Nuevos Rumbos (rev.2)

4 - Alara - 2 #4

Alara tenía una idea en su cabeza, pero quería levantar el ánimo de su nuevo amigo antes de ofrecerla. Como todas las mañanas, Shintou hostigó al ahora taciturno Shin para levantar su ánimo, pero no tuvo efecto alguno. El muchacho comió en silencio para besar a su madre y marcharse a trabajar en el taller.
—Es la primera vez que lo veo así… —Su padre estaba sorprendido. —Es difícil bajarle el ánimo.
—Está peor que cuando se fueron sus amigos a Corellia… —Su madre estaba preocupada. —¿Qué va a pasar con mi bebé?
—No lo sé, Mara. Estoy pensando en eso, si fuera un niño… Es demasiado adulto para ser entrenado, pero al mismo tiempo creo que deberían hacerlo.
—¿Vas a llevártelo?
—Debería hablar con mi maestro primero, pero… creo que sería lo correcto. Esa Sith me dejó pensando, porque… yo no puedo sentirlo. No soy una experta, pero debería poder sentir su conexión con la Fuerza. Solo encuentro una persona como ustedes cuando lo miro.
Los Karadin intercambiaron una confundida mirada.
—Confiamos en ti, Alara. No soy bueno con estas cosas. —Shintou se acercó a abrazar a su esposa. —¿Cómo puedo ayudarlo?
—No lo sé, yo soy una Padawan, Shintou. No me entrenaron para esto todavía, no estoy preparada para… encontrar adeptos. En este caso, creo que solo necesita un poco de tiempo. Tenemos que recordarle que no hizo nada malo, solo protegió a los débiles, como un Jedi haría… Perdón, yo sé que no es un Jedi, solo… debería haber hecho algo más; si no fuera por mi ineptitud, nada de esto habría pasado.
—No lo sé, Alara. Te tomó por sorpresa. —Mara siempre hablaba con cuidado. —No me esperaba lo que pasó, esa mujer nos había visitado el otro día y era una más de su grupo.
Alara estaba pensando si era como ella, una amiga de las sombras. Tal vez no tenía marcas de la corrupción bajo su casco.
—Es normal, Mara. No todos los Sith son como los describen; hay muchos que no son distintos de nosotros. Voy a intentar comunicarme con mi maestro…
—Te acompaño, quiero ir a ver cómo está el muchacho.
Alara se despidió de Mara y dejó a la pasada a Shintou para caminar por Bosan. Su nuevo amigo era el chisme del pueblo y todos estaban hablando de él. Llegó a la estación de tren para revisar su morral y sacar su holo. Este sonó por un largo rato; su maestro nunca atendía cuando lo necesitaba. Ahora iba a tener que tomar la decisión sin su consejo y no tenía nadie con quien debatir sus ideas.




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