Como todo ser humano, cuando nos enfrentamos a una situación incómoda o nos encontramos en alguna incógnita, regularmente buscamos alguna respuesta que satisfaga nuestra hambre de duda. Y en esta ocasión no será la excepción. Victoria se encuentra en un estado sumamente extraño. ¿La razón? Había ocurrido demasiados sucesos en tan poco tiempo que no le dio tiempo de analizar cada problemática.
Sin embargo, como le había comentado a Emma, Christian no es un problema, es algo más que eso. Para nuestra querida protagonista, reconoce que los problemas son algo difíciles de lidiar, y es lo que preferentemente le gustaría evitar, pero cuando lo analiza a profundidad, Christian es un símbolo de alegría que le genera paz y calma.
—Llegamos, Vicky, pasa, por favor.
En este punto, ninguno de los dos podía verse a los ojos. Pues temían que si alguien daba algún paso en falso, simplemente se saldría de control.
–Sí, gracias.
Queriendo romper un poco el hielo, Christian comenzó a aplicar una estrategia que comúnmente todos hemos hecho alguna vez… Evadir nuestras acciones y, al mismo tiempo, las consecuencias.
—Dime, Vicky, ¿qué te parece la oficina? ¿Muy aburrida o le falta estilo? Quisiera cambiarla para que se vea mejor.
—Mmm… Pues yo no diría que se ve aburrida, solo que a la primera impresión generaría que eres alguien que se enoja demasiado y que es muy correcto.
—¿Correcto? Nunca me habían dicho algo así. Y, para ser sincero, no me considero de esa forma. Creo que solo soy responsable.
—¡Perdón! O sea, no afirmé que lo fueras, pero tampoco dije que no lo parezca. Solo quise decir que creo que es muy formal.
—Jajaja, estoy jugando. Entendí tu punto, no estoy disgustado, solo que me gusta ver cómo te pones nerviosa ante algo que te genera una inquietud.
Victoria no pudo simular que se sentía muy nerviosa; seguía un poco concentrada en lo que había ocurrido en el ascensor y su apellido.
—Christian, eres malo para las bromas, porque se supone que deberían dar risa… y tú solo me asustas.
–No creo que sea bromista, solo soy alguien que se divierte.
—Ah, entiendo, entonces, ¿te divierto?
–Muchísimo. Y no me lo tomes a mal, pero cuando estoy a tu lado, creo que la vida pasa más rápido, pero menos estresante.
Esas palabras reconfortaron a Victoria; ya sabía que al menos él no estaba molesto; probablemente algo anteriormente lo había hecho disgustar. Y después de pensarlo un rato, había llegado a la conclusión de que hasta el momento no había visto a Christian enojado.
Pero algo había interrumpido sus pensamientos: era que George había llegado con el «encargo» de Christian.
—Sr. Christian, le vengo a entregar lo que me pidió; se ve muy rico.
Era la comida que había pedido para que ambos pudieran disfrutar de una comida tranquila.
—Gracias, George. Un favor, cancela mis citas restantes. Quiero tomarme el resto del día para descansar.
—Está bien, yo lo resuelvo. Con permiso.
Al oír esas palabras, Victoria dudó un poco si podía preguntarle por qué había decidido cancelar sus citas. Ella solo sabía que en ese momento tenía tiempo. ¿Pero el resto de la tarde? ¿Qué tenía que hacer?
—¿Quieres preguntarme por qué cancelé mis citas, verdad?
Sonrojada le dijo: —¿Acaso sabes leer mentes o algo así?
—Es increíble que le haya atinado. Solo fue una pequeñísima suposición.
—Pues acertaste bien, me generó duda, pero tampoco me quita el sueño. —Dijo molesta, pero precavida.
Te ruego que no te molestes; te dije que me gusta jugar y platicar contigo. Y quiero seguir así. Sí, cancelé mis citas fue porque quiero dedicarme a buscar el mejor restaurante para el cumpleaños de tu mamá; me gusta ser detallista en lo que me interesa y esta situación lo amerita, por lo tanto, prefiero buscar y así aprovecho para descansar.
—Ya veo, si dices que es por eso, creo que voy a creer en ti, y no preguntaré más.
–¿Dudas de mi palabra? ¿Qué puedo hacer para que la señorita Parker pueda creer en mí?
—Nada, no hay nada que hacer… Y no me llames por mi apellido.
—¿Qué tiene de malo tu apellido?
Victoria dudó un momento. ¿Era ese el momento adecuado para comentar sobre lo de su apellido después de que las cosas ya se calmaran?
—No tiene nada de malo… Es que, mira, cuando íbamos en el auto me preguntaste mi apellido y, cuando te lo dije, tu actitud cambió. Y… no sé, eso me hizo sentir rara. No entiendo qué pasa con mi apellido para ti, pero, si significa algo, me gustaría que me lo dijeras. No quiero quedarme con esa duda.
Era la primera vez que Victoria hacía algo así; no significa que sea malo. Al contrario, significa que es una chica que comienza a aprender sobre sí misma; en este caso, confronta su malestar.
—Ya veo, eso es lo que te tiene preocupada desde que llegamos aquí. Para empezar, quiero disculparme sinceramente si es que notaste alguna reacción negativa de mi parte; de verdad no fue mi intención. La razón de por qué reaccioné de una mala manera fue porque hace años escuché ese apellido. Precisamente lo escuché en mi casa; era de una sirvienta. No conozco su nombre, ya que mis padres acostumbran a llamar al personal doméstico por sus apellidos. Pero fue todo; no me gustaría que tuvieras una idea mala.
La perspectiva de Victoria cambió mucho al escuchar esa respuesta. Realmente, ni ella se había imaginado que esa era la verdadera razón. Aunque ella seguía con una duda. ¿Qué tan importante tuvo que ser esa sirvienta como para que Christian no la haya olvidado? Pero, al ver que todo el ambiente se había relajado, prefirió no preguntar y pasar de largo el tema. Pues ya había resuelto la incógnita principal, su apellido.
—Comprendo, Christian, la verdad no imaginé que fuera eso. Pero me alegra saber que no fue nada malo. Gracias.
—¿Por qué me das las gracias?
—Por darme una respuesta.
Christian se sentía confundido, pero decidido a dar su siguiente paso. Tomó las manos cálidas de Victoria y, mirándola a los ojos, le confesó lo siguiente:
Editado: 10.04.2026