Salí de casa sin rumbo.
No quería volver al edificio.
No quería pensar en la mujer.
No quería releer los mensajes.
Pero tampoco podía fingir que nada había pasado.
Me senté en una banca del parque más cercano, mirando a la gente pasar como si todos vivieran en otra versión del mundo, una donde nadie te graba desde una ventana ni te convierte en una variable.
El celular vibró.
No lo saqué.
Volvió a vibrar.
Nada.
A la tercera vez, lo miré.
No era ninguno de los dos.
Número desconocido.
Otro.
Un tercero.
Abrí el mensaje con el pulso apretado.
De verdad creí que ibas a ser más inteligente.
Me quedé helada.
¿Quién eres?
La respuesta no tardó.
La persona que ahora tiene que limpiar tu desastre.
Tragué saliva.
¿De qué hablas?
Del video.
De la mujer.
Del edificio.
Sentí que el estómago se me caía.
Entonces...
¿ustedes son más de dos?
Los puntos aparecieron.
Siempre lo hemos sido.
Miré alrededor, de pronto consciente de que no tenía idea de quién podía estar observándome.
¿Trabajan juntos?
La respuesta fue casi una burla.
No exactamente.
¿Y tú qué quieres de mí?
La respuesta tardó un poco más.
Que no vuelvas a improvisar.
El celular vibró otra vez.
Mensaje nuevo.
Era de él.
"No le respondas."
Y, casi al mismo tiempo, del de las notas.
No confíes en voces nuevas.
Tres advertencias.
Tres intereses.
Yo en el medio.
¿Por qué ahora todos aparecen?
Escribí al tercero.
La respuesta fue seca.
Porque ahora sí eres visible.
Sentí un frío lento recorrerme la espalda.
¿Antes no lo era?
No para nosotros.
Respiré hondo.
¿Para quién sí?
Tardó.
Para él.
No hizo falta aclarar a quién se refería.
Entonces tú también lo conoces.
Demasiado.
Miré el cielo, buscando aire.
¿Es peligroso?
La respuesta fue inmediata.
Para ti... no de la forma en que crees.
Eso no me gustó.
¿Qué significa eso?
El mensaje tardó.
Que tú no eres el objetivo.
Me quedé inmóvil.
Entonces, ¿qué soy?
El mensaje apareció.
Una puerta.
El celular vibró de inmediato.
Él.
"Bloquéalo ahora."
Y enseguida, el de las notas.
No lo escuches.
El tercero escribió:
Demasiado tarde para fingir que no sabes.
Miré la pantalla sin saber qué hacer.
Una puerta.
Y entendí algo que nadie me había dicho en voz alta:
si yo era la puerta...
alguien estaba esperando que se abriera
Editado: 26.05.2026