Nuevos Rumbos (rev.2)

5 - Shin - 2 #3

Shin se detuvo frente a la estación de tren pensando en sus padres y su tío; Alara estaba a su lado mirando la pantalla de arribos.
—No voy a volver a verlos… ¿No?
—No lo creo, Shin.
—Ah…
—No te preocupes, encontrarás otra familia en el templo. Ya me conoces a mí.
—Perdón, después de escuchar tu historia…
—Nada de qué disculparse. Siempre serán parte de ti. ¿Primera vez fuera de Bosan?
—No, fui un par de veces a Kiros. Cen me llevaba a comprar repuestos para el taller… más que eso, no.
—Entendido, solo sígueme de cerca, es un viaje directo gracias a mi nave. Voy a presentarte a Keyfour; espero que no se ponga mañoso. —La mujer lo miró con cuidado. —Se va a poner mañoso…
—Siempre quise ver el planeta desde el espacio.
—Es una hermosa bola de hielo.
El tren interrumpió la conversación con el silbido de las puertas al abrirse. La poca gente que bajaba miraba a su compañera con curiosidad mientras los dejaban pasar. Alara se sentó a su lado para mirarlo con curiosidad.
—Tengo la sensación de que vamos a pasar tiempo juntos, Shin. Esto es un comienzo.
—¿De verdad? Pensé que tenía algo en la cara.
—Lo estaba sintiendo en Fuerza… estúpido. —Alara sonrió divertida. —Todavía no me acostumbro a ti, paso demasiado tiempo entre Jedis.
—Pensé que era mi espectacular sonrisa… Siempre funciona con madre.
—Vas a caerle bien a mi maestro, Shin.
—Espero que sean más… diversos.
—No somos tan aburridos como nos hacen parecer. Tengo túnicas de otros colores…
Shin estaba encantado con la sonrisa de la Jedi y ahora estaba notando sus detalles. Sus cabellos marrones estaban atados en una cola de caballo que pasaba la mitad de su espalda y no podía imaginarla con otra cosa que no fuera una túnica.
—No sé si van con mi estilo… Necesito lugar para mi bláster.
—Me parece extraño que pasees con uno, pero noté que todos llevan por Bosan.
—Es por los silvercats, prácticamente invisibles en la nieve.
—¿Qué comen?
—¿Gente? Padre dice que vienen al sur cuando está demasiado frío porque no encuentran a sus presas. ¿Qué otras cosas visten? Creo que no puedo imaginarte con otra cosa que no sea una túnica.
—Otras… cosas.
—Sonó a mentira… No importa demasiado, yo me veo bien en cualquier cosa.
—Demasiada vanidad, Shin. De eso se va a encargar el entrenamiento.
—Soy famoso en el pueblo… o por lo menos eso dice madre.
—Eso suena a mentira, Shin. —Divertida, sacó su holo.
—¿Qué rango tienes? Yo solo tengo acceso a la red local.
—Estoy en la red de la República y la nuestra, pero mi maestro nunca atiende. Keyfour ya está preparando la nave.
—¿De la República también?
—Sí, recuerda que somos los Guardianes de la República, Shin. Es parte de nuestro deber. Este me lo dio mi maestro cuando me envió en busca de una de sus visiones por primera vez. ¿Qué te preocupa, Shin? Puedes hablar conmigo.
—¿Es tan evidente?
—Un poco…
—Es que… no sé, me estoy yendo de repente.
—Tus padres van a estar bien, Shin.
—Siempre quise irme, pero no sé si esta es la forma correcta.
—La Fuerza te puso en mi camino, esa es la forma correcta. Ya entenderás estas cosas. —Alara a veces sonaba misteriosa. —Por algo te siento tan familiar…
—Yo me siento igual, pero… no tiene nada que ver la… Fuerza.
—Ya lo verás, no hay azar con la Fuerza de por medio. Ya llegamos.
Alara se puso de pie en el momento en que el tren se detuvo; no lo había notado, pero se había llenado mientras hablaba con la Jedi. Atravesaron el mar de gente y no tardaron demasiado en encontrar al astromech. Él parecía oculto de las miradas, ya que su compañera se las llevaba todas. Apoyó la mano en la parte superior del droide para presentarlo.
—Aquí está, Shin, Keyfour…
El astromech pitó un par de veces.
—Yo también te extrañé…
—Hola… No sé binario.
—Shin, este es Keyfour, mi compañero de aventuras. ¿Cómo te fue en el puerto? —El droid respondió al instante. —No son tan malos y sí tenemos lugar para Shin.
Ambos empezaron a caminar, ignorándolo por completo.
—¿Ya te olvidaste de mi nombre?
—Eh, puede ser… Shin. —La Jedi estaba entretenida con la idea. —Sí, tiene dos nombres, Keyfour… Y los dice a los dos.
Doblaron por una entrada para llegar al puerto; no pudo detenerse de correr hacia la nave. Era blanca, estaba marcada por la batalla y tenía el escudo de la República en un ala y el de la Orden Jedi en la otra.
—Shin Aleaus Karadin es mecánico… —Keyfour proliferó muchos pitidos en un segundo. —No tanto como tú, pero revivió un speeder con sus propias manos. Su padre dice que era un montículo de partes cuando empezó.
Shin vio la antena del astromech cuando se paró frente a él a hablarle en binario.
—No toques nada, Shin… Keyfour es celoso de la nave.
El astromech era azul o, por lo menos, solía serlo; tenía un compartimento en su frente y estaba seguro de que tenía varias herramientas en su cuerpo. Lo perdió de vista cuando entró en su compartimento. Se acercó a la Jedi para recibir una sonrisa.
—Recordé tu nombre.
—Eso escuché…
—Tú vas atrás. No toques nada. —La voz de Alara fue reforzada por los pitidos del astromech.
—Entendido.
Shin tiró la mochila en su habitáculo para ponerse el casco. La cúpula se cerró sobre él y vio como el tablero se encendió frente a sus ojos.
—Cinturón. —Alara y Keyfour se mimetizaron por un segundo. —¿Estás listo?
—Sí…
Lo más ruidoso del despegue fue el techo del puerto; la nave era silenciosa y solo se sacudió un poco cuando aceleró hacia el cielo. Al cabo de un segundo, estaba viendo a su planeta; era una hermosa vista y al fin pudo ver la famosa franja tropical. En Tryos-4 era delgada y había algunas islas alrededor del planeta; nadie las había explorado, ya que el océano era peligroso y traicionero.
—¿Estás bien? La primera vez que salí en la nave, casi vomito. —La voz de su compañera sonaba un poco artificial por el comunicador.
—Sí… es una hermosa bola de hielo.
—¿Listo para el hipervuelo?
—Sí…
Shin ocultó los nervios al apretar su mochila. Sintió un empuje para que la nave entrara en un hermoso túnel de luz, justo como había descrito su tío.
—Solo resta esperar…
—Siempre quise hacer esto… Mi tío siempre me cuenta sus historias de las estrellas.
—Usualmente no tengo a nadie para charlar en estos momentos…
Keyfour sonó ofendido.
—Además de Keyfour… ya me contaste todo lo de la nave. Ahora puedes contarme un poco más de ti, Shin. Me va a servir para hablar con los maestros.
—No sé, Alara. Madre ya te contó todo lo que hay que saber… probablemente más de lo que deberías saber.
—Me mostró unas fotos…
Shin podía sentir la sonrisa de Alara a través de su voz y estaba listo para el siguiente paso en su vida.




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