Música, luces, alegría.
Eso era lo que se veía, una suave brisa pasaba por el rostro de Cedric y Evangeline, que se encontraban bailando. Ella usaba un hermoso vestido azul de noche; cuando giraba, la tela en sus manos giraba con ella, parecía una mariposa en vuelo.
Siguieron bailando como si solo fueran ellos dos en el mundo, a pesar de nunca haber bailado juntos, se complementaban a la perfección; sus pasos eran ligeros,en ningún momento del baile dejaron de verse a los ojos, llenos de amor.
Estaban tan inmersos uno en el otro que el lugar donde estaban había cambiado. No era el castillo de Verklig. No era Impius. Y mucho menos era Towerkuns.
Bailaban en un pasillo grande, era tan grande que pudiera confundirse con un salón de baile. Estaba en completa oscuridad, si no fuera por la luz de la luna que entraba por los enormes ventanales, estarían en completa oscuridad.
Pero los enamorados estaban demasiado ocupados para notarlo.
Cedric se acercó más a Evangeline, acortando la distancia entre sus labios. El beso era tierno, cálido. Lo hacía sentir que ella era lo único que necesitaba para vivir.
Al separarse Cedric sintió que el cuerpo de Evangeline se separaba, que desaparecía tan rápido como si jamás hubiera estado ahí. Lo hubiera creído si no fuera porque ese vacío vino acompañado de un grito, un grito que pudo desgarrar la garganta de cualquiera.
A sus pies, se encontraba un gran pozo en el piso, él estaba parado justo en la orilla y el grito de Evangelien provenía de ese hueco oscuro.
—¡EVIE!— gritó Cedric, observando el pozo con temor pero sin percibir respuesta —¡EVANGELINE!.
Estando apunto de saltar un estruendo se escuchó detrás de él y antes de que pudiera reaccionar, un golpe en la cabeza lo tiró al suelo.
En el momento que sintió su cuerpo caer al suelo. Cedic despertó, aún en Verklig, en la habitación donde Dago lo había dejado. Estaba sudando frío y con un dolor de cabeza,
—¿Esto qué significa?— Cedric se sentó en la cama, pensando en ese sueño; observó todo el lugar y vio que aún era de día —¡Evangeline!— fue el pensamiento que lo hizo salir disparado de la habitación. Los gritos en ese sueño, no dejaban de resonar en su cabeza. ¿Qué era ese lugar?. ¿Qué significa ese pozo?.
No sabría con exactitud cuánto tiempo estuvo corriendo, ni cuantos lugares de ese laberinto en forma de castillo visitó; de alguna forma pudo salir al jardín donde tropezó con Evangeline. En el momento que la vio, la jalo hacia él, abrazándola con todas sus fuerzas.
Desesperadamente tocaba su cabello, al separarse inspeccionó con la vista, tocaba su cara. Con la preocupación de que de verdad le hubiera pasado algo.
—Cedric, ¿qué pasa?— preguntó Evangeline aún en los brazos de Cedric. Aunque no quería, se separó de Cedric lentamente pero sin alejarse lo suficiente, viéndose mutuamente sin decir nada.
Estaba sudando, agitado; sus hombros se movían de arriba a abajo, bajando la intensidad de su respiración a medida que pasaban los segundos; sus manos seguían aferradas a los brazos de Evangeline, no tan fuerte como para lastimarla, pero no tan suave como para que se fuera, con un miedo de que ese pozo apareciera y la hiciera caer. Su blanco cabello estaba desordenado, pareciendo que no lo hubiera peinado en todo el día; pero sus ojos, esos suaves ojos cafés eran los protagonistas de su atención. Esos ojos con los que había estado soñando por años, finalmente estaban frente a ella, ni siquiera lo dudaba. Era él. La que poseía magia era ella, pero ambos parecían estar bajo un hechizo.
—¿Estás bien?— preguntó Evangeline nuevamente para romper el silencio.
—S…si— dijo con la garganta seca, después de ese gritó que dió al despertar, esas palabras habían sido lo único que había dicho antes de quedarse profundamente dormido. Carraspeo poco antes de volver a hablar. —Estoy bien, solo fue un sueño.
—No parece que estés así solo por un sueño.— Evangeline apartó los cabellos rebeldes de la frente de Cedric, sin dejar de mirarlo, pasó sus dedos por el resto de su cabeza, acariciando su cabello y tocando su cabeza pero cuando su mano la tocó completamente; Cedric realizó una mueca de molestía a lo que Evangeline quito su mano rápidamente y apenada. Al darse cuenta de la acción de Evangeline se apresuró a excusarse.
—Lo siento, no quise incomodarte. Solo que desperté con un poco de dolor de cabeza.
—Sígueme, sé de algo que te servirá. Y puedes contarme tu sueño.— Evangeline tomó a Cedric del brazo, guiandolo dentro del gran jardín. Sin darse cuenta que alguien los observaba desde dentro del castillo. Un príncipe, celoso de que ella hubiera seguido su vida y él se hubiera quedado en el pasado.
⧫⧫
—Cuando sentí mi cuerpo en el suelo, desperté. Y cuando desperté tenía este horrible dolor de cabeza.— Evangeline sentó a Cedric en un banco muy parecido a los que estaban en el jardín de la tumba de su madre, mientras él seguía hablando, ella cortó una flor. Una flor lila, era un capullo jovén, aún sin florecer. Se sentó junto a Cedric al tiempo que quitaba los pétalos.
—¿Qué tan acertadas son tus predicciones?.— inquirió Evangeline. Había estado pensando en algún lugar con la descripción que Cedric dió, pero no había estado en un lugar parecido. Los pétalos que iba arrancando de la flor los deposita en su falda .