Cuando Dante dijo eso vimos una silueta de alguien vestido de negro, por la forma de su cuerpo se ve que es un hombre pero lo más raro es que en esta zona casi no viene gente o eso quise pensar yo hasta hoy.
—Oigan chicos, mejor vámonos. Tal vez mi abuelita ya llegó y no quiero que cene sola —dije, tratando de no sonar nerviosa.
—Si vamos Lisa. Ya quiero cenar y tu abuelita cocina bien rico — comenta entusiasmada Alice.
Ninguno mencionó a la figura que habíamos visto. Caminamos en silencio por el sendero que lleva a mi casa. Fue entonces cuando noté lo lejos que está mi casa de esa parte del bosque.
—¡Abuelita ya llegué! Dante y Alice vienen a robarnos comida con la excusa de querer cenar porque les gusta tu comida.
—Aquí estoy, ya lávense las manos para comer para que Dante y Alice no se regresen tarde a sus casas —nos habló mi abuelita desde la cocina.
—Ya vamos doña Lidia—le respondió Dante mientras entraba a la cocina para lavarse las manos— que rico vuele, usted si sabe cocinar, no como Lisa que lo que ella cocina no es comestible.
—¿Vas a hablar mal de mi en mi propia casa? Todavía que vienes a quitarme comida y encima me insultas —replique mientras Alice y él se echaban a reír.
Nos sentamos los tres a comer. Mi abuela también nos advirtió que ya no anduviéramos tan tarde en el bosque y para no preocuparla, no le mencionamos nada de lo que vimos en el bosque. También les preguntó cómo estaban sus papás, y si pensaban seguir sus pasos.
Después de que se fueran los chicos llamé a mi mamá para decirle sobre la universidad a la que quiero ir, mi mamá y mi abuelita me dicen que estudie derecho al igual que mi mamá. Otra cosa que empecé a notar es que todos los hijos de padres profesionales en este pueblo terminan estudiando lo mismo que ellos. ¿Coincidencia? No lo creo. Más bien, parecen reemplazos planeados. Aquí no hay oportunidades reales a menos que tu familia te deje su lugar.
A la mañana siguiente llegué temprano a la preparatoria. Me fui a las gradas del campo de fútbol. En las mañanas casi nadie anda por ahí. Estaba desayunando tranquilamente cuando vi al maestro de inglés aparecer, acompañado de Sara.
Ella reía y lo empujaba juguetonamente. Aquí en la preparatoria todos saben que entre ellos hay algo, es algo así como cuando todos saben en dónde venden drogas, excepto la policía. Aquí en la escuela ellos dos siempre andan juntos e incluso se dice que el profesor ha invitado a Sara a su casa. Me preguntó: ¿Su esposa no se da cuenta? o ¿Su hijo?
Me escondí debajo de las gradas. Desde ahí, los vi platicar y reír. Fue incómodo, lo más incómodo que he visto.
Cuando sonó la campana, corrí al salón. Por suerte, no llegué tarde.
El maestro entró seguido por un chico nuevo. El mismo que habíamos visto en la entrada el día anterior.
—Hola, mi nombre es Mateo Fox —dijo con voz firme. Para nuestra edad, sonaba demasiado serio.
Tenía el cabello castaño oscuro, perfectamente peinado hacia atrás, y unos ojos azules tan pálidos que intimidaban. Su piel era clara. Vestía el uniforme escolar, que en él parecía de revista.
—Antes vivía en la capital —añadió.
Después de decir su nombre mis compañeros empezaron a susurrar cosas sobre el nuevo chico, yo solo mire a Dante y luego a Alice, ella se sienta al lado de mí.
—Oye Lisa, ¿Por qué crees que se mudaron? Ellos son mis vecinos. —me susurra Alice.
—Mi familia y yo nos venimos a vivir aquí porque a mi papá lo cambiaron de trabajo, — intervino Mateo, como si nos hubiera escuchado.
El maestro le pregunta a qué se dedica su papá.
Mateo se le quedó viendo y volvió a mirar enfrente —Es doctor —respondió sin mucho interés, y fue a sentarse al lado de Dante.
Al pasar junto a nosotros, su mirada se detuvo un segundo en Alice. Después, se volvió fría e inexpresiva.
Antes de ir a almorzar Alice me apura a guardar sus cosas.—Me acompañas al baño Lisa—
—Claro, solo espero a que aguarde esto si— me apuré a guardar mis cosas. Y Alice me arrastra a la puerta del salón. —Dante nos vemos en la cafetería— le gritó mientras salgo del salón.
Llegamos corriendo al baño. Alicia empieza a observar que no hay nadie en el baño y me dice —Oye Lisa estoy mensaje con un chico de aquí. Bueno él me dice que es nuevo en el pueblo, creo que puede ser Mateo— me comenta todo entusiasmada. Alice es bien enamoradiza, de hecho ella no me lo ha dicho directamente, pero había un secreto a voces que decía que Alice tenía un romance con un doctor que trabajaba en el hospital, más sin embargo nunca se supo quién era ese doctor. Y al principio del año andaba con el maestro de literatura, duraron 6 meses, ya que eso sí me dijo ella y solo para que la encubriera con sus papás diciendo que iba a hacer trabajos a mi casa saliendo de la escuela pero realmente se iba con el maestro de literatura,una vez sí me pregunté si a poco su mamá no se da cuenta de eso, pero la sorpresa que me lleve yo al ver a su mamá besando al director y ahí entendí todo.
—Si, tal vez si sea el. Pero ¿Hace cuánto llevas hablando con ese chico? —le pregunté mientras me secaba las manos.
—No mucho, vamos. Solo no le comentes a Dante ¿Si? —me dijo con una sonrisa cómplice.
Entramos a la cafetería y observamos que Dante y Mateo estaban sentados juntos y platicando.
—Hola chicos— dice Alice mientras se sienta al lado de Mateo y yo me siento al lado de Dante quedando enfrente de Alice. Ninguno de los dos le hace caso a lo que dijo Alice. Empiezo a comer, Dante y Mateo siguen con su conversación, mi vista se enfoca en Alice y Mateo.
La verdad Mateo se vé muy serio creo que está en su lado oscuro y misterioso, tal vez ya vio el teaser de Merlina. En cambio Alice trata de llamar la atención de él, metiéndose de vez en cuando en la conversación, pero ambos la ignoran.
De hecho a veces pienso que Dante no le cae bien Alice, de un tiempo para acá Dante ya no empieza a soportar a Alice. —¿Qué tal te ha parecido este lugar? ¿Cuándo fue que llegaron al Valle Vigezzo? — le habló a Mateo con la esperanza de que no me ignore a mí también.
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Editado: 28.08.2025