Nunca debí abrir ese chat

Capítulo 22 - Lo que sí dejé entrar

No volví a acercarme a la puerta.

La dejé ahí, cerrada, como si ignorarla pudiera devolverme algo de control. Como si bastara con no mirar para que dejara de existir.

Pero no funcionaba así.

Nada funcionaba así ya.

Encendí todas las luces del apartamento.

La sala quedó demasiado iluminada.
La cocina parecía más fría.
El pasillo... más largo de lo normal.

Todo estaba igual.

Y aun así, todo se sentía distinto.

No era el lugar.

Era yo.

El celular vibró sobre la mesa.

No lo miré.

Vibró otra vez.

Seguí de pie, inmóvil, con la vista clavada en la pared, como si ignorarlo fuera una forma de recuperar algo de control.

A la tercera vibración, cedí.

Lo tomé.

Número desconocido.

No te va a servir de nada encender todo.

El mensaje era simple.

Pero había algo en él que me hizo tensarme.

Levanté la mirada lentamente.

¿Quién eres?

Los puntos aparecieron sin prisa.

Alguien que ya no necesita esconderse.

Se me erizó la piel.

No por lo que decía.

Sino por cómo lo decía.

Como si no fuera una amenaza.

Como si fuera un hecho.

¿Dónde estás?

La respuesta fue inmediata.

Más cerca de lo que crees.

El impulso fue automático.

Revisar.

Moverme.

Buscar.

Pero me quedé quieta.

Porque había aprendido algo:

no todo lo que buscas quiere ser encontrado.

Y no todo lo que no ves... está lejos.

El celular vibró otra vez.

Otro chat.

No te muevas.

Y enseguida:

Muévete ahora.

Cerré los ojos con fuerza.

Tres voces.

Tres direcciones.

Tres formas de perder.

—No —susurré.

Esta vez no.

No iba a reaccionar.

No iba a obedecer.

Dejé el celular sobre la mesa.

Me crucé de brazos.

Esperé.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Silencio.

Pero no era vacío.

Era espera.

Entonces lo escuché.

Un sonido leve.

No en la puerta.

No en la ventana.

Detrás de mí.

Me giré de golpe.

Nada.

La sala seguía igual.

La cortina quieta.

La televisión apagada.

Mi reflejo oscuro en la pantalla.

Respiré rápido.

Esto no está pasando.

El celular vibró.

Lo está.

No miré la pantalla de inmediato.

No quería.

Pero lo hice.

Mis manos temblaban.

¿Dónde estás?

Los puntos aparecieron lentamente.

Como si disfrutara el tiempo que me hacía esperar.

Te lo dije.

Mi vista recorrió el apartamento otra vez.

Más lento.

Más detallado.

La mesa.
Las sillas.
Las esquinas.
Las sombras que no había notado antes.

Todo en su lugar.

Todo normal.

Y aun así...

no se sentía vacío.

El celular vibró otra vez.

Mensaje nuevo.

Sin número.

Sin historial.

Solo una frase.

No entré ahora.

Se me heló la sangre.

Porque esa frase... cambiaba todo.

¿Entonces cuándo?

Escribí con los dedos tensos.

La respuesta tardó.

Demasiado.

El silencio se volvió insoportable.

El tipo de silencio que te hace escuchar tu propia respiración como si fuera ajena.

Entonces llegó.

Cuando empezaste a responder.

Sentí el golpe.

Directo.

Claro.

Irreversible.

Recordé el primer mensaje.

El primer "hola".

La primera vez que dudé...

y aun así contesté.

¿Eso fue... abrir?

La respuesta apareció.

Eso fue permitir.

Me llevé una mano al pecho.

Porque lo entendí.

No se trataba de la puerta.

Nunca se trató de la puerta.

Se trataba de acceso.

De atención.

De respuesta.

De mí.

El celular vibró otra vez.

Otro mensaje.

No todo entra por donde tú decides.

Mi respiración se volvió más corta.

¿Entonces cómo entraste?

Los puntos aparecieron...
desaparecieron...
volvieron.

Por donde siempre lo haces.

Fruncí el ceño.

¿Dónde?

La respuesta tardó.

Y cuando llegó...

sentí que el mundo se quedaba quieto.

En lo que no sabes controlar.

Miré mis manos.

El celular.

La puerta.

El reflejo en la pantalla.

Y por primera vez desde que todo empezó...

no tuve miedo de lo que estaba afuera.

Tuve miedo de lo que había permitido dentro de mí.

El celular vibró una última vez.

Pantalla negra.

Sin chat.

Sin nombre.

No todo lo que entra... se va.

Me quedé inmóvil.

Sin moverme.

Sin hablar.

Sin pensar siquiera.

Porque ya no era una sospecha.

Era certeza.

Algo había cruzado el límite.

Y no necesitaba abrir ninguna puerta para quedarse.



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En el texto hay: misterio, haccion

Editado: 26.05.2026

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