Nuestro Lado Oscuro

Capítulo 30 La Última Puerta

Tomamos el camino contrario por donde se fue Alice, pero en el mismo pasillo.

—Dalisa, la verdad no creo que salgamos de este lugar. No como quisiéramos. Viste lo que llevaron a ser a Joseph, o cómo terminó Sara, sin importar que era la protegida del maestro Sandro —me dice Becky, con voz más temblorosa.

Yo tampoco estoy segura de si saldremos de este lugar, pero la pregunta es: si salíamos, ¿qué pasaría con nosotras después?

Me pongo en alerta cuando escuchamos pasos en el pasillo. Los pasos se acercan cada vez más a nosotras.

Empezamos a caminar más rápido y, donde encontrábamos puertas, las intentábamos abrir, pero estas estaban cerradas con llave.

—¿A dónde crees que vas, detective Watson? —escucho la voz de Alessandro y me detengo.

Volteo a verlo. Él está a unos pasos de nosotras. Mi mirada se dirige a Becky, que mira con verdadero terror a Alessandro.

Detrás de Alessandro está Jack, que nos mira con una sonrisa macabra.

—Vamos —le dije a Becky y la jalé del brazo.

Empezamos a correr, todos sin rumbo fijo. Siento cómo Becky se suelta de mi agarre bruscamente y, después, escucho su grito.

La volteo a ver y la tiene agarrada Alessandro, su brazo está sobre el cuello de Becky. Miro a Becky y la desesperación me invade, como libero a Becky, no tengo nada con que defenderme.

Detrás de Alessandro está Jack con un cuchillo, apuntando a Becky, lo que más me molesta es que su estúpida sonrisa no se borra ante la cara de miedo y desesperación de Becky.

—Dejala— intento acercarme a Alessandro.Pero él retrocede los pasos que yo avance, Becky niega con la cabeza.

Pero él retrocede los pasos que yo avance, Becky niega con la cabeza.

Miro a mi alrededor y mi vista se centra en la puerta que está entreabierta y luego en un tubo de alguna lámpara que está cerca de la puerta.

Veo como Jack se intenta acercar a mi y yo me agacho a tomar el tubo, está un poco pesado pero el miedo que le pase algo a Becky era más grande que ni sentí realmente el verdadero peso del tubo.

Apunte a Jack con el tubo y su sonrisa se extiende más.

—Esto se está poniendo interesante, mi querida detective Watson realmente que eres tan ingenua en pensar que son eso nos vas a detener. Esto ya lo tenemos planeado desde hace tiempo y tu solo eres una pieza de nuestro juego— cada vez que habla se acercaba más pero yo nunca baje el tubo y la vista en él.

Miro a Becky que Alessandro todavía tiene agarrada a Becky.

Jack intenta quitarme el tubo pero en un movimiento rápido le pegó en las costillas sin pensarlo, él cae al piso y yo lo miro sorprendida por lo que hice.

—Maldita perra —grita Jack, mirándome con una furia que me hace retroceder.

Miro cómo se retuerce de dolor. Luego miro a Alessandro, quien me observa sorprendido y después se carcajea. Arroja a Becky hacia donde está Jack, que trata de ponerse de pie.

Y después miro como apenas cae Becky sobre Jack, él le entierra el cuchillo a Becky en su pierna.

—Dalisa, corre —me grita Becky, llevándose una mano a su herida.

Niego con la cabeza y miro desesperada a Becky, pensando en cómo ayudarla. Las lágrimas nublan mi vista, negándome a dejarla; si la dejo, es más que claro que le va a pasar algo.

Su mirada refleja aceptación de su destino, aceptando quedarse en este lugar.

—Corre, sálvate tú y haz que paguen por todo lo que nos hicieron —me dice Becky entre lágrimas.

Las carcajadas falsas de Jack me traen a la realidad.

—Qué conmovedor, hasta yo voy a llorar —dice Jack con sarcasmo.

Salgo corriendo, dejando a Becky sola. Corro lo más rápido que mis pies me permiten, apretando fuerte el tubo y limpiándome las lágrimas.

Llego a un pasillo sin salida y me desespero.

—Voy a salir de este lugar cueste lo que cueste, Becky. Jack y Alessandro van a pagar por lo que te hicieron —me limpio las lágrimas.

Miro la puerta, con la esperanza de esconderme de Jack y Alessandro.

Abro la puerta y la poca iluminación no me permite ver bien este cuarto.

Cierro la puerta, viendo bien el cuarto me doy cuenta de que, cuando creí haber visto todo en este lugar, aún quedaban detalles por descubrir. La habitación huele bastante a humedad, un olor denso que se pega a la garganta. Cajas apiladas hasta casi tocar el techo forman sombras irregulares en las paredes, como si algo se moviera entre ellas cuando la luz parpadea. Algunos objetos están cubiertos por telas viejas, y no puedo evitar pensar que esconden más de lo que muestran.

El suelo cruje bajo mis pies, húmedo y frío, y en una de las esquinas distingo una escalera estrecha que desciende hacia la oscuridad. Desde allí sube un aire más pesado, acompañado de un silencio inquietante, como si ese lugar respirara por sí mismo. No sé qué hay al final de ese descenso, pero algo en mi interior me advierte que no debería estar aquí y aun así, no puedo dar marcha atrás.

Escucho que la puerta se abre; yo me escondo entre las cajas. Los pasos resuenan con un eco; cada pisada se escucha más cerca.

Aprieto más el tubo en mis manos; por la poca iluminación, veo la sombra acercándose.

Exhalo el aire que tenía retenido cuando veo que ya está cerca; salgo lista para golpearle con el tubo.

Antes de pegarle siento como con su pie me patea y caigo al sucio suelo, y me desespero cuando el aire escapa de mis pulmones. Tardó unos minutos acostada volviendo a agarrar aire.

Miro a la persona que está frente a mí; él tiene una sonrisa. Alessandro me encontró.

Se agacha hasta quedar a mi altura y le agarra del cuello, con mis manos trató de buscar el tubo y me desespero cuando no lo encuentro y al aire se me está yendo otra vez. Pero está vez no lloro cierro los ojos cuando me cuesta más respirar.

Así termina mi historia, en este lugar, lejos de mi mamá y de mi abuelita.

—Realmente creíste que podías salir viva de este lugar. Creo que no entiendes la gravedad del asunto, Dalisa. Nosotros, los que tenemos más poder, decidimos cómo va a ser la vida de ustedes: gente que sirve para complacer y facilitar la vida a personas como yo —habla Alessandro con bastante enojo en su voz, cada palabra saliendo con más ira que la anterior.




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