Nuevos Rumbos (rev.2)

3 - Shin y Alara - 1 #1

Shin pestañeó para que la tarde desapareciera; estaba entretenido con su speeder y no estaba prestando atención a lo que pasaba en el taller. Todo estaba como quería y ya podía quitarse los guantes para festejar. Cuando prestó atención a sus alrededores, escuchó un trío de voces del otro lado del taller. Alara estaba hablando con su padre y Nam.
—Debe estar en la mina, maestra. —Su padre siempre era respetuoso con las mujeres.
—Solo viene a almorzar con nosotros.
—Si quiere ir hasta allá, mi muchacho puede llevarla; estaba por terminar con su speeder.
—Hola, Alara. —Shin estaba limpiándose las manos con un trapo.
—Podría aceptar ese viaje, Shintou.
—Quiero ver esa máquina en acción, Shin. —Nam estaba lleno de excitación.
—Coloqué la montura y ajusté todo lo que había para ajustar, así que estoy listo.
—Límpiate un poco, muchacho. No hagas esperar a la maestra.
—No soy maestra, Shintou. Mi nombre es Alara, gracias por ayudarme.
El hombre se rascó la cabeza mientras él se quitaba el mameluco.
—Tu madre me invitó a cenar.
—Van a contarte la historia…
Nam lo siguió de cerca para inspeccionar el speeder mientras se abrigaba.
—Déjame ayudarte un poco, Shin… No quiero que engrases a la maestra.
Shin notó que el vehículo necesitaba una repasada, así que aceptó la ayuda de su amigo para terminar buscando un segundo casco. Encendió la máquina para dejarla con su montura en la bajada. Nam tenía la oreja pegada al asiento, escuchando todo lo que pasaba.
—Increíble, Shin… Deberías pedirle un aumento a padre. —La sonrisa de su amigo estaba llena de picardía.
Alara estaba cerca y recibió el casco con cuidado.
—No llegues tarde, muchacho.
—No te preocupes… ¿No vas a tener frío? Ayer casi me congelo con el abrigo y todo.
—Solo necesito la Fuerza.
La sonrisa de la Jedi era espectacular, pero él subió el cierre hasta arriba para luego ponerse su bufanda.
—Entendido. Nos vemos luego, padre.
—Ten cuidado, muchacho.
—Esta máquina es una maravilla, Shin. Justo estaba diciéndole a tu padre que no encontré nada más para sus antigüedades.
—Ahora puede visitar Tyros todos los días…
—Sería una hora…
Alara se sentó detrás de él para apretarlo con firmeza.
—Estoy lista, Shin.
La montura se retrajo sin hacer un solo sonido, justo como quería, y el speeder salió disparado por la calle, levantando nieve a su paso. Los árboles se fundieron en un borrón blanco cuando apretó el acelerador al máximo. La velocidad era un poco demasiado para él, así que se relajó luego de la prueba inicial. Alara venía apretándolo con fuerza y sentía su casco raspar su espalda. El sonido del viento no permitió charla alguna; su distracción eran las manos de la Jedi en su abdomen. El bosque terminó para que un camino los lleve hacia la entrada de la mina. El estacionamiento estaba repleto de vehículos y se sorprendió al ver la hora en su holo; solo había sido media hora.
—Eso fue rápido… —El casco terminó apoyado sobre el asiento.
—Gracias por traerme, Shin.
—De nada, cualquier excusa es buena para usar esta belleza… Especialmente si es pasear a una hermosa Jedi.
—Hace más frío aquí.
—Sí, por suerte teníamos el speeder. En el camión íbamos a tardar bastante más… —La estaba mirando de cerca. —¿No tienes frío? Más al sur ya deberíamos usar un vehículo de exploración.
—Es una técnica que aprendemos todos los Jedi, Shin. No te preocupes.
—Yo sé a dónde ir, por aquí.
La Jedi lo siguió de cerca cuando entraron al edificio principal. Su tío estaba hablando con Marcus, el padre de Tresha, en uno de los pasillos cerca de la oficina del alcalde.
—Es esa puerta, Alara. Estes Cen, mi tío y Marcus, conociste a su hija en casa.
—¡Shin!
La mujer miró a su tío con atención.
—Eres más parecido a él que a tu padre.
—Shin podría ser el clon de mi padre, maestra.
—Madre va a mostrarte la foto… ¿Vienes a cenar, Cen? Alara está invitada.
—Tengo que una visita en la ciudad, Shin… Mañana.
—Mucho gusto, maestra. —Marcus también era respetuoso con las mujeres. —Esa es la oficina del alcalde; Shin nos avisó de la visita, así que está esperándola.
—Gracias. Enseguida vuelvo, Shin.
La mujer se perdió detrás de la puerta mientras su tío apretaba sus hombros.
—¿Dónde encontraste a una Jedi?
—Estaba siendo acosada por unos tipos en el centro…
—Eres rápido, Shin. ¿La trajiste en el speeder?
—Sí.
—Me gusta esa sonrisa, Shin… Te dije, Marcus.
—¿Cuándo vas a aceptar el trabajo, Shin? Me servirías en el taller.
—Padre se ofendería, Marcus… pero tarde o temprano voy a hacerlo.
—Queremos el chisme de la Jedi, Shin.
La historia era más simple de lo que esperaban.




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