Nuevos Rumbos (rev.2)

2 - Alara - 1 #1

La vista a Kyros-4 era hermosa en algunos aspectos, pero ella solo veía una bola de hielo; una bola de hielo que tenía que explorar, su astromech anunció que no había estación espacial y ya estaban en la cola para descender al puerto de la capital.

—Alara, ve en busca de lo desconocido. —Sus manos copiaron los gestos de su maestro. —Ese es el camino del Jedi.

Su astromech respondió en binario.

—Lo sé, Keyfour, pero es siempre lo mismo…

—Yo pensaba que te gustaban mis misiones, Alara.

El holograma de su maestro estaba frente a ella; sus túnicas siempre eran largas y coloridas.

—Maestro…

—Nada que lamentarse, padawan. Recuerda: No hay pasión; hay serenidad. —Su sonrisa era siempre la misma.

—Lo sé, maestro… ¿Qué puedo esperar de este planeta? Pocos detalles para algo tan cercano a Ord Mantell. —Se apuró para cambiar de tema. —Lo único que puedo ver desde esta órbita es que es una bola de hielo.

—No hay demasiado para decir, padawan. Puede que haya Imperiales, todavía no son miembros oficiales de la República. Deberías explorar sin distracciones, ten cuidado con el frío.

—Voy a poner en práctica las enseñanzas de la Maestra Kysho… La próxima vez envíame a un lugar más interesante, Maestro. Tal vez… Manaan.

—No lo sé, Alara. Es solo una bola de agua.

Su maestro desapareció en un instante.

—Deberías decirme estas cosas, Keyfour.

Su amigo le había avisado.

—¿Dónde estamos yendo?

Su astromech la ayudó a aterrizar en puerto para terminar caminando hacia la recepción. El hombre estaba ocupado, pero saltó de la sorpresa al ver su sable y, luego de recomendarle un abrigo, la envió camino al tren. Llamaba la atención mucho más de lo que esperaba; los trabajadores ya estaban hablando de la Jedi en el tren. La ciudad desapareció en un instante para ser reemplazada por nieve y árboles, los cuales terminaron siendo solo nieve. Los trabajadores habían desaparecido y fue una de las pocas pasajeras en bajar del tren en Bosan. El viento hubiera sido mucho para cualquiera, pero ella tenía la Fuerza. Respiró profundo para concentrarse en su técnica y que su cuerpo se olvidara del frío por completo. Ahora solo restaba explorar, cosa que era mejor con alguien que conociera el lugar. Salió de la estación de tren leyendo su holo para aprender lo que podía de Bosan; no era mucho. Keyfour ya estaba haciéndole mantenimiento a su nave y ella decidió que el mejor camino era explorar como había aprendido de su maestro: perdiéndose en el lugar. Caminó hasta un mercado para luego detenerse en una esquina a revisar el lugar. La gente, abrigada para la ventisca, iba para todos lados viviendo sus días. Los que se detenían solían buscar el abrigo de algún puesto o charlaban en los callejones de las construcciones. Bosan era un pequeño pueblo industrial con una alegre vida culinaria; algo llamó la atención de su nariz cuando dos hombres se detuvieron frente a ella.

—Hola, preciosa. ¿Estás perdida? —El hombre tenía un gran bigote y su piel era pálida.

—Eres una extraña vista en Bosan. —El otro estaba mirando su cintura. —Es una Jedi…

—Alara Domo-Sareh, estoy buscando al alcalde.

Ya estaba acostumbrada a lidiar con hombres como ellos.

—¿Al alcalde? Una pequeña como tú no debería ser una Jedi…

Cuando iba a reaccionar, un tercer hombre apareció en el lugar. Era más joven y estaba abrigado; su bufanda era roja. Sus ojos verdes aparecieron cuando se sacó las antiparras; estaba segura de que debería tener su edad.

—Dejen de espantar a las mujeres bonitas que visitan al pueblo, muchachos.

—Shin… —El hombre del bigote ya estaba harto del muchacho. —Vete a molestar a alguien más.

—Puedo cuidarme sola.

—No me gusta que den este tipo de bienvenidas, señorita. ¿Qué pensaría Pjaytuo al verte así, Pzutiy?

—No la metas en esto, Shin… —El hombre del bigote estaba enojado.

—Sigamos, Pzutiy, la última vez que peleaste con él casi nos corren del pueblo.

El par de hombres se marchó con prisa, dejando al muchacho con ella; su sonrisa era mucho más cálida que el viento.

—Perdón por la bienvenida, señorita. Espero que no hayan manchado la reputación del pueblo.

—Gracias por la asistencia.

El muchacho estaba mirando su sable.

—Mi nombre es Alara Domoh-Sareh, estoy buscando al alcalde de Bosan.

—Hmm… debería estar en la taberna. Mi nombre es Shin Aleaus Karadin, mucho gusto.

—¿Siempre dices todos tus nombres?

—Madre dice que por algo me los puso.

—¿Dónde estaría esta… taberna?

—Si me das un rato, puedo llevarte hasta el negocio, puedo conseguirte un descuento.

Alara miró al muchacho con curiosidad.

—Creo que me gusta más tu bienvenida, Shin. ¿Estás ocupado?

—Estoy yendo al desarmadero, por aquí.

El muchacho empezó a caminar por donde había venido y dobló hacia la izquierda para esquivar el viento, que era una constante compañía en Bosan. El joven entró por un portón para saludar con un grito a alguien que no pudo ver. El dueño del lugar se anunció solo por los ruidos de las partes al moverse a su paso. Todo estaba cubierto de partes, metales y repuestos. El muchacho era un regular y ya estaba buscando lo que necesitaba. Un pequeño ortolan apareció para recibirla. Su azulada piel estaba acostumbrada al frío y solo llevaba puesto un práctico overall repleto de bolsillos y herramientas. Se quitó las gafas de soldar para saludarla.

—Buenos días.

—Mucho gusto.

—¿Shin? ¿Por qué estás paseando con una Jedi?

—Está buscando al alcalde y seguro está en casa…

El muchacho estaba perdido entre las partes; había un orden en el caos y estaba empezando a verlo.

—Ah, ya veo. Encantado, señorita. Mi nombre es Nam…

—Alara.

El ortolan la estaba mirando con curiosidad.

—Es tu día de suerte si encuentras lo que busca el testarudo de padre, Shin.

—Lo sé…

—Más tarde voy a hablar con él; deberías visitar el desarmadero de la ciudad.




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