Nuestro Hilo Rojo

Pausa N°1

Lunna, autora

Antes de comenzar quiero aclarar que cada vez que en la historia hayan “PAUSA N°” significa que se hará justamente una pausa para mostrar cosas de los capítulos anteriores y cosas así. Puede que sea para mostrar algo que influirá en el transcurso de la historia como solo un espacio para conocer más a los personajes.

Con eso comenzamos la pausa.

Tops

Mi cumpleaños siempre había sido algo simple para mí. Una fecha más, una excusa para cocinar algo rico o recibir algún mensaje amable. Pero ese año fue distinto, porque Win insistió en salir. Dijo que un parque de diversiones era “una buena idea para despejar la cabeza”, y terminé aceptando sin pensarlo demasiado.

Recuerdo ese día con demasiada claridad.

Caminábamos uno al lado del otro, demasiado cerca sin notarlo. A veces su brazo rozaba el mío y ninguno se apartaba. Reíamos por cosas pequeñas, por comentarios tontos, por nada. Era fácil estar así con él. Demasiado.

Cuando ya caía la tarde, pasamos por un puesto lleno de pulseras artesanales. Colores, hilos, pequeñas flores tejidas. Una mujer mayor las vendía, sonriente, observándonos con atención desde hacía rato. De pronto, miró a Win y dijo, muy convencida:

—¿Por qué no le compras una pulsera a tu adorable novio?

Win y yo nos miramos al mismo tiempo… y reímos.

—No, no —dijimos casi juntos—. No somos novios.

La mujer frunció el ceño, como si no nos creyera en absoluto. Se acercó un poco más a mí, me observó con atención y luego habló en voz más baja, como si compartiera un secreto.

—No se nota que tu novio sea poco inteligente —dijo con total naturalidad—. Tengo un hijo al que le estoy buscando pareja.

No pude evitar reírme. Me salió una risa suave, honesta, casi nerviosa.

—Gracias, pero amo al hombre con el que estoy —respondí, sin pensarlo demasiado.

La mujer sonrió, satisfecha, y negó con la cabeza.

—Eso se nota —dijo—. Pero parece que el único que no se da cuenta… es el que recibe ese amor.

Sentí un calor extraño subir por el pecho. Iba a decir algo, pero Win me interrumpió, señalando una pulsera.

—¿Te gusta esa? —preguntó—. La de la flor.

La miré. Era sencilla, delicada. Muy él, de alguna forma.

—Sí… me gusta —admití, sintiendo cómo se me calentaban las mejillas.

Win la compró sin decir nada más. Me la entregó con una sonrisa tranquila, como si fuera el gesto más normal del mundo. Yo me la puse ahí mismo.

Caminamos de regreso en silencio, uno cómodo, lleno de algo que no sabía nombrar. Al llegar a una zona más tranquila, me detuve sin pensarlo y lo abracé. Fue un abrazo largo, natural, necesario. Él no se apartó. Se quedó ahí, sosteniéndome.

Nos miramos.

Demasiado cerca.

Por unos segundos el mundo pareció detenerse. Sentí su respiración, su presencia, ese espacio mínimo entre los dos que parecía cargado de algo que ninguno se atrevía a decir.

Entonces, casi al mismo tiempo, nos separamos.

No bruscamente. Solo… un paso atrás. Pero seguimos cerca. Demasiado cerca como para fingir que no había pasado nada.

Y aun así, ninguno dijo una palabra.

Win

Vi la final solo.

Había preparado todo para verla tranquilo, pero la verdad es que no pude estarlo en ningún momento. Desde que empezó el programa sentía el pecho apretado, las manos frías, la cabeza llena de pensamientos que no me dejaban concentrarme en nada más. Caminaba por la habitación, me sentaba, me volvía a levantar. Miraba la pantalla y después el teléfono, como si de alguna forma eso pudiera cambiar el resultado.

Quería que ganara. Lo quería con una intensidad que me daba un poco de vergüenza admitir, incluso a mí mismo.

Cuando anunciaron su nombre, sentí un golpe directo en el pecho. No de dolor, sino de alivio. De alegría pura, sonreí sin darme cuenta y solté un sonido extraño, como una risa ahogada. Ganó, lo logró.

Lo vi llevarse las manos al rostro, incrédulo. Vi cómo respiraba hondo antes de hablar. Y entonces empezó a agradecer.

A su familia.

A sus amigos.

A las personas que confiaron en él.

A quienes hicieron posible el programa.

Yo asentía frente a la pantalla, como si pudiera escucharme.

Y entonces dijo mi nombre.

9Dijo que quería agradecerle a un amigo muy importante, alguien que siempre lo había apoyado y que seguía haciéndolo hasta hoy.

Sentí que el aire me faltaba por un segundo.

Me quedé completamente quieto, mirando la pantalla, con el corazón latiendo demasiado rápido. No sonreí enseguida. Primero tragué saliva. Después sí, una sonrisa torpe, emocionada, casi infantil, se me escapó sin permiso.

No importaba que no estuviera ahí.

No importaba la distancia.

No importaba todo lo que no nos decíamos.

En ese momento supe que, de alguna forma, yo seguía siendo parte de su mundo.

Y eso… me hizo feliz.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Lunna Vi




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.