El aire en ese cuarto era tan frío como la mirada del hombre que entró vestido de negro y nos observó a todas.—Ya hay que irnos. No tardan en llegar los clientes, y ustedes deben estar presentables —habló con voz helada.
Tan fría como este lugar.
El cuarto se llena de voces hablando al mismo tiempo. Todas las chicas se ven desesperadas.
—¿A dónde nos van a llevar? —le pregunto a Becky.
Ella intenta sonreír.
—Al mismo infierno, donde solo a las locas y enfermas de la cabeza les gusta ir y disfrutar —sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas.
Miro a mi alrededor. Las demás chicas hablan entre ellas, pero alcanzo a escuchar a una decir que está embarazada. La observo con atención; es pelinegra, de piel bronceada y delgada. Nunca la había visto. En sus ojos solo hay miedo y tristeza. La chica que está con ella mira fijamente al hombre de la puerta.
—Se van a deshacer de ella —susurra Becky.
Veo que todas las chicas se forman en línea. Becky me hace una seña para que nos fuéramos a formar con las demás. El hombre de negro se queda en la puerta e inspecciona a las chicas que empiezan a salir.
Becky sale, pero cuando voy a salir yo, me detiene.
—Tú no vas a ir con ella. En un momento vienen por ti —me empuja.
Caigo al suelo sin entender qué pasa. Sin saber qué es más malo; que yo me vaya a otro lugar o ir al mismo lugar con las demás chicas.
El golpe contra el suelo me saca el aire de los pulmones. El ruido de la puerta al cerrarse retumba en el cuarto vacío. Las voces desaparecen, llevándose con ellas el poco valor que me quedaba.
Me quedo ahí, sentada, abrazándo me las rodillas. El frío ahora parece venir de adentro.
Escucho pasos acercarse. Levanto la vista. El hombre de negro sigue en la puerta, observándome como si estuviera evaluando una mercancía defectuosa.
—No llores —dice—. Todavía no es tu turno.
Eso es lo que más miedo me da.
Me pongo de pie con torpeza. El cuarto, sin las demás, se siente más pequeño, más oscuro. Las paredes parecen cerrarse poco a poco.
—¿Por qué yo? —me atrevo a preguntar.
No responde. Solo se da la vuelta y se va, dejando la puerta entreabierta.
El silencio es peor que los gritos.
Pasan minutos, o tal vez horas. El tiempo deja de tener sentido cuando esperas algo que no quieres que llegue. Cada sonido del pasillo me hace brincar; pasos, llaves.
Me levanto viendo la puerta. Si la abro, podré correr hasta encontrar una salida o esconderme. Camino hasta la puerta cuando, finalmente, se abre por completo.
No es el hombre de negro esta vez.
Y entonces entiendo que no me dejaron atrás por error. Me dejaron atrás porque mi destino es distinto.
—Hola, detective Watson —me habla Jack con una perfecta sonrisa.
—Hola, detective Watson —me habla Jack con una perfecta sonrisa.
Miro a la persona con miedo; camino hacia atrás intentando alejarme de él.
Yo niego con la cabeza y choco con una cama.
Él camina hasta mí con mucha superioridad.
Me toma del cuello y siento que se me va la respiración. Las lágrimas me llenan los ojos y miro borroso a Jack, intentando quitar sus manos de mi cuello, desesperada. Siento cómo me empuja hasta caer al frío suelo.
—¿Por qué tienes miedo, mi querida detective Watson? ¿No se supone que tú querías saber qué hay en tu Casa de Candy? —me dice caminando hasta mí.
Miro a Jack con miedo y me arrastro para alejarme de él.
Yo niego con la cabeza.
—Yo no quería estar en este lugar —le grito llorando.
—Pues tus acciones y un pajarito dicen lo contrario —se agacha hasta quedar a mi altura—. Por eso me tomé la libertad de traerte aquí. Dije yo: si tarde o temprano ibas a parar aquí, ¿por qué no nos apuramos a que encuentres tu camino?
Yo niego con la cabeza y las lágrimas vuelven a caer. Él me toma del brazo y me levanta a la fuerza.
—Hay que irnos, porque hay una persona que te está esperando. Espero que te comportes y nos des todo lo que realmente vales —me dice, arrastrándome hasta la puerta.
Yo intento zafarme de su fuerte agarre, pero no lo logro. Cuando llego a la puerta, me agarro del marco para que me suelte.
—¿Qué crees que estás haciendo? —siento cómo me vuelve a empujar con más fuerza, tanto que mis dedos quedan ardiendo.
Mientras más caminamos por los fríos pasillos, más miedo me da y más lágrimas salen.
—Para —le hablo con la voz entrecortada por mi llanto.
—No, no llores, mi querida detective Watson. Recuerda que hay otra persona especial que espera por ti. La primera fue tu querido tío Jim —me dice con voz sarcástica.
__________
Llegamos a otro pasillo, tan diferente a donde están las habitaciones de las chicas. Aquí también se escucha gritar por dondequiera.
Llegamos a una puerta dorada con un letrero en color rojo que dice “VIP”. Niego con la cabeza cuando veo que Jack abre la puerta. Me vuelvo a jalar el brazo para intentar zafarme de él.
Su celular empieza a sonar. Al principio niega con la cabeza, pero no deja de sonar, así que contesta la llamada.
—¿Qué sucede, Ales? —habla con voz molesta.
Es Alessandro. Entonces Mateo y posiblemente Dante ya sabían que Jack y Alessandro me iban a traer aquí, pero, ¿por qué?.
—Sí, está aquí conmigo —dice.
Yo miro a mi alrededor. Hay dos pasillos, uno está oscuro y el otro está iluminado.
—Entonces ya están buscando a nuestra detective Watson. Pues ya la voy a llevar con el cliente —sigue hablando con Alessandro.
Siento que el agarre de mi brazo ya no es tan fuerte. Aprovecho para soltarme y salgo corriendo por el pasillo que está todo oscuro.
Corro lo más rápido que puedo y siento una descarga de adrenalina cuando escucho a Jack gritar que me escape.
Llego al final del pasillo. Hay dos pasillos más, igual de oscuros. Dudo por cuál ir hasta que escucho unas pisadas cercanas.
—No importa a dónde te escondas, te voy a encontrar —habla Jack, pero en su voz se escucha lo molesto que está.
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Editado: 03.01.2026