Capítulo 4: Aceptar
Win
Me di cuenta que Tops no estaba cuando revisé la hora por tercera vez.
Había pasado casi una hora desde que se había ido y no había dicho nada. Al principio no le di importancia, pero la inquietud empezó a crecerme en el pecho de forma lenta, insistente. Pensé en mil cosas. Que le había pasado algo. Que se había sentido mal. Que quizá… simplemente no quería volver.
El miedo no siempre era lógico.
Tomé el teléfono con la intención de escribirle. Abrí Instagram sin pensar demasiado, solo para mandarle un mensaje corto. Y entonces apareció.
Una publicación nueva.
Era de Dome.
Fotos y videos. Él y Tops juntos riendo, cantando y demasiado cerca. En el texto, Dome había escrito algo que no terminé de leer con claridad, porque lo que realmente me golpeó fue el gesto: lo había arrobado a él y al lugar donde estaban.
Sentí una molestia inmediata. Una presión incómoda en el pecho. Celos, aunque no quería llamarlos de tal manera. Pero lo que terminó de desordenarme fue sentir que yo no estaba allí para acompañarlo, para amar su compañía, contagiarme de su risa, reírme de sus chistes— que siempre fueron mejores que los míos aunque él siempre se rió de ellos— y enamorarme cada día más de él.
Cerré la aplicación. La volví a abrir. Miré la ubicación.
No lo pensé dos veces salí de lacasa casi sin recordar cómo llegué hasta ese lugar. Cuando entré al bar, los busqué con la mirada entre las luces y la música. No tardé en encontrarlos.
Estaban abrazados.
No era un abrazo exagerado ni explícito, pero había una cercanía que me resultó insoportable. Algo en mi cuerpo reaccionó con rechazo inmediato. No quise mirar más. Di media vuelta antes de que alguien me viera.
Regresé a casa con el pecho apretado.
Me senté en el sofá, sin encender ninguna luz. La imagen volvió una y otra vez a mi cabeza, mezclándose con otra, más cercana, más peligrosa. El recuerdo de su cuello, de su perfume, de cómo lo había inhalado sin pensar y con necesidad.
Lloré pero no en silencio si no fuerte, lloré como si me hubieran robado el alma.
No por Dome.
No por la noche.
Lloré porque entendí que nada de eso me habría dolido si no me importara tanto.
Y me maldije por no haber sabido manejarlo.
Por haberme alejado.
Por no haber sido honesto.
Cuando Tops volvió, ya era tarde. Apenas nos saludamos. No hubo preguntas, ni explicaciones. Solo cansancio y distancia.
Tops
Las semanas siguientes fueron distintas.
No perfectas, pero mejores.
Win y yo empezamos a hablar un poco más. A compartir momentos simples otra vez. No tocamos el tema del aroma pero algo se acomodó, aunque fuera de forma frágil. Yo no insistí, él tampoco.
Una tarde, mientras cocinaba, recibí una llamada de Dome.
Me dijo que estaba reunido con unos amigos. Entre risas, comentó que había hablado de mí, de lo bien que cocinaba. Dijo que una amiga suya dirigía concursos gastronómicos y que le había mencionado uno.
En Bangkok.
Me explicó rápido, como si no quisiera presionarme. Que entendía si era demasiado. Que no pasaba nada si decía que no.
Corté la llamada con la cabeza llena de ideas.
Esa noche se lo conté a Win. Hablamos un rato. De la distancia, del tiempo y de lo que significaría estar lejos. No fue una conversación fácil, pero lo importante que era la conversación fue lo que nos impulsó— o al menos a mi, porque sentía que ya no lo conocía como creí que lo hacía— a seguirla y terminarla de forma adecuada.
Al final, acepté.
No solo por el concurso también porque sentí que necesitaba moverme, avanzar, probar algo nuevo. Y porque, por primera vez en semanas, Win me miró como si realmente estuviera conmigo.
Y eso, de alguna manera, me ayudó.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Lunna Vi