Nuestros sueños

capítulo 15

  • Yo ya había estado aquí - Frankelda.

—”Después de recorrer el camino que las llevaba a la que era la biblioteca oculta. Y digo “era”, porqué ni mi existencia, mi habitación, mi jardín y la biblioteca eran un secreto para nadie. Pero Freya y Lana estaban jadeando con la respiración agitada. No estaban tan acostumbradas a caminar a mi ritmo; se veían tan graciosas. Hasta Audrey ha disimulado un poco más su cansancio”.

Entraron a duras penas a la biblioteca, esperando encontrar a Anya. No tuvieron que adentrarse en ella para encontrarla. Anya estaba sentada en uno de los grandes sillones, sin embargo no estaba sola.

Estaba con Dago. Cada uno leía un libro diferente, no había notado lo parecidos que eran.

Anya se acercó a su hermano, movió su hombro para llamar su atención. Cuando él dirigió su mirada a ella, Anya le mostró una parte del libro que ella estaba leyendo. No lograban escuchar lo que hablaban pero parecen divertidos; Dago leía lo que Anya le había señalado y soltó una carcajada que nunca había escuchado salir de él.

Podría decirse que ahora Dago paracia otra persona. Verlo tan diferente, la ponía a pensar, ¿qué había sido de él?, ¿dónde estuvo ese hombre que está dispuesto a enfrentar todo por su hermana pequeña?, una persona que pudo resultar hasta agradable, ¿cómo pudo ser amigo de personas como Tristan y Cris?, ¿qué tan diferente era él, de ellos?.

Por un momento pensó en no interrumpir ese momento. Sin embargo ella también quería pasar tiempo con su amiga, además Anya nunca le perdonaría que hubiera salido sin ella. Se acercó al sillón donde los fallus estaban sentados, se quedó detrás de Anya y le tapo los ojos.

—¿Quién soy?— entonó Evangeline en una pregunta.

Anya quito las manos de sus ojos suavemente.

—Vaya, vaya. Tienes el sueño pesado, ¿eh?— bromeó Anya.

—¿Evangeline con el sueño pesado?. Esta mujer lo que menos conoce es el descanso.— interrumpio Freya, haciendo que Anya y Dago se dieran cuenta de la presencia de las tres mujeres.

—¡Hola!, por la corona. No sabía que estaban aquí— Anya se levantó del sillón y fue directo a abrazar a sus nuevas amigas.

—Llegamos hace poco y Evangeline ya nos está sacando de aquí.

—¡Ujum!— carraspeó Dago, esperando que las señoritas se acordaran que el estaba presente.

—¡Oh!, perdón— musitó la rubia princesa, disculpándose con su hermano —Creo que no las presente antes.

Anya acercó a Lana y Freya a Dago.

—Él es mi hermano mayor, Dago, principe heredero de Fallus.

—Claro, tuvimos el…gusto de conocerlo en ese baile— dijo Freya con una evidente ironía y un especial énfasis en la palabra gusto.

—Lamento que tuvieran esa primera impresión de mí.

—A mí, me parece que no lo lamentaban mucho— intrigó Audrey que tenía una sonrisa maliciosa en el rostro. Sembrando cizaña.

—Audrey. Saliste de tu escondite.

—¡BUENOOO!— interrumpió Evangeline la tensión que se empezaba a formar —He venido a robarme a tu hermana, Dago. Pero prometo que te la devolveré sana y salva.

Evangeline tomó a Anya del brazo justo como lo había hecho con sus amigas hace unos momentos. Con su otro brazo, jaló a Audrey

—Y no te preocupes, volveremos antes de la cena y tal vez te compremos algo. ¡Adiooos!

⧫⧫

Finalmente las cinco ya estaban en camino a la salida. Todas hablaban de todo y de nada, como siempre la más parlanchina era Evangeline. Sin embargo una melena blanca llamó su atención desde la ventana. Cedric que ya se encontraba solo pero seguía en el jardín bajo la sombra del árbol.

Cada que lo veía o veía algo que le recordará a él, sentía como su corazón latía con más fuerza. –”Tenía tantas ganas de hablar con él. Ya empezaba a extrañarlo. Ni siquiera habíamos cruzado palabra ese día y ya me empezaban a sudar las manos. Tan solo quisiera tener una excusa para verlo discretamente”.

Y fue cuando recordó las palabras de Freya. Y paro de caminar en seco.

—¿Te sientes bien?— preguntó Lana.

—Sí, solo que he olvidado algo en mi habitación. Adelantense, las alcanzo en un momento.

Antes de irse Anya se acercó a ella.

—¿Quieres que te acompañe?— preguntó a una Evangeline que ya se encontraba a unos tres metros lejos de ella.

—¡NO, GRACIAS!— gritó con fuerza gracias a que estaba cada vez más lejos.

Podría decirse que camino pero en realidad corrió lo más pronto que pudo hasta su habitación.

Y en un viejo baúl de recuerdos también se encontraban la mayoría de sus pasatiempos abandonados. Del fondo sacó una caja de madera con manchas de diferentes colores. Tal vez antes fue una caja de madera completamente lisa con una capa de barniz que le daba un brillo protector, pero con el pasar del tiempo se agregaron los colores que ahora estaban. Hasta que un día se quedó en el fondo de esa caja.

Tomó la caja y salió a su jardín secretó. Donde sabía que estaba Cedric.

—Evie, ¿ha pasado algo?— dijo el peliblanco que se encontraba leyendo un libro bajo el árbol. Como ella solía hacerlo.



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En el texto hay: dragones, drama amor, magia reina

Editado: 09.04.2026

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