Shin se despertó de un salto sin saber qué iba a llevarse; Karastros era un planeta cálido, así que no iba a necesitar toda su ropa de abrigo. En su mochila puso un par de mudas de ropa, su bláster y su holo, que iba a ser inútil tan lejos de Kryos-4. Tomó la llave de su speeder y se volteó para encontrar los ojos de Alara sobre sus cosas.
—No necesitas demasiado, Shin. No lleves abrigo… No te va a servir demasiado en el Templo. Tienes demasiadas partes por aquí.
—Esta es mi mesa de trabajo…
—¿Siempre reparaste… objetos?
—Padre dice que es mi talento.
—Hmm… La Fuerza debe guiar tu mano, Shin. Todos tenemos talentos pulidos por ella.
—¿Tú también?
—Mi talento es esconderme y pasar desapercibida.
—No creo que puedas pasar desapercibida, Alara…
—Es un talento, Shin. No lo estoy usando, por eso mi maestro me envía a estas misiones. Según él, los Jedi como yo somos raros. Creo estarás en esa lista.
—Si me quieren…
—Si te quieren…
Alara estaba mirando con curiosidad su ordenada mesa.
—Está mejor que el taller…
—Padre era el rebelde, puedes preguntarle a madre.
Alara sonrió divertida.
—¿Qué más hace un Jedi?
—Meditar y entrenar… Me gusta estudiar historia galáctica y, como tú, me gusta reparar objetos, pero soy más que nada una sastre. Túnicas y ese estilo.
—Ah… ¿Qué más haces? Además de investigar las visiones de tu maestro.
—Hmm, depende… Los padawans aprenden de sus maestros, Shin. Aprendemos trabajando con ellos. Hace poco mediamos un cese de agresión con el Maestro Rasomdán y su padawan. Otras veces hacemos grupos con otros padawans o caballeros.
—¿Tú no eres Caballera?
—Todavía no, soy una Padawan con experiencia, por eso me dieron una nave. ¿Listo?
Alara tenía una hermosa sonrisa.
—Sí… —Él estaba mirando la llave de su speeder.
Siguió a la Jedi por el pasillo para terminar en la cocina. Su madre saltó a sus brazos para apretarlo mientras él ponía la llave entre las manos de su padre.
—Intenta que no te estafen, padre… está casi nuevo.
—Shin…
—¡Shin! —El grito de su tío hizo girar a todos. —¿Estás bien?
Estaba agitado y apretó sus hombros para separarlo de su madre.
—Cen… estoy bien, ya conociste a Alara.
—Estuve escuchando… —El hombre estaba mirando su mochila. —Es cierto… ¿no?
—Me ha salvado, Cen. —Alara hablaba con seguridad.
—¿No deberías haberlo salvado tú?
—Sí…
—Cen… —Mara era firme cuando quería.
—Perdón, Mara… ¿Dónde estás yendo?
—A Karastros… deberías haberme ofrecido el trabajo antes, Cen.
—Maldición… ¿Puedes usar la Fuerza?
—Así me salvó.
—Patrañas… Yo… Shin.
—Perdón, tío… Ayuda a padre a vender mi speeder, ¿sí?
—No te preocupes, Shin… maldición. Siempre quisiste ser un Jedi.
—Sí…
Cen estaba apretando sus hombros con fuerza.
—Gracias por salvar a tu madre, Shin… —Sonrió divertido. —Es la decente de la familia…
Shintou asintió con una sonrisa.
—Esto está pasando muy rápido.
Shin se separó de Cen para apretar a su madre.
—Yo…
—No te preocupes, hijo… Tarde o temprano ibas a marcharte a las estrellas.
Shin besó a su madre para recibir el cariño de su tío y su padre. Alara abrió la puerta para invitarlo a salir sin saber si algún día iba a volver.