Shin no podía creer que iba a ser un Jedi; pertenecer a la Orden era el sueño de todo niño en la República, pero no era algo a lo que uno pudiera aspirar. Alara estaba silenciosa frente a él y abrió una puerta para dejarlo pasar.
—Soy tu vecina, Shin… Mi maestro va a explicarte el resto. ¿Estás bien?
—Sí…
La habitación tenía todo lo necesario y era un poco más chica que la suya en Kyros-4. Había una puerta y un pequeño escritorio.
—Estás con los adultos… Yo me encargo de hablar con tu familia; pronto entenderás por qué.
—Gracias…
Se sentó a mirar a la Jedi.
—¿Necesito saber algo? No esperaba esto… Creo que en mi cabeza estaba planeando volver a pasear en mi speeder.
—Podrás pasear en speeder por la jungla, Shin; de hecho, era el primer lugar al que te quería llevar.
Syo entró por la puerta para mirarlo con curiosidad; la capa más externa de su túnica era rosa y tenía unos delicados pétalos de decoración, su barba estaba prolija y su cola de caballo era larga. Tenía un sable, más chico que el de Alara, en su cinturón y un moderno holo del otro lado.
—¿Cómo estás, aprendiz? ¿A gusto?
—Sí, gracias…
—Alara va a enseñarte todo lo que necesitas saber, Shin. Por ahora, preocúpate por amigarte con el Templo y conocer a todos. Tus clases empiezan mañana temprano; somos madrugadores. Padawan, ve por su sable de entrenamiento.
Alara sonrió para marcharse.
—Está bien extrañar a tu familia, Shin. El desapego es una de las razones por las cuales no entrenamos adultos.
—No sé si entiendo lo que está pasando todavía… maestro.
El hombre sonrió divertido.
—Aprendes rápido, Shin. Ahora te consigo unas túnicas, ¿puedo ver ese bláster?
Shin lo dejó entre sus manos.
—¿Sabías que solíamos tener Jedis expertos con armas? Se llamaban Vigilantes.
—¿De verdad? Las historias siempre nombran los sables…
—Un Jedi es más que su sable, Shin. Esa es la primera y más importante lección: somos un cúmulo de experiencia, entrenamiento y la Fuerza. A veces necesitas una palabra en lugar de una espada.
Alara entró con una peculiar arma en su mano; parecía una espada de plástico.
—Este es tu sable de entrenamiento, Shin. Es parte de ti y desde mañana aprenderás a encargarte de él.
—Creo que nuestro amigo esperaba el sable de luz desde el primer día.
—Años de entrenamiento, Shin, años. —Alara sonrió divertida. —Traje túnicas también.
—Gracias…
Shin estaba mirando el botón en el mango.
—Tiene los ojos en el lugar correcto, padawan.
—Soy una caballera, maestro.
—Siempre serás mi padawan, Alara. Cómo crecen los aprendices… Shin es un poco diferente a la norma, pero estás lista para el desafío. Él va a tener otros problemas, pero también otras virtudes.
—Ya tengo otro mecánico para mi nave.
—Todos tenemos otro mecánico para nuestras naves… Vas a estar ocupado, aprendiz.
Solo pudo rascarse la cabeza.
—Aprende rápido… ¿Listo para el paseo? Tenemos que ir a buscar tu identificación y en cualquier templo lo primero para visitar son los Archivos.
—Un Jedi es poco más que su conocimiento, Shin. Recuérdalo.
Syo se marchó con una sonrisa.
—Él tiene más estilo que ustedes, Alara.
La mujer sonrió divertida.
—Le gustan las túnicas… ¿Estás bien? Está bien si no lo estás.
—No lo sé…
—Espero que puedas acostumbrarte a la cocina, Shin… Tu madre es mucho mejor.
—Veremos, tengo un par de platos para alardear.
—Sígueme, las puertas no van a abrirse hasta que no te ingresemos en el sistema.
Shin estaba listo para lo que deparaba el destino.