El mensaje llegó a las 2:17 a. m.
No tenía foto.
No tenía nombre.
Solo una advertencia que hizo que se me cerrara el pecho.
"No abras este chat si todavía quieres dormir tranquila."
Mi habitación estaba en silencio, iluminada apenas por la pantalla del celular. Afuera llovía, como si la noche tuviera algo que esconder. Pensé en bloquearlo. Pensé en apagar el teléfono. Pensé en fingir que nunca lo había visto.
Pero no lo hice.
Porque nadie me había escrito así antes.
Porque llevaba semanas sintiéndome invisible.
Porque cuando la soledad se acostumbra a ti, cualquier voz parece una invitación.
Abrí el chat.
Durante unos segundos no pasó nada.
Luego apareció otro mensaje.
"Sabía que lo abrirías."
Me incorporé en la cama. Miré alrededor, como si alguien pudiera estar observándome desde algún rincón imposible. Escribí con los dedos tensos:
¿Quién eres?
La respuesta llegó de inmediato.
"Alguien que te conoce."
Negué con la cabeza. Nadie me conocía de verdad. Nadie sabía lo que había pasado aquella noche. Nadie... salvo yo.
Te equivocas, escribí.
Los tres puntos aparecieron otra vez.
"Entonces dime por qué sigues pensando en eso cuando no puedes dormir."
Sentí un frío recorrerme la espalda.
No respondí.
El celular vibró de nuevo.
"Tranquila. No te escribí para asustarte."
"Te escribí porque ya estabas sola."
No supe por qué, pero esas palabras dolieron más que cualquier amenaza.
Cerré el chat.
Bloqueé el número.
Dejé el teléfono boca abajo, convencida de que había terminado.
Cinco segundos después, vibró otra vez.
Mismo número.
Mismo chat.
"Bloquearme no va a funcionar."
Tragué saliva.
Y supe, con una certeza que me dejó sin aire, que abrir ese chat había sido el primer error de muchos.
Gracias por leer, Curiosos.
¿Ustedes lo habrían abierto?
Editado: 26.05.2026