*****Bosques Helados, Cerca Del Cinturón De Montañas*****
*****Caida De Swordland, Día Cero*****
Desde la llegada de Einar y Esben, Milo se sentía inquieto, se sentía observado y desde que los encontró apenas y había cruzado palabra con los Andleanos, Milo decidió seguir adelante sin detenerse, había algo en su interior que le decía que era una trampa; la noche había caído y Esben y Einar veían como se adentraban más al bosque y así como el caballero, ellos también sospechaban que alguien los estaba siguiendo, pero también sabían que debían hablar con el caballero y Einar se acercó -Permitame contarle nuestra situación, estamos corriendo peligro aquí, alguien nos está siguiendo- dijo Einar -Guarda silencio- dijo Milo -Por favor escúchame- dijo Einar y Esben también se acercó a ellos -Se que ya te diste cuenta, los que nos están siguiendo son los cazadores- dijo Esben -¿Los cazadores?- pregunto Milo -Si, son un grupo de elite, Swordland no está al tanto de ellos porque son un grupo de élite que actua de forma secreta en Andlang- dijo Esben -Si es cierto eso, no podemos detenernos a ser blanco facil para ellos- dijo Milo -Pero también corremos el riesgo de encontrar a mi padre, caballero liberanos todos corremos peligro.
Dentro del carruaje la reina iba durmiendo y el pequeño Benett aburrido de tanto viaje, vio las armas en el otro lado del carruaje y liberandose de la capa de la reina que lo cubría se acercó a mirar las armas, Benett se movió evitando hacer movimientos brusco para no despertar a su madre ya que sabía que si lo veía jugando con armas lo castigaría, el pequeño principe saco una de las hachas de Esben y la recorrió con sus manos, gracias a que Mendo cada que podía lo llevaba al campo de entrenamiento, Benett podía identificar la mayoría de armas así como tenía entendimiento de algunas formas de pelear con ellas, sin darse cuenta su hermano mayor había despertado en él una pasión por las armas y la guerra -Estan increíbles- dijo Benett en voz baja y como si fueran joyas delicadas el principe las tocaba delicadamente y con una emoción que reflejaba en su mirada, estaba frente a armas Andleanas, por lo que le contó Mendo los Andleanos eran un pueblo vikingo, ellos creían que todas sus armas tenían un espíritu viviendo dentro de ellas, incluso para mantener ese espíritu fuerte, algunas armas eran bañadas en sangre de animales o sangre humana y algunas llevaban huesos en sus empuñaduras pues esto las hacía más fuertes, incluso el metal del que eran hechas provenía de la montaña que dividía su lago de el mar del Este, para Benett era estar viviendo un sueño y sin duda sería algo que le presumiria a Mendo cuando lo volviera a ver. Ahí fue cuando de reojo vio como de la funda de cuero salía un destello azul, el color metálico de la espada que por un breve momento se iluminó por la luna, Benett dejo la hacha y con cuidado fue sacando la espada de su funda, las hachas eran hermosas pero la espada la superaba mil veces más, el filo de la espada tenía tonos azules que variaban entre sí dándole una apariencia de llamas, la empuñadura estaba tallada de marfil y el pomo tenía la forma de una cabeza de lobo; la empuñadura estaba fría parecía estar tocando hielo pero cuando la sujeto con ambas manos para levantarla se fue calentando de una manera anormal, el corazón del principe latia a gran velocidad, Benett no distinguía si era por miedo o emoción, sentía una corriente de calor recorrer todo su cuerpo, sentía poder y de pronto una pequeña llama de Fuego azul broto de la punta haciendo que Benett se asustara y dejara caer la espada despertando a la reina la cual saco sus espadas y se puso en guardia buscando a su hijo pero solo vio al pequeño quien se había caído del susto -¿Benett que estás haciendo?- pregunto la reina para después guardar sus espadas -Mami la espada- dijo Benett señalando el arma y la reina parecía impresionada ¿Que hacia la espada del Guardian ahí?.
