Narra Mateo
El apellido Fox siempre ha sido sinónimo de respeto en Valle Vigezzo, pero para mí hoy suena a cadenas arrastrándose por un sótano de mármol. Mi padre siempre decía que el poder no se pide, se toma; lo que nunca me dijo es que se mantiene con la sangre de personas que alguna vez llamé amigos.
Mientras camino por los pasillos de la cabaña, el olor a perfume caro y cigarro de los clientes me revuelve el estómago. He pasado años ignorando los gritos que se escuchan detrás de las paredes, convenciéndome de que yo era diferente a Alessandro, de que yo no tenía las manos manchadas. Pero hoy la venda se ha caído por completo. La “mercancía” tiene el nombre de la única persona que me hacía sentir humano, sin importarle ni mi apellido, y es Dalisa.
Me ajusto el saco, tratando de que mi respiración no delate el pánico que siento. A mi lado, Alessandro camina con una calma que me aterra. Él nació para esto; él disfruta el peso de la corona que mi padre le heredó.
—Tienes que relajarte, Mateo —me dice sin mirarme, su voz perdiéndose entre la música suave del área VIP—. No entiendo tu nerviosismo ni por qué Dante ahora está interesado en saber de Alice.
—Dalisa está aquí, en la cabaña —respondo, apretando los dientes.
Él suelta una risa seca y se detiene frente a una de las puertas doradas.
—¿Dalisa? Yo había escuchado a alguien decir que una mercancía estaba rondando los pasillos como rata. Y, aparte, escuché que entró a la oficina de nuestro tío Pietro. Ella dejó de ser una amiga para convertirse en un problema de seguridad. Ya sabes lo que le pasó a Joseph por querer jugar al héroe. No me obligues a hacer lo mismo contigo.
Alessandro se aleja para hablar con un guardia y yo me quedo solo en el pasillo iluminado. Sé que Dalisa está en algún lugar entre estas sombras y sé que, si encuentra la verdad sobre lo que le pasó a su padre, no habrá forma de que Dalisa evite su destino.
—Voy con Dante —me doy la vuelta y camino.
Tengo que encontrarla primero. Evitar que se encuentre con Alessandro.
—Espera —me agarra el brazo con fuerza—. ¿Por qué Dante y tú están aquí, si sabemos que no están interesados en este hermoso lugar? Y acuérdate de lo que te dije.
Me suelto de su agarre y lo miro. Camino hasta llegar con Dante.
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Entro y Dante está sentado, hurgando en los cajones. Ocupa el puesto que le corresponde, ese que está a nada de quedar oficialmente a su cargo.
—¿Qué encontraste? —le pregunto al acercarme.
—En esta carpeta no aparece ni Lisa, ni Alice, ni Sara, ni Isabella. Y en las facturas no hay nada sospechoso —dice mientras me la muestra.
—¿Qué están haciendo, chicos? —pregunta una voz.
Nos giramos hacia la puerta y allí está el gran doctor Pietro.
Camina hasta nosotros y, por un segundo, su mirada se detiene en la carpeta antes de volver a nosotros. Intenta sonreír. Dante le muestra la carpeta.
Pietro mira la carpeta y vuelve a sonreír.
—¿Por qué no están aquí Sara, Isabella ni Alice? Más te vale que no estés protegiendo a tu amante —habla Dante con voz seria.
—Yo y esa niña ya no somos nada. Le juré a tu madre que la iba a respetar —camina hasta intentar tomar la carpeta.
Pero yo soy más rápido que él y la tomo. Lo miro y en su mirada se puede ver lo nervioso y enojado que está.
Sonrío al ver sus expresiones.—Debemos investigar por qué no están ellas en esta carpeta —le hago una señal a Dante para que caminemos hacia la puerta.
—Recuerda que encontraron a Sara. Aparte de eso se encarga Alessandro; él ya está empezando a hacerse responsable del negocio. No es por menospreciar te , Mateo, sabes que tú tienes un buen corazón y eres más astuto que Alessandro.
Lo miro y asiento con la cabeza.
—Veremos si mi padre está al tanto de que no están registradas unas mercancías. Tú bien sabes que le molesta que en el catálogo falten productos, al igual que todavía está molesto contigo y Sandro por permitir que encontraran a Sara. —le digo, y eso le molesta más.
Caminamos por los pasillos iluminados y cada paso me recuerda cuánto tiempo había pasado desde la última vez que estuve aquí. Este lugar nunca fue un hogar para mí.
A Dante y a mí nos desagrada profundamente, pero ni el rechazo ni la distancia nos salvan del peso del apellido que cargamos. Nuestra familia ha sido dueña de todo esto por generaciones y, con ello, viene una obligación que no podemos esquivar.
Dante tomará el puesto de mi tía, ocupado hasta ahora por Pietro, el hombre que se hace llamar su esposo. A mí me corresponde el lugar del director Caruso y, con esa decisión, Jack queda definitivamente fuera del juego.
En los pasillos nos topamos con Jim. Él siempre se me hizo sospechoso, alguien que de un día para otro esté ocupando un lugar en este juego donde todos se eliminan.
Ignoramos su saludo.
—Vamos a buscar a Alice —mira la hora en su reloj—, ya ha de estar en la sala VIP.
—Alessandro ha de estar también allí —le digo.
Caminamos hasta la sala. En el pasillo no hay nadie; a esta hora todos están trabajando.
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Entramos en la sala.
Los sillones de cuero negro estaban dispersos, con pocas personas ocupándolos. Las luces tenues iluminaban un piso de mármol tan brillante que reflejaba cada paso que dábamos.
Todos allí parecían absortos en sus propios mundos, ajenos a lo que sucedía a su alrededor.
Caminamos entre las personas, ignorando todo lo que están haciendo. A lo lejos vemos a Jack y Alessandro hablando mientras dos chicas están con ellos.
Alessandro, en cuanto nos ve, nos sonríe y hace una señal para que se acerquen dos chicas más. Jack nos mira con cara burlona.
—Vamos a preguntarle a Jack por Alice —le digo a Dante. Caminamos hasta ellos.
—Cuando me contó Alessandro que ustedes estaban aquí, no lo pude creer. Vienen a buscar su encargo —nos dice apenas llegamos.
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Editado: 03.01.2026