El clima era gris y húmedo, pero a Charly Rowell le daba igual. Llevaba un buen rato avanzando entre los troncos, saltando charcos, gritando el nombre de su amiga hasta que su garganta dolió, y aún así no había señales de su ella.
Está frustrada.
La tarde había caído hace horas, y Giselle no había vuelto a casa. Ni esa noche. Ni la siguiente.
—¡Giss! ¡Gissyyyy! —gritó nuevamente, aunque sabía que el eco solo le devolvía burlas de sí misma.
Su corazón latía a mil, mezclado con la adrenalina de la búsqueda y enfado infantil. Ambas tienen siete años y, a pesar de las quejas de sus padres, conocen este bosque como la palma de su mano ¡Es prácticamente imposible que se pierda!... Aún así parecía que a Gissy la había tragado la tierra, como si el bosque se hubiera puesto de acuerdo para borrarla de la faz de la Tierra. Charlotte resopló, pateando una raíz:
—¡Giselle! ¡Déjate de tonterías y sal de una vez! —ladro Charly, más brusca de lo que pretendía, intentando que su voz ahogara el miedo que le trepaba por el esófago—. ¡Te acusaré con la abuela sí no lo haces!
Sin señales de ella.
Maldita sea.
El bosque parecía inmenso, la niña se preguntó sí siempre fué así y nunca se dió cuenta porque nunca guardaban demasiado silencio cuando salían a jugar, embarcándose en la búsqueda de duendes y tesoros de los que relata la abuela de Gissy.
Se desplomó en la sombra de un árbol.
Sus cortas piernas ya dolían por tanto caminar, ya ha pasado un buen rato. Sus manos están llenas de raspones al igual que sus rodillas gracias a los tropezones (y caídas, estúpidas raíces) que llevó a lo largo de su viaje. Decide que se tomará un pequeño descanso antes de continuar su búsqueda, después de todo ¿Cómo podrá seguir sí se desmaya en medio del bosque?
“Tonta, idiota, y todos los diminutos para estúpida.”
Refunfuña en silencio mientras permanece sentada, observando en silencio una fila de hormigas avanzar a su hogar, llevando hojas y cualquier cosa que sea de utilidad en su colonia, mientras esquivan charcos, escalan rocas y pasan por esas manchas oscuras...
— ¿Eh? — Su nariz se arrugó al notar unas manchas inusuales en algunas piedras, no recordaba que eso estuviera ahí la última vez que estubo en el bosque, y eso fue literalmente ayer. Gateó para acercarse a la roca solo para notar que las manchas no eran negras como pensó, de hecho solo es un rojo oscuro ¿Pintura? no se detenían ahí, sino que continuaban a cierta dirección que se desviaba del camino de las hormigas.
No debería… estaba buscando a su amiga.
Pero bueno, es una niña curiosa.
Con un salto, se levantó y avanzó un poco más, caminando como otra hormiga en la fila mientras las manchas se hacían más notorias. Charly se preguntó vagamente quién sería tan tonto para desperdiciar tanta pintura. El camino parecía interminable… hasta que finalmente terminó.
Charlotte frenó en seco, el corazón golpeándole en las orejas. Sintió su almuerzo subir nuevamente por su garganta mientras sus ojos permanecían en el bulto dentro del hueco de un árbol enorme.
Tragó saliva
— ¿Gissy...?