Ver flotar a su speeder después de tanto esfuerzo fue un placer, pero mejor fue ver la cara de su padre. La montura estaba un poco floja y ya había ruidos que le molestaban, pero el vehículo estaba listo para la prueba.
—Felicitaciones, hijo… —Su padre estaba pasmado. —Le debo unos créditos a tu tío. No esperaba que pudieras revivir este… cacharro.
—Está todo flojo, pero…
Su padre dejó el casco entre sus manos.
—Ve… vuelve rápido, necesito algunas partes.
Shin saltó sobre su speeder para terminar sobre la calle. La aceleración era lo que quería y notó que le faltaba una buena limpieza. El congelado viento de Bosan atacó su cuerpo y tuvo que poner las antiparras para poder ver hacia adelante. La nieve volaba para todos lados y tuvo que pegar la vuelta cuando escuchó un zumbido que no le gustaba. Su padre abrió el portón para dejarle una lista en las manos.
—Buen trabajo, hijo. No te desenfoques.
—Me falta un poco, pero… ¿Viste esa aceleración?
—Impresionante. Ahora solo necesitas tener cuidado.
—Lo sé…
—Abrígate, no quiero que te enfermes.
—Padre…
—¿Qué? Tu madre siempre se ofende… Ve, necesito terminar este camión.
Shin miró con curiosidad al antiguo camión de combustión.
—Ya voy… ¿Algo más?
—Está todo en la lista, Shin. No te pierdas en el pueblo.
—Ya voy…
Shin se puso la bufanda antes de perderse en la calle.