Dormí menos de dos horas.
Cada vez que cerraba los ojos veía la pantalla iluminándose sola, vibrando en la oscuridad, recordándome que bloquear no había servido de nada. Cuando amaneció, me convencí de que todo había sido una broma de mal gusto. Un error. Un mensaje enviado a la persona equivocada.
Eso me repetí mientras me duchaba.
Mientras me vestía.
Mientras fingía normalidad frente al espejo.
El celular vibró.
No lo miré de inmediato. Lo dejé sobre la cama, como si ignorarlo pudiera hacerlo desaparecer. Conté hasta diez. Luego hasta veinte. Al final, cedí.
Número desconocido
"Buenos días, Lía."
El aire se me quedó atrapado en el pecho.
Nunca había dicho mi nombre.
No vuelvas a escribirme, tecleé, con más fuerza de la necesaria.
La respuesta llegó acompañada de los tres puntos, apareciendo y desapareciendo, como si el otro lado dudara... o jugara conmigo.
"Ya lo hice."
Apreté el teléfono con rabia.
¿Quién eres?
¿Qué quieres de mí?
Tardó unos segundos más de lo normal.
"Quiero que recuerdes."
Cerré los ojos. No. Eso no. Había cosas que se quedaban donde estaban por una razón.
No sabes nada de mí.
"Te equivocas."
"Anoche, a las 11:43, pensaste en irte sin avisar."
Sentí un nudo en el estómago. Era cierto. Había hecho la maleta. Había pensado desaparecer. No se lo había dicho a nadie.
Miré la puerta de mi habitación. Estaba cerrada. El pasillo, en silencio.
¿Me estás siguiendo?
Los puntos aparecieron otra vez.
"Te observo."
El miedo llegó de golpe, frío y paralizante.
Esto no es gracioso.
"Nunca dije que lo fuera."
Me levanté de la cama. Caminé hasta la ventana y miré hacia la calle. Nada fuera de lo normal. Gente pasando. Autos. Vida.
El celular vibró una vez más.
"No mires afuera."
"Mírate a ti."
Las manos me temblaron.
Déjame en paz, escribí.
Pasaron diez segundos.
Luego veinte.
Por primera vez, no respondió de inmediato.
Pensé que había terminado. Que tal vez se había cansado. Que había ganado.
Entonces apareció el último mensaje.
"Esto apenas empieza."
Gracias por leer, Curiosos.
Editado: 26.05.2026