Nuestro Matrimonio Temporal

✦ CAPÍTULO 5 ✦

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El silencio dentro de la biblioteca se volvió insoportable, podía escuchar su respiración agitada y el palpitar de su corazón.

¿En qué momento su vida cambió de esa forma? Sentía su paladar seco y sus dedos temblorosos. Era la propuesta de su vida y la salvación de sus hijos, no se creía incapaz de criarlos sola, pero, en el mundo donde el dinero lo es casi todo, esa propuesta era un milagro del cielo.

Brigitte todavía sentía el calor de los dedos de Lorenzo sobre su mentón. Nunca nadie la había obligado a levantar la mirada de esa manera tan autoritaria y lo peor era que, por un segundo, obedecerle se sintió natural.

—Hable. —ordenó él con calma, tragó saliva, tenía miedo y no de él, sino de lo que estaba a punto de hacer. Aceptar aquel contrato ya era una locura, pero pedirle ayuda significaba involucrarlo todavía más en su vida.

Aun así, sus hijos ya estaban involucrados y pronto asegurados, respiró hondo.

—Quiero que investigue a mi cuñado.

Lorenzo no reaccionó de inmediato y eso la puso más nerviosa. Seguía mirándola fijamente, como si intentara descubrir todo lo que ella no decía en voz alta.

—¿Investigar qué exactamente? —preguntó finalmente.

Brigitte apretó las manos.

—El seguro de vida de mi esposo.

Decirlo en voz alta volvió todo más real. Sintió otra vez el frío de aquella oficina, la mirada indiferente del gerente y la sensación horrible de quedarse sin aire cuando escuchó que ni ella ni sus hijos figuraban como beneficiarios.

—Yo vi mi nombre en esa póliza. —Su voz se quebró apenas. —Estoy segura.

Lorenzo entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Está diciendo que hubo fraude?

Brigitte dudó, no tenía pruebas y eso era lo peor. Solo tenía recuerdos, intuición y esa sensación desesperante de que algo no encajaba.

—No lo sé… —admitió finalmente. —Pero todo pasó demasiado rápido.

Su garganta ardió nuevamente.

—Mi cuñado apareció de la nada, se quedó con el seguro, vendió la casa y me dejó en la calle con mis hijos. —Negó con la cabeza. —No tiene sentido.

Lorenzo no dijo nada y ese silencio la obligó a continuar.

—Damiano jamás habría dejado desamparados a sus hijos.

Esa vez sí le dolió decir su nombre, porque desde su muerte nunca se había permitido cuestionar si realmente conocía al hombre con el que se casó.

Sintió vergüenza inmediata.

—Tal vez estoy equivocada… —murmuró bajando la mirada. —Tal vez solo estoy desesperada y buscando culpables.

—Míreme.

La voz grave de Lorenzo la hizo levantar el rostro de inmediato.

—¿Usted cree que su esposo la abandonó económicamente de forma voluntaria?

La pregunta le atravesó el pecho.

—No. —respondió sin dudar y era verdad, podía aceptar muchas cosas, menos esa, Damiano amaba a sus hijos, aunque no los conoció. Le toco difícil, recibir la noticia del accidente mortal de su esposo, dar a luz sola y ahora quedarse sin lo que legalmente correspondía.

Él los amaba; lo sintió en la forma en que besaba su vientre cuando estaba embarazada, en cómo armó las cunas con sus propias manos y en cómo hablaba con ellos antes de morir.

No podía haberlos dejado sin nada, simplemente no podía. Lorenzo sostuvo su mirada unos segundos más.

—¿Tiene pruebas?

El nudo en su garganta volvió.

—No.

Odiaba admitirlo.

—Solo recuerdo haber visto mi nombre cuando firmamos los documentos hace años.

Él caminó lentamente hacia el escritorio.

—Entonces solo tiene sospechas.

Brigitte sintió frustración inmediata y se giró a verlo, buscaba en un cajón. —Tengo intuición.

—La intuición no sirve legalmente.

La forma fría en que lo dijo le dolió, aunque sabía que tenía razón.

—Lo sé. —susurró.

El silencio volvió a caer entre ellos.

Brigitte observó el contrato sobre la mesa. Todo aquello parecía absurdo, horas atrás tenía una vida normal y ahora estaba negociando un matrimonio falso con el hombre más intimidante que había conocido.

Sintió ganas de salir corriendo, pero no podía, porque sus bebés ya dormían, desde que murió Damiano estaban seguros, calientes y alimentados.

—¿Si investiga… y no encuentra nada? —preguntó en voz baja.

Lorenzo apoyó una mano sobre el escritorio.

—Entonces tendrá que aceptar la verdad.

La frase le dolió más de lo esperado, porque la verdad significaría aceptar que Damiano realmente los dejó fuera de todo y todavía no estaba lista para eso.

Lorenzo tomó una pluma del cajón y se la extendió.




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