Nuestro mundo real: Pasos juntos

Capítulo 1 – “Encuentro en la sombra”

El timbre de la puerta sonó justo cuando ella estaba
recostada en el sofá, con su largo cabello castaño
brillando bajo la luz del salón, cayendo en suaves ondas
que rozaban sus hombros y enmarcaban su rostro con
desordenada perfección. Su pijama rosa estaba
ligeramente arrugado, pero eso no le importaba: el
domingo había empezado tranquilo… hasta ese
momento.
Con un suspiro, se incorporó, deslizándose por el suelo
hasta la puerta. Sobre la alfombra de entrada, un paquete
rectangular esperaba con impaciencia. Lo reconoció al
instante: era su pedido más reciente.
Con manos ágiles, rasgó la cinta adhesiva y levantó la
tapa. Dentro, perfectamente embalado, descansaba un
nuevo juego que llevaba semanas esperando. Sus ojos
brillaron: no solo era su forma favorita de pasar el
tiempo, sino que además haría un contenido perfecto
para su canal de videojuegos.

Se dejó caer de nuevo en el sofá, apoyando el paquete en
sus piernas mientras leía las instrucciones con una
sonrisa traviesa. Encendió la consola y preparó la tablet
para grabar. Al principio, todo era rutina: insertar el
cartucho, elegir el modo, ajustar el sonido. Pero entonces
algo extraño ocurrió.
Un zumbido sutil recorrió la tablet, apenas perceptible.
La pantalla vibró bajo sus dedos. Primero pensó que era un fallo técnico, pero cuando intentó tocar la pantalla, un
impulso extraño la empujó hacia delante.
En un parpadeo, la luz de la tablet se expandió,
envolviéndola, y de repente se encontró siendo
absorbida.
El salón desapareció a su alrededor. La sensación de
caída la hizo gritar, aunque sin aire suficiente para que el
sonido escapara de sus labios. Todo se volvió píxeles,
colores y movimiento. Cuando abrió los ojos de nuevo,
estaba dentro del propio videojuego: un mundo vivo,
vibrante, y peligroso, con paisajes que desafiaban la
realidad y criaturas que parecían salidas de un sueño
febril.

Parpadeó, confundida, mientras sus manos aún
temblorosas sostenían la tablet, que ahora brillaba con
una luz que parecía latir. Su corazón golpeaba contra su
pecho, mitad miedo, mitad emoción. Y en algún lugar de
ese mundo imposible, sabía que la aventura que había
esperado toda su vida estaba comenzando… de la manera
más inesperada.
El mundo del juego era más vívido de lo que jamás
hubiera imaginado. Los árboles se alzaban altos y rectos,
sus hojas brillando con tonos imposibles de verde y azul,
y el suelo bajo sus pies parecía palpitar con energía
propia. Su pijama había desaparecido en el proceso:
ahora vestía una ropa ligera y flexible que no había
elegido, perfecta para moverse sin obstáculos, aunque
aún sin entender cómo había llegado hasta allí.
Apenas había dado unos pasos, maravillada y cautelosa,
cuando notó algo extraño: entre las sombras de los
árboles, una figura permanecía inmóvil. No podía
distinguir detalles, solo una silueta oscura, encapuchada,
que la observaba. Un escalofrío le recorrió la espalda.
Cada fibra de su cuerpo le gritaba que huyera.
—¿Hola? —susurró, intentando sonar valiente, pero su
voz sonaba extraña incluso para ella misma—. Eh… ¿hay
alguien ahí?

La sombra no respondió. Solo la mirada invisible de algo
desconocido, intenso, que parecía medir cada uno de sus
movimientos. Su instinto de supervivencia se encendió
como una alarma.
Sin pensarlo, giró sobre sus talones y echó a correr,
tropezando con raíces imaginarias y saltando sobre
pequeñas piedras brillantes que surgían del suelo como
trampas naturales. Su respiración se volvió rápida y
entrecortada, y su corazón latía como un tambor
enloquecido. Miraba por encima del hombro, esperando
ver que la figura la siguiera… pero la sombra permanecía
inmóvil, silenciosa, observando desde la distancia.
El miedo y la adrenalina se mezclaban con la fascinación
de estar dentro de un mundo imposible. Cada crujido de
hojas, cada susurro del viento, parecía cobrar vida, y ella
sabía, sin comprender cómo, que aquel juego no era solo
diversión: era peligro, era misterio… y alguien la estaba
vigilando.

Mientras corría, decidió que no podía detenerse. No
sabía quién o qué la seguía, ni cuánto tiempo tendría
antes de que la alcanzara. Solo sabía que tenía que
moverse… y rápido.
Corriendo a ciegas, se internó más y más en el bosque.
La niebla era tan espesa que apenas distinguía más allá
de un par de metros. Cada árbol parecía surgir de la
nada, con ramas retorcidas que se extendían como garras
y hojas que susurraban con un sonido casi humano.
El aire olía a tierra mojada y a algo indefinible, un olor
que la hacía dudar si quería seguir adelante o dar media
vuelta.
El bosque estaba vivo, y no de manera amable. Cada
sombra se movía con intenciones propias. Su corazón
latía con fuerza mientras esquivaba raíces que se
enredaban bajo sus pies y saltaba sobre troncos cubiertos
de musgo resbaladizo. El miedo se mezclaba con la
fascinación: nunca había visto algo tan impresionante… y
tan aterrador.

Miró hacia atrás. La figura encapuchada seguía allí,
parada entre la bruma, apenas distinguible, como si
flotara entre los árboles. No hacía ruido, no se movía…
pero el peso de su presencia era insoportable. Cada paso
que daba ella parecía amplificado por el silencio del
bosque, cada respiración suya se convertía en un rugido
en aquel mundo denso y oscuro.
—Esto… esto da miedo —murmuró para sí misma,
intentando controlar la voz temblorosa—. No es un juego
normal… esto es otra cosa.
El suelo bajo sus pies era irregular, lleno de raíces y
piedras que resbalaban. En cada recoveco, la niebla
formaba figuras inquietantes, y ella casi juraba que algo
se movía justo fuera de su campo de visión.
Intentó concentrarse, avanzar, sin pensar demasiado…
pero la sensación de ser observada no la abandonaba ni
un segundo.




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