Nuevo Destino pt1

Capítulo 9 - el entrenamiento de la bestia

La madrugada cubría por completo el Reino Humano.

Eran exactamente las 3:00 de la mañana.

Mientras el resto de la casa dormía, una pequeña figura avanzaba silenciosamente por uno de los pasillos.

Era Linea.

Sus orejas de gato se movían constantemente, captando hasta los sonidos más pequeños.

Había recibido una misión de Aldren.

Su tarea era sencilla.

Despertar a Eiden.

Pero no de una manera normal.

—Veamos si realmente aprendiste algo, miau...

Linea abrió lentamente la puerta de la habitación.

Eiden dormía profundamente.

Estaba completamente relajado, sin imaginar que alguien lo observaba desde la oscuridad.

Linea entró sin hacer ruido.

Un paso.

Luego otro.

Ni siquiera el suelo de madera consiguió delatarla.

Se acercó lentamente a la cama.

Eiden continuó durmiendo.

Linea sonrió.

—Demasiado fácil, miau...

Se lanzó sobre él.

En cuestión de segundos, Eiden sintió que algo lo inmovilizaba.

Abrió los ojos de golpe.

—¿¡Qué!?

Antes de poder reaccionar, descubrió que tenía los brazos y las piernas atados.

Linea estaba frente a él.

—Fuiste muy lento, Eiden, miau.

—¿¡Qué estás haciendo!?

Eiden intentó liberarse.

—¡Desatame!

Linea negó con la cabeza.

—No, no, no. Tu entrenamiento ya comenzó, miau.

—¿¡A las tres de la mañana!?

—Los peligros no esperan a que estés despierto, miau.

Eiden la miró confundido.

—¿Qué tiene que ver eso con que me ates?

Linea se sentó frente a él.

—Los hombres bestia aprendemos a identificar peligros incluso cuando estamos durmiendo, miau.

Eiden intentó mover los brazos nuevamente.

Nada.

—¿Y cómo querés que me desate?

Linea sonrió.

—Eso lo tenés que descubrir vos, miau.

—¿Cómo?

—Usando magia, miau.

Eiden la miró con incredulidad.

—¿Cómo querés que use magia si ni siquiera puedo moverme?

Linea levantó sus manos.

—No necesitás mover todo el cuerpo. Solo concentrá tu maná, miau.

—¿Mi maná?

—Exactamente. Canalizalo hacia las palmas de tus manos, miau.

Eiden cerró los ojos.

Intentó concentrarse.

Nada.

—No siento nada.

Linea suspiró.

—Otra vez, miau.

Eiden respiró profundamente.

Intentó imaginar la energía recorriendo su cuerpo.

Después de varios segundos sintió una pequeña sensación de calor en las manos.

—¡Creo que lo siento!

—Bien. Ahora concentrá esa energía en las palmas, miau.

Eiden lo intentó.

Una pequeña luz apareció sobre sus manos.

Linea sonrió.

—Eso es. Ahora mirá mis manos, miau.

Eiden abrió los ojos.

Linea extendió sus dedos.

—¿Ves mis manos, miau? Son como las tuyas.

Eiden asintió.

—Sí...

De repente, las uñas de Linea comenzaron a alargarse.

Unas garras aparecieron en sus dedos.

Eiden abrió completamente los ojos.

—¡¿Qué?!

Linea sonrió orgullosa.

—Y ahora... mirá, miau.

Eiden observó las garras.

—¿Cómo hiciste eso?

—Es una habilidad natural de los hombres bestia, miau.

Linea volvió a guardar las garras.

—Pero vos podés crear unas usando magia.

Eiden miró sus manos.

—¿Y cómo lo hago?

Linea lo miró durante unos segundos.

—Sos tonto, miau.

—¡¿Qué!?

—Te dije que canalices el maná en tus manos, miau.

Eiden hizo una pequeña mueca.

—Sí, eso entendí.

—Después imaginá unas garras, usando las mías como referencia, miau.

Linea levantó un dedo.

—Pero te recomiendo que sean de hielo.

—¿Hielo?

—Para hacerlas necesitás combinar dos elementos que ya conocés: agua y viento, miau.

Eiden recordó inmediatamente lo que había leído en sus libros.

Agua... viento...

Cerró los ojos.

Respiró profundamente.

Intentó reunir el maná en sus manos.

Al principio no ocurrió nada.

Después apareció una pequeña capa de hielo.

Se rompió.

—¡Ah!

—Otra vez, miau.

Eiden volvió a intentarlo.

Una pequeña punta de hielo apareció en uno de sus dedos.

Pero desapareció inmediatamente.

—No puedo.

Linea negó con la cabeza.

—No digas eso, miau.

Eiden la miró.

—¿Qué?

—No digas que no podés. Todavía no lo lograste, que es diferente, miau.

Eiden guardó silencio.

Volvió a cerrar los ojos.

Pasó media hora.

Luego una hora.

El cielo seguía oscuro.

Eiden continuaba concentrándose.

Linea permanecía cerca, observándolo.

Dos horas después...

Eiden abrió los ojos.

Esta vez había algo diferente.

Sobre sus manos aparecieron unas pequeñas garras hechas de hielo.

—Lo...

Miró sus manos.

—¡Lo logré!

Linea sonrió.

—Ahora cortá las cuerdas, miau.

Eiden acercó las garras a las ataduras.

Un movimiento.

Las cuerdas cayeron.

Eiden se levantó inmediatamente.

—¡Por fin!

Linea se puso de pie.

—Bien. Primera prueba superada, miau.

Eiden respiró profundamente.

—¿Y ahora qué?

Linea sonrió de una manera que hizo que Eiden sintiera un poco de miedo.

—Ahora empieza el verdadero entrenamiento, miau.

El entrenamiento de los hombres bestia no consistía simplemente en aprender a golpear.

Según Linea, un guerrero debía aprender primero a sobrevivir.

Lo llevó hasta un pequeño bosque cercano.

Todavía era de madrugada.

La luz apenas comenzaba a aparecer en el horizonte.

—Primera regla, Eiden, miau.

Linea se agachó.

—Nunca hagas demasiado ruido.

Eiden intentó imitarla.

—¿Así?

—Demasiado ruidoso, miau.

—¡Pero casi no hice nada!

—Precisamente. Un enemigo con buenos sentidos ya te habría encontrado, miau.

Linea comenzó a moverse entre los árboles.




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