Nuestro Lado Oscuro

Capítulo 1 El silencio de siempre

Siempre supe que había algo extraño en Valle Vigezzo. No lo digo porque sea un pueblo pequeño o porque la niebla nunca se va del todo. Lo digo porque la gente aquí no escucha los ruidos que vienen del bosque por la noche. Porque nadie hace preguntas de los jóvenes desaparecidos.

Desde hace semanas, algo no me deja dormir. No es insomnio; es una sensación que se clava en el pecho, como si alguien me observará desde el bosque.

Ayer encontré un símbolo dibujado en lo alto de un árbol en el bosque, detrás, como una cicatriz vieja en el tronco. El árbol está en la entrada del bosque cerca de mi casa. Y después de ver ese símbolo que es un Triángulo invertido y a dentro de este hay una F, lo empecé a ver en ciertos árboles y casualmente en una persona que se suicidó traía en una mano un papel con ese símbolo.

El pueblo intenta ocultar algo.

Me desperté temprano porque escuché un ruido afuera de mi casa. Es una casa pequeña, pero acogedora. Me asomé a la ventana y alcé un poco la cortina para ver quién era, pero solo alcancé a ver una sombra que se perdía en la profundidad del bosque. Me alisté para ir al colegio y una vez lista bajé a desayunar. Como de costumbre, encontré a mi abuelita. La saludé

—Buenos días, abue. ¿Cómo amaneciste? ¿Pudiste dormir bien?

Ella también me saludó —Buenos días, Dalí. Amanecí bien. Hoy sí pude dormir bien. ¿Y tú?

Yo me debatí en si decirle que escuché otra vez ruidos afuera, pero ella debe estar al tanto de esos ruidos. La verdad es que cuando me asomo para ver quién es, me da miedo ver algo no normal.

—Oye, abuelita , otra vez escuché ruidos afuera. Con esta vez, ya son 7 noches que escucho ruidos.

Ella solo dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró —No has visto nada extraño ni escuchado algo raro, ¿verdad? Tal vez sean unos chicos que se van a drogar en el bosque. No te andes fijando, hija.

Yo solo me quedé viendo y le respondí —Bueno solo vi a alguien vestido de negro que entraba al bosque.— Dije mientras ponía el desayuno en el comedor. Mi abuela solo se me quedó viendo y se sentó en la silla para poder desayunar. Últimamente la notaba extraña, pero tal vez son cosas mías y la extraña era yo.

—Pero te prometo que ya no me voy a fijar. Hoy voy a hablar con mi mamá. Es que quiero hablarle de la universidad que escogí.—Dije mientras comía.

—¿Cuál universidad te has elegido? —me respondió mi abuela.

—Cuando llegue de la preparatoria te digo. Está bien, ahora me tengo que ir a la escuela. Se me hace tarde.-me despedí de ella y me fui a la escuela.

Cuando llegué a la escuela, ya había muchos alumnos. La verdad es que no soy tan sociable, pero me prometí que cuando entre la universidad seré alguien más sociable. En la escuela hay un grupo de amigos más populares, de esos que ellos no te conocen, pero tú sí sabes sus nombres y el grado en el que están. Creo que en todos lados los hay. Yo, por mi cuenta, solo tengo a Dante y Alice. Ambos los conozco desde la secundaria, aunque al principio no nos llevábamos bien, con el tiempo nos hicimos amigos. Dante vive con sus papás, ambos son doctores y trabajan en el hospital del pueblo. Alice también vive con sus papás, su mamá es profesora en la preparatoria del pueblo, y su padre trabaja en la alcaldía. En mi vida, solo somos mi mamá, mi abuela y yo. Mi mamá está trabajando en la capital como abogada para la familia de los fundadores del pueblo. No sé nada de mi papá, y a mí abuela no le gusta que le hablen nada de él.

—Hola, Lisa— me saluda Dante. Él es alto, delgado pero fuerte, con el cabello rizado y oscuro. Su piel es morena clara. Sus ojos son verdes opacos y rara vez sonríe sin ironía, y su sonrisa es de forma de corazón.

— Hola, Dan— corrí hasta.

Él me miró y me dijo —¿Te enteraste que hay personas nuevas en Valle Vigenso?

Yo solo miré y le dije —No, tú cómo sabes.

Él me apuntó detrás de mí y entonces volteé. Vi a un chico al que no había visto antes. Aquí, todo se conoce o al menos alguien sabe de tu familia.

—¿Te refieres a él?— le pregunté.

—Si— me dijo Dante. Luego me pregunté —¿Cómo se llama él?

—Yo que voy a saber. Ni siquiera sabía que habían nuevos en la escuela— le respondí.

Él solo me miró y se empezó a reír —¿Qué es tan gracioso?— le pregunté.

—Nada, solo pensé que eres tú quién deberías saber su nombre— me dijo mientras seguíamos caminando hacia la cafetería.

—¿Porque yo?— le pregunté.

—Porque siempre estás al tanto de todo lo que pasa en la escuela— me respondió.

Llegamos a la cafetería y nos sentamos en una mesa. En eso entra corriendo Alice, Dante se forma para comprar algo de comer, mientras que yo me quedé sentada y le hice una seña a Alice para que se acercará.

Cuando Dante regresó con la comida, le preguntó —¿Qué pasa? Ahora cuál es la excusa del por qué llegaste tarde.

—Mi excusa es que a mamá se le olvidó unos documentos que les estan pidiendo a todos los profesores— dijo Alicemientras se sentaba al lado de mí. —Qué te pasa Lisa, te ves más perdido en tus pensamientos que otras veces.

—Nada, solo estaba pensando en lo que pasa en las madrugadas— le respondí.

—¿Te refieres a los ruidos que escuchaste?— me preguntó Alice.

—Si, exactamente. Me da miedo pensar que alguien esté merodeando por ahí— le dije.

Dante se rió y me dijo —No te preocupes, Elisa. Seguramente es un animal que se escapó del bosque.

Pero yo no estaba tan segura. Algo en mi interior me decía que algo no está bien.

—Si Lisa, no le des importancia a algo como eso, también pueden ser esos chicos que van a drogar en el bosque y después se creen Will Byers corriendo desesperadamente por el bosque intentando escapar del Demogorgon.— Me dice Alice.

Después de comer, nos fuimos al salón de clases. El resto del día pasó sin incidentes coma pero yo no podía sacar de mi mente la sensación de que algo estaba mal. Tal vez tenga razón Dante y Alice y debo de dejar de pensar tanto en ello. Cuando sonó la campana que anunciaba el final de las clases, nos levantamas y los tres salimos del salón.




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