ¨el nuevo de la escuela¨ lo cual sería peor, a su forma de ver.

Samuel estaba nervioso esa mañana de primer día en la universidad cuando se acercó al grupo que se veía ¨buena onda¨ a la hora del almuerzo y con toda la confianza que tenía, la cual era muy poca y le había costado mucho un esfuerzo por reunir, se presentó con ellos y la reacción que tuvo fue tener a su hermano colgado de su cuello, haciendo bromas sobre lo grande que era su nariz y lo parecido que era a su malnacido padre.

Realmente no le importó mucho que se refiriera a su padre como un malnacido, pero cuando se metió con su madre a Samuel le hirvió la sangre y algo en lo profundo de su mente, retumbó en forma de un gruñido que incluso él mismo se asustó, pero luego, sintió que si reaccionaba como esa voz en su cabeza le pedía hacerlo, nunca podría tener amigos en la escuela como siempre lo había soñado; por lo que, con lo siguiente que dijo su hermano, no lo pensó mucho y aceptó con algo parecido a orgullo inexplicable.

—Nos encontraremos en la bahia, en ese lugar que esta en construcción a las 8:30 pm —le dijo con una expresión muy seria y luego con una sonrisa surcando sus labios, lo volvió a abrazar por el cuello —. Trae contigo una mascara de lo que tu quieras, será tu bienvenida.

Luego el sonido del timbre hizo que todo el grupo se dispersara y Samuel se sintió feliz, su hermano finalmente lo aceptaría y tendrían la oportunidad de convivir como familia, su corazón palpitaba acompasado, con una adorable sensación de aceptación, su padre estaría contento de saber que por fin despues de 20 años, sus hijos finalmente se amarían por ser lo que eran... hermanos.

Con una sonrisa, se disponía a dirigirse a su salón de clases cuando escuchó murmullos que alertaron algo escondido en él, pero que al final no le dio importancia.

Mientras la tarde pasaba con lentitud, su mente no dejaba de producir posibles escenarios que viviría con su hermano y futuros amigos, entre ellos estaba ir a la playa, a un concierto, ir a jugar a los bolos e incluso una que otra fiesta en la que se imaginaba con todos riendo y gastandose una que otra broma inocente que los llevaría a reir a carcajadas, cuando la noche llegó, se miró un sin fin de veces en el espejo de su habitación, tomó la mascara de Iron man que compró esa misma tarde y de escondidas, salió de su casa sin decir una palabra a nadie.

Conducía el auto de su padre, un camry de Toyota, al que amaba tanto o más que su padre y se dirigió a la bahia, no iba a mentir, Samuel sentía que se orinaba los pantalones conforme más se acercaba y aunque trataba de no darle mucho credito a sus enormes nervios, no podía evitar pensar en algunos escenarios negativos, en el que a los chicos no les gustaría para nada su mascara de Iron man y se reirían en su cara, pero bueno, se parqueo en un lugar disponible al ver los ocho autos allí parqueados.

Podía ver, a los chicos cada uno con una hermosa chica en sus piernas, riendo y besandose, incluso compartiendo cervezas, lo cual era ilegal, pero ni loco iría y les diría eso, lo odiarían por ser ¨perfecto y niño mimado¨, así que no le dio importancia.

—¡Oye, Luce! —gritó uno de ellos —. ¡Tu hermanito llegó!

Vio a Luce acercarse y mirarlo de pies a cabeza, luego abrazarlo por el cuello con una sonrisa que no podía describir.

—No me gusta andarme con rodeos, hermanito —le dijo y algo en su forma de decir esa ultima palabra, lo dejo inquieto —. ¡Esta es tu bienvenida, hay que hacerla inolvidable! —dicho eso, los demás aplaudieron y gritaron en conjunto mientras Luce señalaba lo más alto de la estructura sin terminar —, a esto le llaman ¨Salto de valientes¨, vamos.

Y comenzaron a subir.

—¿Estás seguro de que no es muy alto?— preguntó Samuel, viendo hacía abajo, donde la bahia dejaba ver el mar.

—Claro que no, lo he hecho muchas veces y siempre he salido ileso ... —Contestó Luce, al ver lo asustado que él se encontraba —. Es seguro y para probártelo saltaré contigo, no hay de que preocuparse.

Samuel tomó valor, sabiendo que Luce saltaría con él y que despues de eso, tendría a sus primeros amigos de verdad, entonces dijo:

—Esta bien Luce, pero conviviremos como hermanos y seremos amigos despues de esto, ¿verdad?

—Claro que si Samuel, nosotros no mentimos, si saltas serás como nuestro héroe, porque de aquí sólo los valientes saltan.

Dicho esto Samuel asintió con temor y comenzó a quitarse la ropa hasta quedar en ropa interior, lo mismo hizo Luce, mientras sonreía a la chica que lo miraba desde su auto y a sus demás amigos con algo que parecía burla, luego, ambos vieron hacia abajo, donde la extensión de agua fría seguramente, los esperaba

—Hay que hacerlo Samuel, salta tu primero, yo te sigo.

—Esta bien.

Y mientras saltaba y no escuchaba que Luce realmente lo siguiera, recordó uno de los tantos murmullos a los que no hizo caso:

¨Luce, solo se burlará de ese pobre chico nuevo¨

Samuel saltó creando un chapoteo en el agua al caer pero, Luce se quedó en la plancha, viendo hacia abajo a donde el pobre chico ingenuo había saltado; mientras sus amigos desde abajo en tierra celebraban lo idiota que había sido como para creer que podrían aceptarlo como amigo.

Pasados unos segundos, todos se asustaron al ver que el chico no salía.




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