Nuestro Último Atardecer

Capítulo 10: Alicia

Varias semanas después, y rompiendo con todas las estadísticas, Nuestro Último Atardecer ocupaba ya los primeros puestos en las listas de ventas.
La obra literaria había sido ampliamente acogida, sobre todo entre el público adolescente. Aunque tal vez parte de esa fama se debía a la popularidad del joven heredero, quien no dudaba en promocionarla siempre que tenía oportunidad, pese a las continuas quejas de Sara.

Mientras tanto, ella, algo sobrecogida por tan repentino éxito, intentaba en la medida de lo posible llevar una vida normal, como una estudiante más…

—Muchas gracias por ayudarme, Sara. Sé lo ocupada que estás ahora con la promoción de tu libro, pero las matemáticas no resultan tan complicadas cuando las explicas tú.
—No tienes nada que agradecerme, Mike. En realidad, necesitaba un respiro —dijo con cierto reproche.
—Roswell te ha tenido muy atareada. Apenas te hemos visto estas semanas —añadió él, usando el mismo tono.
—Por suerte hoy tiene esa “cita” con Al, así que estoy completamente a tu servicio —bromeó—. Solos tú y yo.
—¿Recuerdas cuando éramos tú, yo y Allen? Solo nosotros tres —inquirió Mike.
—Sí —afirmó ella con un nostálgico suspiro—. En aquellos días pasábamos las tardes en la calle, con las bicicletas o jugando al básquet. Hasta que Alicia entró como un torbellino en nuestras vidas… y de alguna manera todo cambió. Ella nos completó de una forma muy extraña.
—Es verdad. Nunca ha sido como nosotros y, por eso, siempre he temido que llegara el momento en que nos abandonara de igual manera. Sobre todo, tras la partida de Allen.
—Mike, no digas eso. Sabes muy bien lo que siente por ti.
—Precisamente por eso. Desde lo que pasó en el barco, algo ha cambiado entre nosotros. Creo que sus sentimientos se están enfriando.
—Eso no puedo creerlo.
—Sara, besó a otro. ¿Qué prueba quieres?
—Bueno… —Sara no encontraba la manera de contradecir lo que parecía evidente—. Pues tendrás que contarle la verdad.
—Sí, ya lo había pensado. Pero una vez lo haga, no habrá marcha atrás… ni siquiera para ti.
—No pienses en eso. Hazlo, o la perderás para siempre.

Mientras tanto, Alicia disfrutaba de su día. Kai la había llevado a un lugar donde solo las clases más altas podían permitirse pasear por sus paradisíacas calles. Mansiones, coches de alta gama y tiendas exclusivas que ella no podía permitirse ni soñar.

Tras una intensa tarde de compras, el joven heredero había reservado una mesa en su restaurante favorito, Le Petit Desiré. Recordando lo ocurrido cuando había ido allí con Sara, especificó al maître que los ubicara en un reservado para evitar molestias.

—Kai, muchas gracias por este magnífico día. Ha sido uno de los mejores de mi vida —comentó Al, mientras el camarero la ayudaba a acomodarse.
—Me alegra que hayas disfrutado. Pero no tienes nada que agradecerme… Lo cierto es que hay algo que me gustaría pedirte a cambio.
—Lo sé, ya lo imaginaba. Quieres hablar sobre Sara, porque estás enamorado de ella, ¿no es cierto?
Kai soltó una carcajada.
—Vaya, eres muy lista. Más incluso que Sara.
Alicia rio con sorna.
—No hace falta que me hagas la pelota. Sé muy bien que eso no es cierto.
—Te equivocas. Tú posees otro tipo de inteligencia, una de mayor utilidad para esta vida.
A Alicia le gustó la idea de ser mejor en algo que Sara.
—Vale, dime. ¿Qué quieres saber de ella?
—Bueno… no es de Sara de quien quiero hablar. Es de Allen.
—¿De Allen? Ah… ya entiendo. Quieres estudiar a tu enemigo —dedujo.
—Solo quiero saber cómo es. Si es cierto que es ese ser tan perfecto que describen siempre Sara y Mike.
—Para nada era perfecto. Más bien, diría que era el típico macarra de clase.
—¿Macarra? —repitió Kai, frunciendo el ceño con desconcierto.
—Sí. Venía a clase cuando le daba la gana, nunca traía los deberes hechos, actuaba como si estuviera por encima de todo; era el único de todo el colegio que asistía con ropa de calle, y lo peor es que las hermanas se lo permitían. Yo lo envidiaba. A mí me reñían solo por llevar la falda un par de centímetros más corta —se quejó.
Kai soltó una risita divertida.
—Esto es justo lo que quería oír. ¿Así que no es el hombre que me han hecho creer?
—Qué va. Antes de conocer a Sara, su único amigo era Mike. Tenía una personalidad oscura y solitaria. Aunque era guapo, y eso le daba un toque misterioso y atractivo —añadió—. Aun así, nadie se atrevía a dirigirle la palabra.
—Entonces todo cambió con la llegada de Sara —dedujo Kai.
—Podría pensarse, pero no exactamente. Tal vez ella aportó algo de luz a su personalidad y por eso se convirtió en el mejor estudiante de la escuela. Pero Allen siguió siendo Allen. Después, cuando ya formaba parte del grupo, me di cuenta de que una vez te acepta en su vida, te trata de una forma completamente distinta: se convierte en el mejor amigo, alguien que se preocupaba por mí, en quien podía confiar.

—¿No tienes eso con Mike y con Sara?
—Lo tenía, pero nuestra relación ha cambiado desde que ya no está. Allen es mi amigo y ojalá regresara, pero hace ya mucho tiempo que se fue y tal vez eso nunca ocurra.
—Eres la única de vosotros tres que piensa así.
—Ese es el problema, que ellos no quieren aceptarlo, ni siquiera quieren oír hablar del tema.
—Dímelo a mí. Cada vez que lo he intentado, se me han echado al degüello.
—Exacto, y siento que eso me aleja de ellos, mientras que Sara y Mike están más unidos que nunca, y esa es una carga que a veces es muy difícil de soportar.
—Y… si te hace tanto daño, ¿por qué continúas aguantando esa situación?
—Por la misma razón que tú —le replicó.
—Tuche.
—Más de una vez lo he pensado, pero no sé qué sería de mí entonces. Ellos, en cierto modo, me salvaron la vida —confesó Al, con una profunda expresión de tristeza.
—¿A qué te refieres? ¿Qué fue lo que pasó?
—Fue hace mucho tiempo, cuando yo aún era una joven feliz, saliendo con mi grupo de amigas y formando parte, simplemente, como una más de la clase. Hasta que un día, todo mi mundo se derrumbó de golpe cuando la empresa donde trabajaba mi madre fue acusada de cometer fraude, engañando a la gente para que metiera su dinero en unos fondos que no existían. A mi madre la inculparon como parte de esa trama y fue a la cárcel. Muchas familias de esta ciudad perdieron los ahorros de su vida, familias cuyos hijos iban al mismo colegio que yo.




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