La reina abrió la ventana que la comunicaba con el soldado que llevaba su carruaje -¿Dónde está Milo?- pregunto Eira con un tono algo alterado -Mi reina Milo se encuentra al frente con los prisioneros- dijo el caballero -Dile que se detengan- dijo la reina y el caballero dió la orden, Milo sorprendido se regresó con su caballo a ver si la reina necesitaba algo pero está bajo azotando la puerta dejando adentro a Benett -¿Mi reina pasa algo?- pregunto Milo mientras bajaba de su caballo -Milo no crees que debiste haberme informado sobre que está ocurriendo- dijo Eira con molestia -Disculpeme mi reina pero no tengo información que sea segura, además tenemos sospecha de estar siendo perseguidos- dijo Milo pero la reina lo paso de largo con dirección a los prisioneros y ahí vio a alguien conocido -¿Esben que haces aquí, dónde está tu padre y Gerd?- pregunto Eira, Esben al verla se inclino sobre una rodilla en forma de respeto, llamando la atención de Einar y Milo, -Disculpe reina cazadora, de informarme su caballero que nos acompañaba habría tratado directamente con usted, déjeme decirle que es un honor estar ante la presencia de una leyenda en Andlang- dijo Esben de la manera más respetuosa posible -Tranquilo Esben, no es necesario tanto halago, recuerdo que antes me llamabas tía, por cierto que grande estás, pero insisto ¿Dónde está tu padre y Gerd y que hacen con la espada del Guardian?- dijo la reina, al principio Einar se había mantenido de pie mirando a la reina pero al entender quien era, Einar en un movimiento rápido acompaño a su primo inclinándose sobre la nieve -Reina cazadora, mi padre está muerto...- por un momento Einar se detuvo sin saber cómo seguir -Mi padre lo asesino y yo mate a su hermano, Einar es el último de su familia que aún sigue vivo y mi padre ahora quiere matarnos debido a que pretende hacerse con la espada del Guardian y así invadir Swordland. -Muchacho levanta la cara quiero verte mejor- dijo Eira y Einar obedeció, ella al instante reconoció los rasgos de Gerd en el muchacho -¿tu padre era Gerd?- pregunto sorprendida la reina -Asi es, el me heredó su voluntad de traer paz a Andlang y para eso me encargo llevar la espada del Guardian a el Rey Quinto, el me dijo que el Rey sabría que hacer- dijo Einar suplicando por qué los ayudarán y en el rostro de la reina parecía más preocupado -¿Mandaron a los cazadores tras ustedes?- pregunto Eira -crei haberlos matado a todos pero parece que algo nos observa entre la vegetación- dijo Esben -si conozco bien a mi padre vendrá tras nosotros tras la falla de los cazadores- dijo Esben y mientras ellos conversaban Milo se encargo de liberar a los jóvenes Andleanos -no se que ocurrió en Andlang y el porque atentaron contra tu tío y primo pero si sigues aquí con Einar me dice mucho de ti, confiaré en lo que dices Esben pero por el momento no podemos regresar a Swordland, ahí también la cosas han cambiado- dijo la reina y después miro a Milo -con cuidado da la orden de dar la vuelta nos iremos a la ciudad de la Reina Tejedora y dales sus armas a estos muchachos- dijo Eira mientras analizaba el terreno buscando a quien los vigilaba, un silbido llamo su atención y mirando con atención la reina esquivo una lanza que terminó clavándose en la nieve; toda la guardia de la reina veía como alrededor de la caravana varias llamas surgieron de la oscuridad -¡ESCUDOS!- grito Milo y saco un cuchillo con símbolos tallados en el filo, los demás soldados también hicieron lo mismo y juntando sus manos al unisono dijeron -¡Libro de vida 14, Escudo Marchito!- y de los cuchillos broto la magia que formó un domo que cubrío a la guardia real -Milo que alguien cuide a Benett- dijo la reina -Reina Eira usted debería regresar al carruaje, nosotros nos encargamos- dijo Milo -Milo es una orden, yo me quedaré aquí, me necesitan, estás armas son de Andlang- dijo Eira llamando la atención de los primos, Esben se dió cuenta que esa lanza era la de su padre -Pero reina Eira...- dijo Milo pero Esben hablo -Si quiere puede ir mi primo a cuidar el carruaje- para el Andleano mandar a su primo fuera del campo de batalla le beneficiaria más que tenerlo ahí, entendía que algo le había pasado a Einar y no servía para este tipo de combate -Si, que vaya- dijo Eira y Esben empujó a su primo para que fuera al carruaje -si algo sale mal, busca la manera de huir con la espada- dijo Esben antes de que Einar se fuera, Einar llegó al carruaje y al entrar llamó la atención de Benett -¿Quien eres?- pregunto el príncipe -La reina Eira me mandó, yo te protegeré.