Nuevos Rumbos (rev.2)

4 - Alara - 2 #2

Alara ofreció su ayuda en la cocina para ser rechazada por Mara, que la sentó en una de las dos mesas frente a la ventana del salón y, al cabo de un rato, ya tenía sopa frente a ella. El aroma la atrapó al instante y ya no sabía si iba a esperar por Shin. El primer sorbo fue espectacular, pero algo llamó la atención de todos sus sentidos. Levantó la mirada para que una mujer de traje y armadura negra despedazara la puerta con un empujón de telequinesis. Detuvo los pedazos de la puerta para defender a los comensales, pero al mismo tiempo recibió la mesa con el resto de su cuerpo. Rodó por el suelo para ver su sable rodar en la distancia; su cuerpo la obligó a salvar a un rodiano de un relámpago. Estaba lleno de odio y la hizo temblar en el suelo.
—Eres débil, Jedi. —La voz sonaba artificial por el casco.
Su sable estaba a un metro de su mano, pero su cuerpo estaba temblando por el dolor que había dejado el relámpago.
—¿Vas a morir por defender a ese sucio alienígena? —El pie de la mujer terminó sobre su sable. —¿Estás buscando esto?
La Sith levantó el sable con su telequinesis para encenderlo frente a ella. Alara apenas pudo arrodillarse para ver el sable viajar hacia su cuello. Cerró los ojos sabiendo que todo había terminado.
—¿Ya vas a rendirte? ¡Ja! ¿Esto es lo mejor de la Orden? Patético…
—¡Alara!
Detrás de ella apareció Shin; lo primero que hizo fue interponerse entre la Sith y su madre, que veía todo desde la barra. Alara aprovechó el segundo que le tomó a su rival mirar a su amigo para intentar ponerse de pie con mucho esfuerzo; su cuerpo apenas podía moverse por el dolor y la angustia que sentían sus músculos.
—¿Qué será mejor?
Alara podía imaginar la violenta sonrisa de su enemiga; levantó la mirada para ver a la mujer apretar el sable y decidir que ella iba a morir primero. El sable voló hacia su cuello; todo iba a terminar pronto. Su único remordimiento era no poder salvar a los Karadin. La Fuerza iba a tener una sorpresa para ella hoy; sintió que un remolino pasó a su alrededor y una explosión la trajo de vuelta a la realidad. Todo lo que había estado a su lado ahora estaba contra la pared, incluyendo a la Sith. Se puso de pie de un salto, sabiendo que todo había terminado, ya que no sentía la angustia proyectada a su cuerpo por su enemiga. La vista era peculiar y no entendía qué había pasado; el golpe telequinético había sido tan poderoso que había destruido la ventana blindada de los Karadin y la Sith había sido empalada en ella; había muerto al instante. Se volteó para acercarse a Shin, que tenía clavados los ojos en sus manos. Apretó sus hombros para mirarlo a los ojos; había usado la Fuerza, pero no quedaba evidencia alguna de ella, como si nunca hubiera pasado.
—¿Estás bien? Gracias por salvarme, Shin…
El muchacho estaba más que confundido y se soltó para correr hacia afuera. La gente del lugar estaba recuperándose del evento; todos habían visto cómo Shin había derrotado a la Sith.
—Alara… ¿Qué está pasando?
—Tu hijo puede usar la Fuerza, Mara. Nos ha salvado a todos…
—¿Cómo?
—No lo entiendo, no puedo sentirlo a través de la Fuerza… Yo me encargo de él, Mara, no te preocupes.
Alara vio una vez más el desastre que había dejado Shin para ir en su búsqueda; estaba segura de que estaba aterrado.




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