Nuestro Hilo Rojo

Capítulo 5: Propuestas y lágrimas

Bangkok me recibió con luces demasiado brillantes y un hotel que lo sentía muy elegante pero muy frío.

La empresa me había reservado una habitación grande, elegante, silenciosa. Demasiado silenciosa. Aun así, cada noche hablaba contigo. Mensajes largos, audios, llamadas que se estiraban más de lo necesario. Decíamos que nos extrañábamos sin decirlo del todo. Nos acompañábamos como podíamos, a la distancia, sosteniéndonos con palabras.

Eso era lo único que hacía que todo valiera la pena.

El día del concurso llegó más rápido de lo que esperaba. Cociné con una concentración que no sabía que tenía. Pensé en todo lo que me habías enseñado sin darte cuenta, en las noches compartidas, en la calma que me dabas. Cuando dijeron mi nombre como ganador, sentí una mezcla de orgullo y vértigo.

Gané.

Y con ese logro llegaron cinco propuestas.

Dos de restaurantes importantes de Bangkok.

Una de Francia.

Una de Japón.

Y otra de Estados Unidos.

Todas reales, serias y enormes.

Dije que necesitaba pensarlo.

No porque no fueran buenas, sino porque no podía decidir nada sin hablar con él. Quería contarle, pero cada vez que hablábamos encontraba el momento equivocado. Le conté sobre que gané y que la final estaba youtube si la quería ver pero nunca llegué a decirle de las propuestas, siempre lo interrumpía con algo mi adorado Marwin.

Esperaba el momento correcto.

Ese momento nunca llegó.

Una tarde, su nombre apareció en la pantalla. Contesté sonriendo, como siempre.

—Tops… —dijo—. Tengo algo que contarte.

Su voz sonaba nerviosa, pero también decidida.

Me contó que le habían ofrecido una oportunidad en una productora aquí, en Bangkok. Que era algo bueno y que la había aceptado. Que en dos semanas venía.

Sentí que el aire se me iba de golpe.

—¿Aceptaste…? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

Asintió, dijo que era una oportunidad que no se le iba a presentar nuevamente y que por eso la aceptó.

Entonces algo dentro de mí se rompió.

Traté de hablar con calma, pero la voz me salió más dura de lo que esperaba.

—Yo también tengo algo que decirte —dije—. Gané el concurso. Y me ofrecieron cinco propuestas de trabajo.

Hubo silencio al otro lado.

—No acepté ninguna —seguí—. Porque quería hablarlo contigo primero.

Sentí cómo el pecho me ardía.

—Pero parece que para ti no soy tan importante —dije, sin poder detenerme—. A ti te ofrecen algo y lo aceptas sin pensar en nada… ni en mi.

Quería con todas mis fuerzas que me dijera lo contrario, que no era verdad, que explicara y dijera que seguía siendo su lugar seguro.

Pero no lo hizo.

Escuché su respiración irregular, como si buscara palabras que no lograba decir.

—Yo… —empezó hablar—. No es que no…

No terminó la frase.

Algo en mí se cerró.

—Está bien —lo interrumpí, con la voz ya cansada—. Supongo que eso dice todo. Para ti, no soy una persona importante en tu vida Marwin Satur.

Tragué saliva.

—Me voy en una semana —añadí—. A Estados Unidos.

No esperé respuesta.

Corté.

Me quedé mirando el teléfono con la mano temblando. El silencio del cuarto cayó de golpe, pesado, cruel. Sentí cómo los ojos se me llenaban lagrimas que amenazaban con salir sin permiso. Me senté en la orilla de la cama y no pude más, lloré como nunca antes lo hice y fue por amor.

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Lunna Vi




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