Nuestro Hogar

Capitulo 1: Dos Niños Sin Nombre

La lluvia había comenzado antes del amanecer. Pequeñas gotas golpean los cristales del carruaje mientras este avanzaba por el camino de piedra que conducía a la ciudad. El cielo estaba cubierto por densas nubes grises y una fina niebla se extendía sobre los campos escoceses. Dentro del carruaje. Arthur Bennett observaba el paisaje en silencio.

Frente a él, María Bennett sostenía un paraguas cerrado sobre su regazo y contemplaba la lluvia caer por la ventana. Ninguno de los dos hablaba no por qué estuvieran enfadados. Simplemente por qué ambos sabían la importante que era aquel día.

Después de muchos años de espera, después de muchas decepciones y de conversaciones que terminaban siempre en lágrimas, finalmente habían tomado una decisión, iban a adoptar un niño.

Arthur acomodo su sombrero—¿Estás nerviosa?—pregunto suavemente.

Maria tardo unos segundos en responder—Un poco.

Arthur sonrió—Yo también.

María bajo la mirada hacia sus manos—¿Y si no nos elige?

Arthur solto una pequeña risa—Cariño, somos nosotros quiénes vamos a elegir.

Lo se... Pero también quiero que el niño quiera venir con nosotros.

Arthur la observa con ternura, aquello era muy propio de ella, siempre pensando en los sentimientos de los demás.

El carruaje continuo avanzando. A medida que se acercaban a la ciudad, las calles comenzaban a llenarse de personas que caminaban apresuradamente bajo paraguas oscuros.

Finalmente el cochero detuvo los caballos—Hemos llegado, señor Bennett.

Arthur descendió primero abriendo el paraguas para luego ayudar a María. Ambos quedaron frente a un edificio antiguo de ladrillos oscuros no era especialmente grande, tampoco hermoso pero era limpio y parecía bien cuidado, sobre la puerta principal cargaba un pequeño cartel de madera.

"HOGAR DE SAN MARGARET."

María observo el lugar en silencio, sintió un nudo en la garganta, pensó en todos los niños que vivían allí, niños que no tenían padres, niños que tal vez nunca habían recibido un regalo de cumpleaños, niños que jamás habían escuchado a alguien decirles "buenas noches" antes de dormir.

Arthur tomo suavemente su mano—¿Lista?

Maria asintió—Lista.

Subieron los escalones. Arthur golpea la puerta, pocos segundos después apareció una mujer mayor con su cabello gris estaba perfectamente recogido en un moño, vestía un sencillo vestido oscuro y unos pequeños lentes descansaban sobre la punta de su nariz.

La mujer los observo con atención—¿Señor y Señora Bennett?

—Asi es—Respondió Arthur.

La mujer sonrió—Estábamos esperándolos, es un placer tenerlos aquí, pueden llamarme señora Campbell—La mujer abre la puerta—Por favor entren.

El interior era cálido, una chimenea crepitaba en una sala cercana, podían escucharse algunas voces infantiles a la distancia, también risas y el sonido de unos pasos corriendo por un pasillo.

María sonrió sin darse cuenta, la señora Campbell los condujo hasta una oficina pequeña, había estanterías llenas de libros, documentos perfectamente organizados y una tetera húmeda sobre una mesa.

—Tomen asiento—Dijo la mujer.

Arthur y María obedecieron y la señora Campbell se acomodo enfrente de ellos—He recibido su carta.

—Esperamos que todo esté bien—Dijo Arthur.

—Lo está—La señora Campbell cruzó las manos—No todos los matrimonios que vienen aquí tienen sus intenciones tan claras como ustedes.

María inclinó ligeramente la cabeza—Solo queremos formar una familia.

La expresión de la señora Campbell se suavizó—Eso ya los convierte en mejores candidatos que muchos otros.

Durante algunos minutos hablaron sobre valles de las brumas, sobre la casa Bennett, sobre los jardines, sobre la escuela del pueblo y sobre la vida que podrían ofrecerle a un niño.

Finalmente la señora Campbell guardo silencio, parecía estar pensando en algo, algo importante.

Arthur lo noto—¿Ocurre algo?—Pregunto.

La señora Campbell levanto la vista—Hay algo que deben saber antes de conocer a los niños.




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