Nuevo Amanecer: Noches de Masacres capitulo 18: un atardecer de dolor
Kael y Jessica caminaron hasta el viejo almacén sin hablar. La tarde parecía más pesada que otras veces, como si el aire mismo dudara. Aun así, era la hora acordada, así que Jessica tocó dos veces.
Silencio.
Luego, la puerta se abrió sola, despacio, apenas dejando una franja de oscuridad.
—Adelante —dijo la voz del hombre desde adentro.
Entraron.
El olor a madera vieja, herramientas olvidadas y polvo hacía que cada paso sonara como una decisión irreversible. Al fondo, sentado y con la mirada fija, estaba él: el mismo hombre de la plaza, calmado, sin restos de pánico ni de confusión.
—Supongo que quieren respuestas —dijo sin levantarse.
Kael no contestó.
Jessica tampoco.
La mirada del hombre brilló un instante, como si eso le bastara.
—Primero, quiero que respondan algo. ¿No han notado… nada extraño?
Jessica habló con cautela. —Aparte de que están asesinando gente… no.
Kael sí pensó unos segundos antes de responder. —Todo se siente distinto, pero no sé definirlo.
El hombre asintió, satisfecho.
—Exacto. No saben qué es… pero lo sienten.
Luego se levantó. Su sombra se alargó entre las cajas.
—Entonces escuchar esto no será tan difícil: todo comenzó desde el mismo día en que llegaron los forasteros.
Jessica tensó los hombros. —¿Qué está diciendo?
—Nada más que la verdad. Antes de su llegada, Nuevo Amanecer no era perfecto… pero era estable. No había miedo, no había encerramientos, no había desapariciones. A partir de su llegada, la calma se rompió.
Kael respiró hondo. —¿Está insinuando que ellos tienen la culpa?
—No. —el hombre negó suavemente— No dije eso. Dije que su llegada marcó el inicio. Nada más.
Eso era peor que una acusación.
Era un dato.
Frío.
Inalterable.
—Y hay algo más que deben asumir —continuó—. Si revisan cada muerte, cada ataque, cada desaparición… notarán el mismo patrón.
Jessica frunció el ceño. —¿Cuál patrón?
El hombre se acercó un poco, sin intimidar, pero con firmeza.
—Todo ocurre de noche.
Sin excepción.
Silencio.
Kael recordó.
Leslie…
La pareja…
Los gritos…
Siempre en la oscuridad.
Jessica tragó saliva. —Durante el día… no pasa nada.
—Exacto —confirmó él—. El día es solo la pausa. El descanso. El margen en el que todos fingen normalidad. Pero la noche… la noche es la hora en que la historia vuelve a escribirse.
Luego se apartó y abrió la puerta.
—Por eso están aquí. Hoy inicia el primer intento. No quiero que huyan, ni que se mezclen con el miedo. Hoy, simplemente estarán fuera. Caminando. Observando. Viviendo el día completo sin esconderse ni repetir lo que hacen todos los demás.
Kael alzó la mirada. —¿Y eso… cambiará algo?
—Tal vez sí —respondió el hombre—. Si el ciclo solo se rompe desobedeciendo el miedo… hoy lo desobedecerán.
Jessica inspiró hondo.
—¿Y si falla?
—Entonces mañana será igual que ayer. —respondió él— Pero si funciona… el amanecer ya no será solo una pausa. Será el inicio de otra cosa.
La luz del atardecer entró con fuerza cuando la puerta se abrió de par en par.
—Desde la llegada de los forasteros, las noches se volvieron mortales —concluyó—. Si el día es lo único que no mata, entonces hoy… lo usaremos.
Kael y Jessica salieron.
El almacén quedó detrás, silencioso, intacto.
Y frente a ellos, el pueblo entero…
esperando la caída del sol.
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Editado: 26.12.2025