Nuevo Destino pt1

Capitulo 5- la diosa de la luz

Oscuridad.

Eso fue lo primero que Aron sintió.

No había frío ni calor. No había viento. Tampoco podía escuchar el ruido de la ciudad.

Solo silencio.

Aron abrió lentamente los ojos.

—¿Dónde estoy...?

Intentó mirar a su alrededor, pero no consiguió distinguir absolutamente nada.

No había paredes.

No había suelo.

Ni siquiera podía saber con certeza si estaba de pie o flotando.

—¿Por qué está todo oscuro?

Su propia voz parecía perderse en aquel extraño lugar.

Aron comenzó a caminar lentamente.

—¿Hay alguien?

Nadie respondió.

Entonces, una voz femenina apareció desde la oscuridad.

—Hola, Aron.

El joven se quedó completamente quieto.

—¿Quién sos?

A unos metros de él apareció una pequeña luz.

Al principio era apenas un punto brillante, pero comenzó a crecer lentamente.

La luz tomó forma hasta convertirse en una figura femenina.

Aron la observó con desconcierto.

—Mi nombre es Lexia.

—¿Lexia?

—Así es.

La joven sonrió tranquilamente.

—Soy la diosa de la luz.

Aron permaneció en silencio durante unos segundos.

—¿Una diosa?

Miró nuevamente a su alrededor.

—No entiendo nada. ¿Qué es este lugar?

Lexia se acercó unos pasos.

—Un lugar entre mundos.

Aron frunció el ceño.

—¿Entre mundos?

—Antes de explicarte todo, hay algo que necesitás saber.

La expresión de Lexia se volvió más seria.

—Aron... has muerto.

El joven se quedó inmóvil.

Por unos segundos no reaccionó.

—¿Qué...?

—Tu vida en aquel mundo terminó.

Aron bajó lentamente la mirada.

Los recuerdos comenzaron a regresar.

La discusión con Lucía.

Su habitación.

María.

Mochi.

El supermercado.

La motocicleta.

Todo parecía suceder nuevamente dentro de su cabeza.

—Entonces... ¿realmente morí?

Lexia asintió.

—Sí.

Aron cerró los ojos.

Aunque ya no sentía dolor, una extraña tristeza apareció dentro de él.

—No pude despedirme de nadie...

Lexia permaneció en silencio.

—Pero tu historia no tiene por qué terminar aquí.

Aron levantó la mirada.

—¿Qué querés decir?

Lexia extendió una mano.

Dos luces aparecieron frente a ellos.

Una era blanca.

La otra tenía un brillo diferente, lleno de colores que Aron jamás había visto.

—Puedo ofrecerte una segunda oportunidad.

Aron observó ambas luces.

—¿Una segunda oportunidad?

—Sí.

Lexia señaló la primera.

—Podés reencarnar en tu propio mundo. Volverías a nacer como un bebé y comenzarías una nueva vida.

Después señaló la segunda.

—O podés viajar a otro universo. Un mundo completamente diferente al tuyo.

Los ojos de Aron se abrieron un poco.

—¿Un mundo diferente?

—Un mundo donde existen la magia, criaturas fantásticas y diferentes razas.

Aron comenzó a pensar.

Era difícil procesar todo aquello.

Hacía unos minutos creía que su vida había terminado.

Ahora una diosa le estaba ofreciendo comenzar nuevamente.

—¿Y puedo elegir algo para mi nueva vida?

Lexia sonrió.

—Tu deseo tendrá ciertos límites, pero podrás elegir una habilidad o poder especial que te acompañará.

Aron permaneció pensativo.

Entonces recordó algo.

—¿Y puedo llevar conmigo a alguien?

Lexia lo miró.

—Podés llevar a un ser de tu antigua vida, siempre que sea alguien realmente importante para vos.

Aron no tardó en responder.

—Entonces quiero llevar a Mochi.

Lexia parpadeó.

—¿Tu gato?

—Sí.

Aron sonrió.

—Quiero que venga conmigo.

La expresión de Lexia se suavizó.

—¿Estás completamente seguro?

—Cien por ciento.

Lexia levantó una mano.

—Entonces así será.

Una luz comenzó a aparecer detrás de ella.

—Pero hay algo más que voy a concederte.

Aron la miró con curiosidad.

—¿Qué cosa?

—Podrás comprender y hablar todos los idiomas de ese mundo.

Aron levantó una ceja.

—¿Todos?

—El idioma humano, el de los demonios, el de las bestias...

Lexia sonrió.

—Y también el idioma de los animales.

Aron quedó sorprendido.

—Entonces... ¿podré hablar con Mochi?

—Exactamente.

Por primera vez desde que había despertado en aquel lugar, Aron sonrió de verdad.

—Eso es genial.

Lexia asintió.

—Ahora es momento de comenzar tu nueva vida.

La luz empezó a rodear a Aron.

—Renacerás como un bebé humano. Y cuando llegues al nuevo mundo, Mochi estará a tu lado.

Aron observó aquella luz.

No sabía qué encontraría allí.

Quizás sería peligroso.

Quizás nunca lograría regresar.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, tenía una razón para avanzar.

—Gracias, Lexia.

La diosa sonrió.

—Espero que esta vez encuentres aquello que estabas buscando.

La luz se volvió cada vez más intensa.

Aron cerró los ojos.

—Lo voy a intentar.

Lexia extendió una mano hacia él.

—Buena suerte, Aron.

El espacio oscuro comenzó a desaparecer.

—Tu nueva historia está a punto de comenzar.




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