Nuestro Lado Oscuro

Capítulo 8 Secretos entre las hojas

Me acosté y me quedé pensando si era verdad de apoco me quedé dormida.

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Me desperté. Veo la hora, son las 4:20 de la madrugada. Escuchó gritos y me levanto a ver qué pasa. Me asomo por la ventana y veo a dos personas: un hombre y una mujer. Ambos están discutiendo. La mujer parece estar reclamándole al hombre. Están justo en el mismo lugar por donde se llevaron a la chica de primero.

La mujer se da la vuelta y empieza a caminar. ¿Sara? Es Sara. ¿Qué está haciendo a esta hora en el bosque? El hombre que viene detrás de ella es el maestro de inglés, Sandro.

Veo cómo ella le avienta algo y él la agarra del brazo. Él le dice algo, y luego se besan. Caminan de vuelta hacia el bosque.

¿Qué hacen a esta hora? ¿Y por qué se adentran otra vez en el bosque?

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Bajo a desayunar ya arreglada. Mi abuelita ya está en la mesa con una taza de café.

—Buenos días, abuelita —le doy un beso en la mejilla.

—Buenos días, Dali —me dice ella.

—Abuelita, en la madrugada vi al maestro Sandro peleando con una mujer y ambos se metieron al bosque —le digo, y ella no aparta su mirada de mí.

—El maestro Sandro no le da miedo que lo vean con sus amantes —dice mi abuelita, molesta.

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Salgo de mi casa y corro hasta donde vi al maestro Sandro y a Sara. Busco en el piso lo que ella le aventó, pero hay muchas hojas secas. Me intento levantar cuando veo algo blanco debajo de una hoja. Muevo la hoja y veo que es una prueba de embarazo. La agarro: tiene dos rayitas.

—¿Sara está embarazada?

Dejo la prueba de embarazo en un árbol y camino hacia la escuela. Se me está haciendo tarde.

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Llego a la escuela, camino hasta el salón, y antes de entrar veo a Dante y Mateo discutiendo. Paso de largo, ignorándolos. Mi abuelita sabe lo que hace la familia de la señora Elisabeth.

Entro al salón y me siento.

—¿Todo bien, Lisa? —me pregunta Alice apenas me siento.

—La verdad, no. En la madrugada vi a Sara y al maestro Sandro peleando, y se metieron al bosque —le digo en voz baja para que nadie escuche.

Y pienso en lo que dice la carta de Joseph. ¿Le dijo o no?

—Esos sinvergüenzas pasaron la noche juntos. Pobre de la esposa del maestro Sandro —dice Alice.—Hola, chicas —nos saluda Dante, sentándose en su lugar.

La verdad, sigo sin creer lo que dice la carta. Tengo tantas preguntas y no puedo pedir respuestas. ¿Ellos nos quieren hacer daño a Alice y a mí? ¿O qué quieren hacer con nosotras? ¿Por qué me dieron esa carta?

—Hola —le responde Alice sin siquiera verlo.

—Hola, chicos —le respondo yo al saludo.

—En la tarde seguimos platicando —le digo a Alice.

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En todas las clases solo pienso en lo que dice la carta y en la prueba de embarazo de Sara.

—Vamos por un café, Alice —le digo, y ambas caminamos hacia la salida de la escuela.

—¿A dónde vas, Lisa? —me dice Mateo desde atrás.

Me volteo, nerviosa.—Vamos a hacer cosas de chicas —le respondo, tratando de no sonar tan nerviosa.

—Está bien, nos vemos —dice, y se va hacia el carro, que como siempre ya lo está esperando.

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Alice y yo caminamos en silencio rumbo a la plaza. Solo se escuchan los carros pasar y el viento fuerte.

—¿Te acuerdas de lo que te dije en la mañana sobre Sara y el maestro Sandro? —le pregunto.

Ella se voltea a verme.

—Creo que Sara está embarazada. Ellos estaban peleando, y ella le aventó algo. En la mañana fui a buscarlo y encontré una prueba de embarazo.

—La verdad no me sorprendería que fuera cierto… pero Sara fácilmente puede pasar por su hija —me dice Alice.

Antes de llegar a la cafetería, le digo.

—Vamos a tu casa, para que nadie escuche lo que te tengo que decir.

Veo en sus ojos tristeza. Algo no me está diciendo.

—No creo que mi casa sea un lugar seguro para que me digas algo que nadie deba saber —dice, tratando de que no se le quiebre la voz.

—A mí me dejaron una carta con el mismo símbolo que a ti —le digo apenas nos sentamos.

—¿Pero por qué? ¿Ellos te consideran su amiga? —me dice rápidamente.

—¿Cómo que su amiga? Yo no los conozco, Alice —le respondo.

Ella me mira como si supiera que cometió un error.

—Nada, olvídalo —dice.

—Oye ¿Y si vamos a la casa de la mamá de la chica de primero? —le propongo, poniéndome de pie.

—Es arriesgado. Nos van a ver y luego nos pueden hacer algo —me dice, también poniéndose de pie.

—¿Quién? ¿La familia Fox? —le digo.

Ella palidece.

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Estamos frente a la casa de la chica desaparecida.

—Vamos a entrar antes de que alguien nos vea —me dice Alice mirando hacia los lados.

Ella intenta abrir la puerta con un seguro. Después de unos segundos, la cerradura cede con un clic.

En el camino hasta aquí, Alice no dijo nada más. De hecho, no comentó nada de lo que había dicho antes, y si yo intentaba sacarle algo, simplemente se quedaba callada.

Entramos. Alice cierra la puerta con cuidado, como si alguien pudiera estar escuchando del otro lado.

—Al parecer pasó un tornado aquí —dice Alice, caminando hacia la mesa del comedor, donde hay bastantes papeles. Hay periódicos e impresiones, pero todo son noticias de gente desaparecida—. Tal vez aquí está la carta de Joseph.

—No, aquí no está —le dije.

—¿Tú cómo sabes? —dice, agarrando una imagen donde están tres personas. Solo reconozco a una: la señora Elisabeth.

—Yo la tengo. Ya la leí. Dice que la familia Fox es la causa de todo, y que la cabaña que está en el bosque es donde pasa todo —le dije y caminé a las escaleras para ir al segundo piso.

Ella va detrás de mí. Se ve nerviosa; empieza a jugar con sus dedos.

—¿Tú crees en eso? —me dice en voz baja.

Toda la casa está hecha un desastre. Hay cosas rotas, papeles por todas partes. Vamos a la primera habitación. Abro la puerta y veo que el cuarto está pintado de rosa. Hay fotos de una chica: la misma chica que desapareció.




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