Nunca debí abrir ese chat

Capítulo 7 - Cuando deja de ser solo un mensaje

La primera señal fue el ruido.

Un golpe seco en la madrugada, tan breve que por un segundo pensé que lo había soñado. Me senté en la cama con el corazón acelerado, escuchando el silencio que vino después. Nada más. Ningún otro sonido.

Miré el celular: 3:12 a. m.

No había mensajes nuevos.

Eso, de alguna forma, fue lo más inquietante.

Me levanté despacio y caminé hasta la puerta. Apoyé la mano en la cerradura, fría, inmóvil. No estaba forzada. Todo parecía intacto. Regresé a la cama intentando convencerme de que era solo mi mente, tensa después de días sin descanso.

Cuando me acomodé, el celular vibró.

Número desconocido.

"No fue la puerta."

Me incorporé de golpe.

¿Qué cosa?

No respondió de inmediato. Pasaron varios segundos. Los suficientes para que mi imaginación se disparara.

"La ventana."

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

No hay nadie aquí.

"Lo sé."

Me levanté otra vez y caminé hacia la sala. La ventana estaba cerrada, pero la cortina se movía ligeramente, como si alguien la hubiera rozado. Me acerqué con cuidado y la aparté apenas.

Nada.

La calle vacía.
Oscura.
Silenciosa.

El celular vibró otra vez.

"¿Ves? Aún no es peligroso."

Aún.

Esa palabra se me quedó clavada.

¿Entonces qué fue el ruido?

Tardó más en responder.

"Una advertencia."

Me apoyé contra la pared, sintiendo cómo las piernas me fallaban.

¿De quién?

Los puntos aparecieron... y desaparecieron.

"De alguien que no sabe esperar."

Cerré los ojos.

¿El hombre del café?

"No."

Entonces, ¿quién?

La respuesta llegó cuando menos la esperaba.

"El que dejó la marca."

Abrí los ojos de inmediato.

¿Qué marca?

No hubo respuesta.

Miré alrededor, de pronto consciente de cada detalle del apartamento. Caminé hasta la puerta principal, encendí la luz del pasillo y miré hacia abajo.

Ahí estaba.

Un pequeño papel doblado, deslizado por debajo de la puerta.

Lo recogí con manos temblorosas. No tenía nombre, ni número, ni nada que lo identificara. Solo una frase escrita con tinta negra, firme.

Deja de contestar.

Sentí un nudo en el estómago.

El celular vibró en mi mano.

"Ahora entiendes."

¿Entender qué?

"Que no todos quieren hablar."

Miré el papel otra vez.

¿Es una amenaza?

Tardó en responder.

"Es una elección."

¿Entre qué?

La respuesta fue inmediata.

"Entre escuchar... o desaparecer."

Me dejé caer en el suelo, con la espalda contra la puerta, apretando el papel contra el pecho.

Esto ya no es solo un chat.

"Nunca lo fue."

Leí esa frase varias veces.

Y por primera vez, sentí algo distinto al miedo.

Sentí que estaba atrapada en una conversación que otros también estaban siguiendo.

Gracias por leer, Curiosos.

¿A quién creen que pertenece la nota: al que escribe... o al que observa en silencio?



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En el texto hay: misterio, haccion

Editado: 26.05.2026

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