Cuando encontró al chico, Luce nadó rapidamente a la orilla, no podía permitir que su padre lo odiara por algo más, como matar a su hijo amado y perfecto, por el que los dejó a su madre y a él desprotegidos en el mundo.
Cuando llegó a la orilla, el chico no respiraba y entonces, se sintió desfallecer, obvio sería culpado de algo como homicidio por alentarlo a saltar de lo más alto, Luce pudo ver por el rabillo del ojo, como Larry regresaba en ese momento con una expresión de terror en su rostro, Luce quería arrojarle una roca, pero ser culpado por doble homicidio ya sonaba a algo que no le gustaría en el futuro, así que no perdió más el tiempo y comenzó a aplicar RCP a Samuel.
—¡¿Qué demonios haces?! —gritó Larry mientras lo arrojaba lejos del cuerpo de Samuel —. Debemos irnos, la policia viene en camino, alguien llamo al ver que el chico no salia del agua.
El rostro de Larry palideció al ver el cuerpo inerte de Samuel en el piso, aun así, Luce volvió al chico e intentó reanimarlo de nuevo, no lo dejaría morir, no agregaría otro motivo a la larga lista de su padre para alejarse más de él y su madre.
—Sí quieres irte... vete —le dijo, pero Larry lo tomo por los hombros.
—Eres un loco.
Y despues de esas palabras y al escuchar cada vez más cerca las sirenas de los policías, Larry se marchó dejando a Luce solo con su hermano.
—Debo serlo —susurró para sí mismo y continuó con su labor.
Por obra del destino, justo cuando Samuel recobró la consciencia y expulsó el agua contenida, la policía llegó al lugar y él como todo un joven asustado que no encuentra una salida para el embroyo en el que se metió, tomó la opción más estupida posible.
Luce corrió a su auto y comenzó a manejar como un loco, buscando salir de ese lugar, tal vez y por puro milagro, los policías no podrían atraparlo y no sería acusado de intento de homicidio y claro, cuando pensaba que la vida estaba a favor suyo, fue que comprobo que la maldita solo quería burlarse en su cara, ¿Cómo lo supo?
Su carro dio al menos cinco vueltas en el aire y otras tres en el piso, dio gracias a quien sea que inventó las bolsas de aire y los cinturones de seguridad, porque sin ellos de seguro hubiera quedado como una tortilla en el piso, estaba inconsciente, pero se imaginaba como habían sido las cosas mientras lo sacaban del auto y lo enviaban en una ambulancia al hospital.
¿Su madre se enojaría por la estupidez que hizo?
Es obvio que sí, ella estaría muy decepcionada de su actitud, pero no sabía como cambiar Luce lo podía jurar, había intentado mil veces ser una mejor persona... simplemente no podía.
Cuando despertó, ella estaba a su lado con una expresión de absoluta tristeza en su rostro mientras sostenía con cuidado una de sus manos.
—Hijo, por fin despiertas.
Sí había algo que con certeza odiaba, eso era que su madre llorara, lo peor es que ahora el motivo era su culpa.
—Lo siento, mamá —su voz sonó ronca y solo el esfuerzo de decir esas simples palabras, provocaron un dolor intenso.
—Calma, llamaré al doctor quedate tranquilo.
Despues la vida comenzó a pasar frente a sus ojos como una vil broma que no sabía como describir.
Se dio cuenta de que estuvo en coma durante una semana y que al volver a la escuela, debería usar muletas por seis meses, porque una de sus piernas se lesionó de gravedad.
¡Seis malditos meses!
Y finalmente fue dado de alta despues de un mes internado.
Andar con una pierna enyesada y tener que caminar con muletas era fantástico, lo mejor del mundo, pero nada se comparaba a la traición que cometió su mejor amigo Larry al dejarlo y salir huyendo, ¡Pero claro! él muchacho tenía que salvar su pellejo.
Sentía en su corazón una enorme tristeza, pero no, él no iba a admitir que eso le había dolido.
¡Por Dios, claro que no!
Antes le dolía sólo su pierna lastimada y ahora su frío corazón de hielo también lo hacía, la verdad si tenía sentimientos buenos pero debía mantenerlos a salvo en una cajita en su interior, porque las personas tienden a traicionarte y a dejarte solo cuando menos te lo piensas, pero él no pensaba que Larry podía dejarlo así.
¡Claro que no!
¡Se criaron juntos!
¡Se bañaban juntos!
¡Lloraban juntos para molestar a sus mamás cuando era la hora de sus novelas favoritas, sólo porque querían mimitos!
Pero al parecer eso no valió nada para Larry.
—Hijo tienes que salir, no puedes quedarte encerrado toda tu vida —y ahí estaba su única mejor amiga en el mundo, su mamá, siempre preocupada por su bien y él nunca le hacía caso.
—No quiero salir con este enorme yeso en mi pierna, me restará puntos con las chicas —su respuesta de siempre luego de casi un mes entero de no salir por sentirse abrumado y más por ese estúpido yeso que no lo dejaba caminar en paz, porque sí, el tiempo pasaba volando y un mes más pasó sin que él se diera cuenta.
—Ven conmigo a la iglesia, te hará bien para despejar tu espíritu y sentirte bien contigo mismo —insistiendo como siempre para ir a la dichosa iglesia de la cual no asistía desde hace 18 años por entrar y salir vacío como siempre.
—Sabes ya mi respuesta, ir a esa estúpida iglesia no sirve para nada, siempre salgo con un gran vacío en mi corazón —dijo queriendo que hasta ahí quedara la conversación.
—Hay un nuevo padre, tal vez oír su prédica te haga sentir mejor, ven conmigo amor.
Al ver la mirada llena de amor y preocupación en su madre, le dijo que ella era la única que en realidad si sentía algo especial por él.
¡Es su madre!
¡Lo bañó de bebé!
¡Lo vistió!
¡Incluso limpió sus nalgas después de haber cagado!
Así que viendo una vez más a su madre ya convencido le dijo:
—Esta bien.
Por Dios, nunca había visto una sonrisa más sincera y llena de felicidad que la de su madre.
Y comprendió que su madre es la persona más genial que habita en este jodido mundo de mierda.